Siempre había habido en el planeta del principito flores muy simples adornadas con una sola fila de pétalos que apenas ocupaban sitio y a nadie molestaban. Aparecían entre la hierba una mañana y por la tarde se extinguían. Pero aquella había germinado un día de una semilla llegada de quién sabe dónde, y el principito había vigilado cuidadosamente desde el primer día aquella ramita tan diferente de las que él conocía. Podía ser una nueva especie de Baobab. Pero el arbusto cesó pronto de crecer y comenzó a echar su flor. El principito observó el crecimiento de un enorme capullo y tenía le convencimiento de que habría de salir de allí una aparición milagrosa; pero la flor no acababa de preparar su belleza al abrigo de su envoltura verde. Elegía con cuidado sus colores, se vestía lentamente y se ajustaba uno a uno sus pétalos. No quería salir ya ajada como las amapolas; quería aparecer en todo el esplendor de su belleza. ¡Ah, era muy coqueta aquella flor! Su misteriosa preparación duraba días y días. Hasta que una mañana, precisamente al salir el sol se mostró espléndida.
La flor, que había trabajado con tanta precisión, dijo bostezando:
Ah, perdóname… apenas acabo de despertarme… estoy toda despeinada…!
El principito no pudo contener su admiración
Qué hermosa eres!
Verdad? -respondió dulcemente la flor-. He nacido al mismo tiempo que el sol. El principito adivinó exactamente que ella no era muy modesta ciertamente, pero ¡era tan conmovedora!
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Soy vecino de este mundo por un rato
Y hoy coincide que también tú estás aquí
Coincidencias tan extrañas de la vida
Tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio…
Y coincidir
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El ángel le contestó: “Si, te lo prometo, pero tú también tienes que prometerme algo, prometerme que te vas acordar de que esto es sólo un juego”.
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Había un poeta que decía (no recuerdo quien, ni recuerdo bien su poesía.)
Deseo paz a los hombres de mal, Paz a los que promueven la guerra, Paz para los que matan etc…
Porque los hombres de bien ya viven en paz con ellos mismos y con los demás.
También hay un cuento bello que decía así:
Erase una vez un pequeño ángel que vivía en el cielo. El sabía que era Dios, sabía que era la luz y sabía que lo único que existía era el Amor. Un día estaba caminando por el cielo y escuchó otros angelitos hablando sobre el dolor y el miedo. Les preguntó: “¿Qué es eso llamado dolor? nadie podría hacerme daño pues yo soy Dios, yo soy la luz. Y ¿qué es eso llamado miedo? ¿a que podría yo temerle si lo único que existe es el Amor?”.
Lo otros angelitos le dijeron: “Si, si, lo sabemos, lo sabemos, es un juego.” El angelito exclamó dando brincos de emoción: “¿Un Juego? ¡Me encantan los juegos! quiero jugar, quiero jugar”. Los otros ángeles respondieron: “Espera un minuto, no es tan fácil. Primero, tienes que bajar a la tierra y tienes que encontrar alguien que quiera jugar contigo, alguien que quiera herirte y asustarte profundamente” . El angelito dijo: “¡Uy, qué maravilla! ¿quién quiere jugar conmigo y herirme intensamente y asustarme mucho? ¿Quién me ama tanto?” Otro angelito se acerco y dijo: “Yo juego contigo”. Y el pequeño ángel preguntó “¿De veras? ¿prometes herirme mucho y asustarme mucho? ¿Tanto me amas?”
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Creo y quiero creer que cuando una persona hace daño a otra sus actos no son guiados por la maldad, simplemente son guiados por la ignorancia.
Creo y quiero creer, que no existen personas buenas o malas, sólo seres que tienen conocimiento o seres que viven en la ignorancia.
Que esas personas (para mi) mal llamadas malas, a veces se encuentran en situaciones de la vida que no tienen el conocimiento necesario para actúar de acuerdo a las leyes de la vida o las leyes de la madre tierra o las leyes del alma, pero no lo realizan por el simple hecho de la maldad (aunque aparentemente si parece, pero si profundizamos nos daremos cuenta que simplemente es la ignorancia la que le guía a realizarlo.
