de foro contrario a nuestra opinión; a sentir celos, porque quien creíamos nuestr@ enamorad@, le “tiraba los tejos” a nuestro parecer, a la forera de al lado…., a juntarnos para charlar en una cafetería virtual…. y así podríamos seguir con la lista.
En definitiva, a lograr sentirnos menos sol@s en este mundo que se acuerda poco de las personas mayores.
Pero al cerrar la pantalla del ordenador, la soledad vuelve a revolotear a nuestro alrededor, porque al fin y al cabo, la compañía significa: contacto humano, sentir alguien que respire a tu lado, una mano entre otra, un abrazo, dos cuerpos juntos amándose, una caricia…. Y eso Internet no lo puede dar, aún cuando pueda verse a la otra persona por la cámara en directo. Algun@s dieron el salto y traspasaron las pantallas para conocerse en persona, (las quedadas), pero no siempre dieron resultados, rompiéndose amistades virtuales que parecían muy consolidadas.
Es importante todo este mundo virtual para seguir adelante sin sentir que estamos tan sol@s; pero a mi entender, es más importante no perder el contacto con nuestra realidad diaria, y hacer un pequeño esfuerzo para paliar también, esa soledad, con la gente de nuestro alrededor.Creo que, si diéramos tanto como a veces damos por este medio, quizá nos sorprendamos de la respuesta.
Nicol
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Las nuevas tecnologías nos han abierto a los mayores una posibilidad de comunicarnos que antiguamente no tenían l@s que llegaban a una edad avanzada.
Tenemos internet, una herramienta que nos da la posibilidad de conocer a muchas personas en la misma o parecida situación que nosotr@. La mayoría, hemos aprendido a manejar este aparatito, el ordenador. Un@s porque tuvieron que “reciclarse” en su trabajo; otr@s, porque al marchar los hij@s de casa, creyeron encontrar una forma de comunicarse con ell@s, viéndoles además a través de la pantalla. El caso es, que tanto un@s como otr@s, al final acabamos utilizándolo para lo mismo, comunicarnos.
Se abrieron páginas especiales para mayores, como ésta misma, y empezamos a chatear (todavía me cuesta), a escribir en foros; a dar nuestras opiniones sobre los temas mas variados a personas que ni siquiera conocíamos; a tener amig@ nuevos a quienes contábamos nuestras cuitas o alegrías o nuestros sentimientos más íntimos, a veces con la agradable sensación de que nos entendían mejor que nuestras personas más cercanas; a enamorarnos y sentir de nuevo una ilusión que ya creíamos perdida; a enfadarnos con el compañero
sigue…….
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Llueve, y por los cristales chorreando de agua veo el parque. Parque de otoño, con la glorieta desierta, y sobre el suelo, un manto de hojas secas. Los árboles, llorosos, exhiben sus tonos amarillos, marrones, rojos…y los patos del estanque han buscado refugio en su caseta.
Nostalgia….
Desde mi ventana, veo algún que otro viandante que lo cruza presuroso, bien pertrechado de gabardina y paraguas, o con el sombrero calado hasta las cejas. El tranvía, lleno a rebosar, se desliza mansamente entre la lluvia; es la única prueba de que la actividad no se ha detenido del todo en la ciudad.
Balanceo suavemente mi mecedora, y pienso…
Pienso en la rueda de la vida… primavera.. verano… otoño… invierno… Todos pasamos por estas etapas. Yo entré ya en el otoño, y no me siento mal aquí. Tengo nostalgias, recuerdos de lo que fue mi primavera y mi verano; pero también tengo días en los que el sol brilla aún con fuerza y calienta este cuerpo que ya no tiene la lozanía de los veinte años, pero que aún así, es capaz de renacer con una fresca lluvia de otoño.
Nicol
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“La vida fluye como los ríos y nadie puede bañarse dos veces en la misma agua”
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El tiempo “huele a otoño”, como dice la pregunta del hoy….
Y no solo huele. Aquí, en el jardín, el otoño parece que se instala.
El día gris, las hojas secas de los árboles, por las últimas ventoleras sureñas, y la resaca de un sábado festivo, me hacen sentirme nostálgica y… cansada.
Cansada, porque está claro que la edad no perdona, y cuando una quiere divertirse como cuando tenía cuarenta años, el cuerpo se rebela contra ti y dice que….¡NO…!
Y te duelen los pies, y la cintura, y las caderas, y las piernas….. y hasta el pelo….
Aunque pienso para mis “adentros” ¡Que me quiten lo bailao…! (y nunca mejor dicho, pues la fiesta fue una boda)
Así es que, aquí estoy, del sillón al sofá…. y del sofá a la cama… reponiendo fuerzas para mañana lunes, que tengo que trabajar.
Y lo cuento, porque así parece que me “duele menos”…..
Desde mi nostálgica tarde de domingo, un abrazo para tod@s.
Nicol
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que a ratos se iluminaba con esa luz espectral de los relámpagos.
Bajé los tres escalones del porche que me separaban del jardín, y con los brazos abiertos empecé a dar vueltas como una peonza, con la cara vuelta hacia arriba, dejando que el agua me empapara y arrastrase con ella todo ese calor acumulado durante el día.
Después de un rato, me senté en una de las escaleras y miré la lluvia caer, ahora con menos furia, más lentamente, empapando la tierra, regalándome el aroma fresco de la lluvia de verano.
La tormenta se fue alejando y de nuevo el sol de la tarde apareció tímidamente tras las nubes, iluminando el jardín que ahora relucía vivo, con millares de gotitas de agua donde se reflejaban innumerables arocoiris.
