De la comunicación depende, muchas veces, la felicidad o la desgracia, la paz o la guerra. Que la verdad debe ser dicha en cualquier situación, no cabe duda, mas la forma con que debe ser comunicada es lo que provoca en algunos casos, grandes problemas.
La verdad puede compararse con una piedra preciosa. Si la lanzamos contra el rostro de alguien, puede herir, pero si la envolvemos en un delicado embalaje y la ofrecemos con ternura, ciertamente será aceptada con agrado
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Somos como el segundo hombre que no lo puede dejar ir. Queremos hacerles saber el dolor que todavía sentimos por algo que ellos hicieron en el pasado. Cada vez que podemos se los tratamos de recordar
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Un día dos hombres iban caminando por el campo. Iban camino a otro pueblo para ayudar a traer la cosecha. Mientras caminaban, espiaron a una mujer que estaba sentada en la orilla del río. Ella estaba enojada porque no había un puente, y ella no podía cruzar al otro lado. El primer hombre ofreció amablemente, “Si quieres te podemos cargar hasta el otro lado del río” “Gracias” contestó ella, aceptando su ayuda. Así que los dos hombres juntaron sus manos, la levantaron entre los dos y la cargaron hasta el otro lado del río. Cuando llegaron al otro lado, la bajaron y ella siguió su camino.
Después de que los hombres caminaron otro tramo, el segundo hombre empezó a quejarse. “Mira mi ropa,” dijo, “Esta toda sucia por haber cruzado a esa mujer por el río. Y mi espalda todavía me duele por haberla cargado. Siento que se me esta acalambrando.” El primer hombre simplemente sonrió y asintió con su cabeza.
Un poco más adelante, el segundo hombre se quejó otra vez, “Mi espalda me duele tanto, y todo es porque tuvimos que cargar a esa loca mujer para cruzar el río. No puedo seguir adelante por el dolor.” El primer hombre miró a su compañero, que ya estaba tirado en el suelo quejándose y le dijo “¿Te has preguntado porqué yo no me estoy quejando?” “Tu espalda te duele porque todavía estás cargando a la mujer. Pero yo ya la bajé varios metros atrás.”
Así es como somos muchos de nosotros cuando tratamos con nuestras familias.
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En lo poco has sido fiel, en lo mucho te pondré…”, son palabras pronunciadas por el Señor Jesucristo, que se harán realidad en tu vida. Mateo 25:21
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El error más grande lo cometes cuando, por temor a equivocarte, te equivocas dejando de arriesgar en el viaje hacia tus objetivos.
No se equivoca el río cuando, al encontrar una montaña en su camino, retrocede para seguir avanzando hacia el mar; se equivoca el agua que por temor a equivocarse, se estanca y se pudre en la laguna.
No se equivoca la semilla cuando muere en el surco para hacerse planta; se equivoca la que por no morir bajo la tierra, renuncia a la vida.
No se equivoca el hombre que ensaya distintos caminos para alcanzar sus metas, se equivoca aquel que por temor a equivocarse no acciona.
No se equivoca el pájaro que ensayando el primer vuelo cae al suelo, se equivoca aquel que por temor a caerse renuncia a volar permaneciendo en el nido.
Pienso que se equivocan aquellos que no aceptan que ser hombre es buscarse a sí mismo cada día, sin encontrarse nunca plenamente. Creo que al final del camino no te premiarán por lo que encuentres, sino por aquello que hayas buscado honestamente
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Había dos piedrecillas que vivían en medio de otras en el lecho de un torrente. Se distinguían entre todas porque eran de un intenso color azul. Cuando les llegaba el sol, brillaban como dos pedacitos de cielo caídos al agua.
Ellas conversaban en lo que serían cuando alguien las descubriera: “Acabaremos en la corona de una reina” se decían. Un día por fin fueron recogidas por una mano humana. Varios días estuvieron sofocándose en diversas cajas, hasta que alguien las tomo y oprimió contra una pared, igual que otras, introduciéndolas en un lecho de cemento pegajoso, lloraron, suplicaron, insultaron, amenazaron, pero dos golpes de martillo las hundieron todavía más en aquel cemento. A partir de entonces sólo pensaban en huir. Trabaron amistad con un hilo de agua que de cuando en cuando corría por encima de ellas y le decían: “Fíltrate por debajo de nosotras y arráncanos de está maldita pared”.
Así lo hizo el hilo de agua y al cabo de unos meses las piedrecillas ya bailaban un poco en su lecho. Finalmente en una noche húmeda las dos piedrecillas cayeron al suelo y yaciendo por tierra echaron una mirada a lo que había sido su prisión.
