Un millón de gracías a todos,por estas lindas fotos,
me gustan todas muchisímo.
Abrazos.
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Me gusta jugar con este gato persa de color crema travieso,
con sus patas atrapa mi brazo y escala por él cómo si fuera
el tronco de un árbol,de pronto empieza a darme mordisquitos
que lejos de hacerme daño me hace cosquillas y me produce
risa,entonces él salta al suelo corriendo y desde otra
habitación asoma su cabezita para retarme con su mirada
diciéndome “¡haber si me pillas!”,yo me acerco despacio para
seguír su juego y vuelve a salir corriendo con sus “grmiaú..
grmiaú..” asciende con sus patas a lo largo del marco de la
puerta haciendo gala de su posé orgullosa,para tumbarse de
pronto en el suelo mostrando su tripita y revolcandose para
que yo intente cogerle,pero cómo buen felino provocador
vuelve a salir corriendo,y si no le hago caso empieza a dar
vueltas a mi alrededor para darme con sus patas en las
piernas,es emocionante verle en su incansable juego,que a
mi me divierte tanto cómo a él,es un ejercicio de felicidad.
Escucho la voz de un miembro de la familia que me dice:
“¡pero cómo te quiere este gato!”,a lo que yo respondo
“¡y yo también le quiero!”.
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El presidente más joven de Estados Unidos tenía cuarenta y
tres años cuando subió al poder en 1961.
Se trataba de John Fitzgerald Kennedy.
Gran apasionado de los animales,entre todos los animales que
tuvo como mascotas,hubo uno al que le tomó especial cariño:
Tom Kitten,el gato de la familia.
Cuando Tom Kitten murió,Kennedy se quedó deshecho y mandó
publicar una nota en el Washington Post que decía:
” Contrariamente a los humanos en su posición,Kitten no
escribió sus memorias ni buscó sacar provecho de su
estancia en la Casa Blanca “.
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Gato hermoso y bello que habitas en aquél desolado lugar,
tu presencía es la esperanza de este paisaje,tus patitas
alcanzarán el horizonte.
He visto en tus ojos bondad,y con ello me dio cuenta de las
carencias que tiene la humanidad.
Me siento triste porque alguién ha criticado mi actitud
contigo.
Mientras mis pies me lleven y pueda abrazar a un ángel
allí me veras gatito.
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Siete meses con sus noches y sus días permanecí en la casa
de mi hermana cuando la gatita ya no volvería.
Aquella casa estaba llena de sus recuerdos,mi habitación erá
también la suya pues allí estaban sus cosas:su camita,sus
mantitas,sus juguetes,erá la habitación de la casa que más
le gustaba y ella dormía conmigo,en aquél escritorio que
encima tenía su camita,yo le había confeccionado como un
sillón pequeño cerca de la ventana,para que ella pudiera
contemplar los pájaros de la mañana y en la noche las luces
de las casas las miraba embelesada y cuándo había luna llena
recuerdo su mirada hacía aquella luminosa esfera que seguro
le hacia soñar con mundos de fantasía.
Solía estar casi siempre a mi lado cuándo yo recogía la
cocina y vaciaba y llenaba el lavavajillas y me daba toques
con sus patitas cómo si quisiera ayudarme,y cuándo yo
limpiaba el suelo le colocaba su sillita de anea para que
se subiera y allí sentada me observaba,yo no quería que se
mojara sus patitas.
Cuándo me ausentaba de la casa,siempre me esperaba encima
del escritorio,yo cuando entraba por la puerta preguntaba
por la gatita “¿dónde esta la Kuini?”,aunqué yo sabía
dónde estaba y alli acudía y la llenaba de besos su cabezita
diciéndola palabras lindas y ella remolona y perezosa se
dejaba acariciar y cómo buen gato cuándo mis zalamerias ya
la cansaban me gruñia y salía corriendo,erá su forma de
invitarme a jugar.
He vivido en su ausencía las noches y días más tristes de
mi vída,ante tanta pena solo me quedaba rezar y pedír
perdón para no molestar su descanso eterno por mi dolor.
Porque allá dónde esté quiero que sea féliz y que me la
cuiden cómo yo tanto la cuidé,y solo me queda la esperanza
de volverla a encontrar en ese lugar dónde se encuentran de
nuevo los que se amaron de verdad.
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