Además añadiría que cuando una persona nos hace mal, es la vida que le guía para que aprendamos eso que nos falta aprender para evolucionar, dificil papel el que le toca realizar ayudándonos a cumplir con nuestro destino
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Entonces todos comprendieron que lo que nos mantiene firmes en los momentos
difíciles, no son las apariencias, sino lo que está oculto en las raíces,
dentro de tu corazón… allí… en tu alma…Y es : EL AMOR!…
Soy vecino de este mundo por un ratoY hoy coincide que
también tú estás aquí Coincidencias tan extrañas de la vidaTantos siglos,
tantos mundos, tanto espacio…Y coincidir
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Cerca de un arroyo de aguas frescas, había un pequeño bosque.
Los árboles eran muy variados.
Todos gastaban las energías en ser más altos y grandes, con muchas flores y
perfumes, pero quedaban débiles y tenían poca fuerza para echar raíz.
En cambio un laurel dijo: “Yo, mejor voy a invertir mi savia en tener una
buena raíz: así creceré y podré dar mis hojas a todos los que me
necesiten”.
Los otros árboles estaban muy orgullosos de ser bellos; ¡en ningún lado
había tantos colores y perfumes! Y no dejaban de admirarse y de hablar de
los encantos de unos y otros, y así, todo el tiempo, mirándose y riéndose
de los demás.
El laurel sufría a cada instante esas burlas.
Se reían de él, presumiendo sus flores y perfumes, meneando el abundante
follaje.-”¡Laurel !…(le decían) ¿para qué quieres tanta raíz?
Mira, a nosotros todos nos alaban porque tenemos poca raíz y mucha belleza.
¡Deja de pensar en los demás! ¡Preocúpate sólo de ti!”
Pero el laurel estaba convencido de lo contrario; deseaba amar a los demás
y por eso tenía raíces fuertes.
Un buen día, vino una gran tormenta, y sacudió, sopló y resopló sobre el
bosque. Los árboles más grandes, que tenían un ramaje inmenso, se vieron
tan fuertemente golpeados, que por más que gritaban no pudieron evitar que
el viento los volteara.
En cambio el pequeño laurel, como tenía pocas ramas y mucha raíz, apenas si perdió unas cuantas hojas.
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Aprende del agua porque el agua es humilde
y generosa con cualquiera, aprende del agua que toma
la forma de lo que la abriga: en el mar es ancha,
angosta y rápida en el río, apretada en la copa,
sin embargo, siendo blanda, labra la piedra dura.
Aprende del agua que por graciosa se te escurre entre
tus dedos, tan graciosa como la espiga que se somete
a los caprichos del viento y se dobla hasta tocar con
su punta la tierra, pero pasado el viento la espiga
recupera su erguida postura, mientras el roble, que
por duro no se doblega, es quebrado por el viento.
Se blando como el agua para que el Señor pueda
moverte graciosamente en cumplimiento de tu destino,
y serás eterno como EL, porque sólo el que se
deja trascender por lo trascendental será trascendente
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Hijo mío, realiza tus obras con modestia
y serás amado por los que agradan a Dios.
Cuanto más grande seas, más humilde debes ser,
y así obtendrás el favor del Señor,
porque el poder del Señor es grande
y Él es glorificado por los humildes.
No hay remedio para el mal del orgulloso,
porque una planta maligna ha echado raíces en él.
El corazón inteligente medita los proverbios
y el sabio desea tener un oído atento.
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Aprendí que el hombre
encadena al hombre.
Aprendí que Dios es infinito amor.
Aprendí que la tierra
es un Ser que llora y siente.
Aprendí que la vida
se desarrolla en este plano
y otros simultáneamente
Aprendí que las almas desencarnadas
necesitan de mi oración.
Aprendí que la muerte no existe.
Aprendí que debo cuidar
mis tres planos para evolucionar
Aprendí que tengo una misión
en parte cumplida.