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La luz de la luna iluminaba un espléndido mosaico. Miles de piedrecillas de oro y de colores formaban la figura de Cristo. Pero en el rostro del Señor había algo raro, estaba ciego. Sus ojos carecían de pupilas. Las dos piedrecillas comprendieron. Eran ellas las pupilas de Cristo. Por la mañana el guardián distraído tropezó con algo extraño en el suelo. En la penumbra pasó la escoba y las echó al cubo de basura.
Somos piedrecillas en un mosaico. ¿Cuál es tu función en el mosaico donde estás?
Cristo tiene un plan maravilloso para cada uno de nosotros. Él tiene un lugar, en este mundo, para ti, donde puedes disfrutar de la bienaventuranza de ser útil en Su obra. ¿No entiendes por qué estás donde estás? Pregúntale a Él “para qué” estás ahí. No preguntes “por qué”, sino “para qué.” .Verás que donde sea que estés, encontrarás la satisfacción que trae hacer la voluntad de Dios.
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Ya estoy cansada de ser fría y de correr río abajo. Dicen que soy necesaria. Pero yo preferiría ser hermosa, encender entusiasmos, encender el corazón de los enamorados y ser roja y cálida. Dicen que yo purifico lo que toco, pero más fuerza purificadora tiene el fuego. Quisiera ser fuego y llama”.
Así pensaba en septiembre el agua de río de la montaña. Y, como quería ser fuego, decidió escribir una carta a Dios para pedir que cambiara su identidad.
Querido Dios: Tú me hiciste agua. Pero quiero decirte con todo respeto que me he cansado de ser transparente. Prefiero el color rojo para mí. Desearía ser fuego. ¿Puede ser? Tú mismo, Señor, te identificaste con la zarza ardiente y dijiste que habías venido a poner fuego a la tierra. No recuerdo que nunca te compararas con el agua. Por eso, creo que comprenderás mi deseo. No es un simple capricho. Yo necesito este cambio para mi realización personal….”.
El agua salía todas las mañanas a su orilla para ver si llegaba la respuesta de Dios. Una tarde pasó una lancha muy blanca y dejó caer al agua un sobre muy rojo.
El agua lo abrió y leyó: “Querida hija: me apresuro a contestar tu carta. Parece que te has cansado de ser agua. Yo lo siento mucho porque no eres una agua cualquiera. Tu abuela fue la que me bautizó en el Jordán, y yo te tenía destinada a caer sobre la cabeza de muchos niños. Tú preparas el camino del fuego. Mi Espíritu no baja a nadie que no haya sido lavado por ti. El agua siempre es primero que el fuego…
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Mientras el agua estaba embobada leyendo la carta, Dios bajó a su lado y la contempló en silencio. El agua se miró a sí misma y vio el rostro de Dios reflejado en ella. Y Dios seguía sonriendo esperando una respuesta.
El agua comprendió que el privilegio de reflejar el rostro de Dios sólo lo tiene el agua limpia…. Suspiró y dijo: “Sí, Señor, seguiré siendo agua. Seguiré siendo tu espejo. Gracias
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Tiene que otorgar puros 10s. ¿No es ese el mejor negocio que te puedas imaginar? Dios ve el esfuerzo de Cristo… ¡y te da a ti la medalla de oro!
Entonces prácticamente significa esto: nosotros ofrecemos nuestro trabajo escolar, nuestros esfuerzos en el empleo, nuestros intentos de hacer lo correcto y lo bueno para nuestro Padre como arte. Y lo hacemos sabiendo que si lo hemos hecho para agradarle, cuando lleguemos al hogar celestial vamos a encontrar esos apreciados esfuerzos exhibidos en el refrigerador de Dios. El orgulloso Padre nos tomará de la mano, nos llevará a la puerta del refrigerador, y dirá: ¡Mira! Nuestro arte será de una belleza magnífica. Y nosotros exclamaremos: ¿Yo hice eso? El mirando a Jesús y sabiendo lo que pasó contestará: ¡Por supuesto que sí, hijo! ¡Bien hecho! -
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Si tu mamá no lo hizo, tal vez tu abuela sí: exhibir orgullosamente en su refrigerador los dibujos que hacías en la escuela primaria o en la escuela dominical. No importaba si no eran «artísticos». Eran un tesoro porque te amaba y porque los habías hecho para ella. Tus subsdesarolladas habilidades no habían producido nada digno de mención hasta ese momento, pero ella vio el propósito de tu corazón y tuvo la sabiduría de comprender que todo lo que necesitabas era tiempo y práctica para perfeccionar tu talento inexperto. Su orgullo y su aliento te estimulaban.