Yo también había revivido, y mi sopor se había esfumado. Ahora fresca, me cambié la ropa empapada por otra seca y me dispuse a disfrutar de la lectura de mi libro preferido. Con mi gata en el regazo y un café con hielo, me senté junto a la buganvilla esperando la llegada de la noche.
Nicol
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El sofocante calor entraba por las ventanas abiertas de par en par. Ni siquiera la humedad del jardín refrescaba el ambiente, antes al contrario, hacía más irrespirable el aire caliente.
Bajo el porche, recostada en la tumbona, el sopor de la tarde me envolvía haciéndome dormitar a ratos, mientras de todos los poros de mi piel brotaban pequeñas gotas de sudor que iban resbalando lentamente hasta caer al suelo.
No pensaba en nada, no sentía nada, solamente me dejaba ir en ese ensueño abrasador, mientras esperaba la llegada de la tormenta que invariablemente aparecía todos los días, cuando el cuerpo y el alma casi amenazaban con derretirse.
En el horizonte aparecieron los primeros rayos y los truenos, todavía lejanos retumbaron en mis oídos. Unos enormes nubarrones negros, avanzaban rápidamente y un ligero soplo de aire dio a mis pulmones un respiro.
Ya está aquí, me oí murmurar, y me preparé para recibirla.
No solo yo, también la naturaleza que me rodeaba, olía el agua, mi gata que hasta entonces había estado tumbada como yo, levantó las orejas y husmeó el ambiente. Se sentía la lluvia, la fresca lluvia que nos iba a sacar del largo letargo en que estábamos sumergidas.
Los truenos y los relámpagos se fueron acercando y grandes goterones de agua empezaron a caer sobre el jardín. Primero lentamente, después con fuerza, con furia, mientras el viento arreciaba y mis oídos ensordecían por el retumbar del cielo
sigue….
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Pájaros perdidos de verano vienen a mi ventana, cantan,
y se van volando.
Y hojas amarillas de otoño, que no saben cantar,
aletean y caen en ella, en un suspiro.
Vagabundillos del universo, tropel de seres pequeñitos,
¡dejad la huella de vuestros pies en mis palabras!
Tagore
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le diera nada a cambio al pequeño Hans, aunque tenía cien sacos de harina almacenados en su molino, seis vacas lecheras y un gran rebaño de ovejas; pero Hans nunca se preocupó de estas cosas y nada le daba un placer tan grande como el escuchar todas las maravillosas palabras que el molinero acostumbraba decir sobre el desinterés de la amistad verdadera.
Esto es un trozo de un cuento de Oscar Wilde que me pareció muy interesante.
Os dejo el Link por si queréis leerlo entero. Merece la pena.
Nicol
http://aqueos.wordpress.com/cuentos/un-amigo-fiel-oscar-wilde/
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Érase una vez un hombre muy honrado llamado Hans.
Vivía en una pequeña casita y todos los días trabajaba en su jardín. En toda aquella parte del país no había un jardín tan bello como el suyo. Allí crecían alhelíes, claveles y rosas de Francia. Había rosas de Damasco, rosas amarillas, azafranes lilas y oro y violetas blancas y purpúreas. Las mejoranas, velloritas, agavanzos, narcisos y claveros se sucedían según los meses, y una flor sustituía a la otra, así que siempre había algo bello que mirar y algún agradable aroma que oler.
El pequeño Hans tenía muchos amigos, pero el más fiel de todos era el obeso Hugo, el molinero. Realmente, tan fiel era el rico molinero con el pequeño Hans, que nunca atravesaba su jardín sin inclinarse sobre las plantas y recoger un gran ramo de flores o verduras, o llenar sus bolsillos de cerezas o ciruelas, si era la época de la fruta.
Los verdaderos amigos deben compartirlo todo –solía decir el molinero–; y el pequeño Hans asentía sonriendo y se sentía muy orgulloso de tener un amigo con ideas tan nobles. Sin embargo, algunas veces los vecinos pensaban que era muy extraño que el rico molinero nunca
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He extrañado este jardin, mi jardin mágico.
He cuidado el que tengo frente a mi casa, durante todo este tiempo, y ahora, con el verano, está pletórico de flores y vegetación. Pero éste se encuentra adormecido, perdido en la bruma del olvido, en ese limbo que precede al sueño y que desdibuja los contornos de las cosas, como algo irreal.
Aunque no olvido que es mágico y que puede renacer en un abrir y cerrar de ojos y convertirse en el más fantástico jardín que un@ se pueda imaginar. Os invito a participar para lograrlo.
Saludos
Nicol
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Aqui estoy de nuevo, lastana. Gracias por subir este foro arriba.
Besitos
Nicol
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Las flores que cultivamos no necesitan abonos ni pesticidad ni fertilizantes…………solo una sonrisa y agua
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Se me ocurrió darme una vuelta por el jardín y veo que la primavera ha hecho su trabajo.
Los arriates necesitan algo de limpieza, pues aunque algunas de las flores plantadas el año pasado han renacido, están rodeadas de hierba al igual que los caminos.
Un par de días para ponerlo a punto y brillará con todo su esplendor.
Pero pensándolo bien, no voy a desdeñar las pequeñas florecillas silvestres que asoman sus cabezas por entre esa hierba compitiendo con sus variados colores: amarillos, azules, blancos, naranjas…. No por ser silvestres y nacer a su libre albedrío, restan belleza al conjunto. Fieles al ciclo de la vida, sin que nadie intervenga, en su plantación, nos ofrecen, año tras año, su efímera bellez., La primavera hace que la vida toda renazca tras el descanso invernal.
La Naturaleza no necesita de la mano del hombre para repetir su eterno ciclo.
Nicol
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