Aprendí a respetar a mis semejantes.
Aprendí a prestar mi hombro
al que lo necesite.
Aprendí que los deseos impulsan,
pero no debo permitir que me aten.
Aprendí que no debo perder el tiempo
en lograr satisfacciones materiales.
Aprendí que no puedo hacer nada
por nadie si no lo desea.
Aprendí que las almas
deben despojarse de sus deseos para crecer.
Aprendí como el ego me tienta
para dejar el camino.
Aprendí a ver el alma
en los ojos de los demás.
Aprendí a reprimir el llanto
para consolar a los demás.
Aprendí que el camino es fácil
cuando vas de la mano de tu alma semejante.
Aprendí a decir TE AMO
Aprendí que mi rostro
es el reflejo de mi alma.
Aprendí a reconocerme
como culpable de mi karma.
Aprendí a mantener la calma
en momentos difíciles.
Aprendí que nada es por casualidad.
Aprendí a dar lo máximo
de mí en el trabajo
Aprendí a volar al espacio infinito.
Aprendí que el AMOR DIVINO
es el único que te da la paz
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Aprendí que todos los conocimientos
tienen una finalidad.
Aprendí que la abundancia económica
no es abundancia espiritual.
Aprendí que la vida de los otros,
no es la mía.
Aprendí que callar en ocasiones
es mejor que parlotear.
Aprendí que la tolerancia
es aceptar aquello que más me disgusta.
Aprendí que la paciencia
es la única que permite alcanzar las metas.
Aprendí que detrás de un suceso
hay una acción.
Aprendí que todos somos iguales
y aprendí a sentirlo así.
Aprendí que no debemos juzgar,
para no ser juzgados.
Aprendí que los niños
son el camino de la felicidad.
Aprendí que los hijos
no son míos, son del mundo.
Aprendí a desatar
mis lazos familiares.
Aprendí que las almas son
las que reinarán en la próxima etapa de la tierra.
Aprendí a reconocer el verdadero amor.
Aprendí a llorar por los otros y no por mi.
Aprendí que no debemos temer,
si estamos en Gracia.
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La buena conciencia sirve de almohada.
John Ray
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Somos el encuentro clandestino
si charlamos todo oído
y en el beso todo piel
Somos un cafe y un cenicero
en el bar que ya sabemos
y a la misma hora que ayer
Somos unas rosas y algún libro
y el poema que hoy te escribo
en un trozo de papel
Somos un amor de fugitivos
sin que sepa tu marido
ni se entere mi mujer
Nosotros somos un amor pirata
un gran amor que sabe a miel y huele a trampa
nosotros somos un amor en fuga,
en equilibrio por el filo de las culpas
Los dos sabemos que este amor frágil y tierno
puede llevarnos de cabeza al mismo infierno
y aunque los dos estemos condenados.
si de algo hay que morir
quiero morir de amor
pero a tu lado
Somos el destino, así lo quiso
y un puñado de argumentos
justificando por que
Somos la mejor de tus amigas
que se mete en nuestras vidas
por mi mal y por tu bien
somos una cena que he mentido
por quiero estar contigo
hoy que puedes tu también
somos por el suelo tu vestido
y la luz de un cigarrillo
dibujándonos la piel
Nosotros somos un amor pirata
un gran amor que sabe a miel y huele a trampa
nosotros somos un amor en fuga,
en equilibrio por el filo de las culpas
Los dos sabemos que este amor frágil y tierno
puede llevarnos de cabeza al mismo infierno
y aunque los dos estemos condenados
si de algo hay que morir
quiero morir de amor
pero a tu lado
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Nosotros somos un amor pirata
un gran amor que sabe a miel y huele a trampa
nosotros somos un amor en fuga,
en equilibrio por el filo de las culpas
Nosotros somos un amor pirata
pirata… pirata…
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No hay nada repartido de modo más equitativo que la razón:
todo el mundo está convencido de tener suficiente.
René Descartes
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