No debemos olvidar que Dios es así. De todas las analogías de Dios, probablemente la del padre amoroso sea la mejor. Dios no es un capataz de esclavos, ni un supervisor cruel, ni un perfeccionista exagerado listo para patearte donde te sientas si no lo haces todo exactamente bien.
Ahora bien, no me entiendas mal. Dios espera nuestros mejores esfuerzos y desea perfección. Pero su exigencia de perfección se satisfizo solamente una vez: con su primogénito Hijo Jesucristo. Debido a su muerte, sepultura y resurrección, Dios ve a todos los creyentes a través del desempeño impecable y el sacrificio de Cristo. Nuestros esfuerzos defectuosos e inmaduros para hacer lo que Dios requiere son hermosos a Sus ojos porque hemos aclarado que Jesús es nuestro apoderado, el que nos representa. Es como si nosotros patináramos pero el juez sólo viera a Jesús. Tiene que otorgar puros 10s.
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Fui al Hospital del Señor, a hacerme una revisión de rutina, y comprobé que estaba enfermo.
Cuando Jesús me tomó la presión vio que estaba baja de ternura. Al medirme la temperatura el termómetro registró 40 grados de egoísmo.
Hizo un electrocardiograma y el diagnostico fue que necesitaba varios “by-pases” de amor porque mis venas estaban bloqueadas y no abastecían mi corazón vacío.
Pasé hacia ortopedia: no podía caminar al lado de mi hermano, y tampoco podía abrazarlo porque me había fracturado al tropezar con mi vanidad.
También me encontraron miopía, ya que no podía ver más allá de las apariencias.
Cuando me quejé de sordera Jesús me diagnosticó quedarme solo en las palabras vacías de cada día.
GRACIAS SEÑOR,
Porque las consultas son gratuitas, por tu gran misericordia
Prometo al salir de aquí usar solamente los remedios naturales que recetas en el Evangelio…
Al levantarme tomare un vaso de AGRADECIMIENTO
Al llegar al trabajo, una cucharada sopera de BUEN DÍA
Cada hora un comprimido de PACIENCIA, y una copa de HUMILDAD.
Al llegar a casa, SEÑOR, voy a tener diariamente una inyección de AMOR, y al irme a acostar: dos cápsulas de CONCIENCIA TRANQUILA.
GRACIAS SEÑOR!
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Una rana se preguntaba cómo podía alejarse del clima frío del invierno. Unos gansos le sugirieron que emigrara con ellos. Pero el problema era que la rana no sabía volar.
Déjenmelo a mí -dijo la rana-. Tengo un cerebro espléndido”.
Luego pidió a dos gansos que la ayudaran a recoger una caña fuerte, cada uno sosteniéndola por un extremo. La rana pensaba sujetarse a la caña con su boca.
A su debido tiempo, los gansos y la rana comenzaron su travesía. Al poco rato pasaron por una pequeña ciudad, y los habitantes de allí salieron para ver el inusitado espectáculo. Alguien preguntó: “¿A quién se le ocurrió tan brillante idea?”
Esto hizo que la rana se sintiera tan orgullosa y con tal sentido de importancia, que exclamó: “¡A míí ííí!”-desprendiéndose de la caña.
Su orgullo fue su ruina, porque al momento en que abrió la boca cayó al vacío, y murió.
Hay ocasiones en que la falta de humildad o el exceso de orgullo, pueden echar abajo los planes más excelentes.
Una de las más grandes enseñanzas de Jesús fue la humildad, bastante perdida en estos tiempos.
Dale gracias a Dios por tus éxitos, pero recuerda que TODO lo que tienes te lo ha dado Dios, quién nunca te olvida y siempre te espera.
Nunca te jactes de las cosas que tienes o sabes, pues otros saben de otras cosas que tú ni siquiera imaginas.
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Por la gracia que se me ha dado, les digo a todos ustedes: Nadie tenga un concepto de sí más alto que el que debe tener, sino más bien piense de sí mismo con moderación, según la medida de fe que Dios le haya dado” (Romanos 12:3)
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Ese es Dios que te llama a seguirle. No esperes más, búscalo hoy mismo y empieza a ser pleno llenando ese espacio que solamente ÉL puede llenar en tu vida. Y serás entonces totalmente pleno.
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