Hay un periodo cuando los padres quedan huérfanos de sus hijos.
Es que los niños crecen independientes de nosotros,
como arboles murmurantes y pajaros imprudentes.
Crecen sin pedir permiso a la vida.
Crecen con una estridencia alegre y, a veces, con alardeada arrogancia.
Pero no crecen todos los días, de igual manera, crecen de repente.
Un día se sientan cerca de tí en la terraza y te dicen una frase con tal naturalidad
que sientes que no puedes más ponerle pañales.
Donde quedaron la placita de jugar en la arena, las fiestitas de cumpleaños
con payasos y los juguetes preferidos?…
El niño crece en un ritual de obediencia orgánica y desobediencia civil.
Ahora estás allí, en la puerta de la discoteca, esperando que él
o ella no solo crezca, sino aparezca.
Allí están muchos padres al volante, esperando
que salgan zumbando sobre patines y cabellos largos y sueltos.
Allá estan nuestros hijos, entre hamburguesas y gaseosas en las esquinas,
con el uniforme de su generación, e incómodas
mochilas de moda en los hombros.
Allí estamos, con los cabellos casi emblanquecidos.
Esos son los hijos que conseguimos generar y amar a pesar de los golpes,
de los vientos, de las cosechas, de las noticias,
y observando y aprendiendo con nuestros errores y aciertos.
Principalmente con los errores que esperamos que no repitan.
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Préstele atención.
Búsquelo.
Escúchelo.
Juegue con él.
Sea espontáneo.
Tómelo de las manos.
Haláguelo más, critíquelo menos.
Maravíllese de sus logros.
Agradézcale.
Sea flexible.
Confíe en él.
Mírelo a los ojos.
Comparta su entusiasmo.
Anímelo.
Espere lo mejor de él, mas no la perfección.
Sea consistente.
Esté a su disposición.
Disciplínelo en su momento.
Aprecie sus diferencias.
Conteste sus preguntas.
Crea en él.
Pida su opinión.
Escuche su música.
Pídale disculpas cuando usted se equivoca.
¡¡Ámelo a pesar de todo!!!
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Un hombre fue a una barbería a cortarse el cabello y recortarse la barba, como es costumbre.
En estos casos entabló una amena conversación con la persona que le atendía. Hablaban de tantas cosas y tocaron muchos temas. De pronto, tocaron el, tema de Dios.
El barbero dijo:
Fíjese caballero que yo no creo que Dios exista, como usted dice.
Pero, por qué dice usted eso? – pregunta el cliente.
Pues es muy fácil, basta con salir a la calle para darse cuenta de que Dios no existe. O…dígame, acaso si Dios existiera, habría tantos enfermos? Habría niños abandonados? Si Dios existiera, no habría sufrimiento ni tanto dolor para la humanidad. Yo no puedo pensar que exista un Dios que permita todas estas cosas.
El cliente se quedó pensando un momento, pero no quiso responder para evitar una discusión.
El barbero terminó su trabajo y el cliente salió del negocio.
Recién abandonaba la barbería, vio en la calle a un hombre con la barba y el cabello largo; al parecer hacía mucho tiempo que no se lo cortaba y se veía muy desarreglado.
Entonces entró de nuevo a la barbería y le dijo al barbero.
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Sabe una cosa? Los barberos no existen.
Cómo que no existen? -pregunta el barbero-.
Si aquí estoy yo y soy barbero. – No! -dijo el cliente-, no existen, porque si existieran no habría personas con el pelo y la barba tan larga como la de ese hombre que va por la calle.
Ah, los barberos sí existen, lo que pasa es que esas personas no vienen hacia mi.
Exacto! -dijo el cliente-. Ese es el punto. Dios sí existe, lo que pasa es que las personas no van hacia él y no le buscan, por eso hay tanto dolor y miseria.
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Señor… ¿No le importaría que pasáramos frente a mi casa?.
David sonrió. Creía saber lo que el muchacho quería. Quería enseñar a sus vecinos que podía llegar a su casa en un gran automóvil, pero de nuevo, David estaba equivocado.
- ¿Se puede detener donde están esos dos escalones? – pidió el niño.
Subió corriendo y en poco rato David oyó que regresaba, pero no venia rápido.
Llevaba consigo a su hermanito lisiado. Lo sentó en el primer escalón, entonces le señalo hacia el coche.
-Lo ves?, Allí esta Juan, tal como te lo dije, allí arriba. Su hermano se lo regaló de Navidad y a él no le costo ni un centavo, y algún día yo te voy a regalar uno igualito….. entonces podrás ver por ti mismo todas las cosas bonitas de los escaparates de Navidad, de las que he estado tratando de contarte.
David, bajo del coche y subió al muchacho enfermo al asiento delantero.
El hermano mayor, con los ojos radiantes, se subió atrás de él y los tres comenzaron un paseo navideño memorable.
Esa Nochebuena, David comprendió lo que Jesús quería decir con: “Hay más dicha en dar…”
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A un amigo mío llamado David, su hermano le dio un automóvil como regalo de Navidad.
En nochebuena, cuando David salió de su oficina, un niño de la calle estaba caminando alrededor del brillante coche nuevo admirándolo.
-¿Es este es su coche señor?- pregunto. David afirmo con la cabeza.
- Mi hermano me lo dio en Navidad.
El niño estaba asombrado.
- Quiere decir que su hermano se lo regaló y a usted no le costo nada, Vaya me gustaría… -titubeo el niño-
Desde luego, David sabia lo que el niño iba a decir, que le gustaría tener un hermano así, pero lo que el muchacho realmente dijo estremeció a David de pies a cabeza.
- Me gustaría – prosiguió el niño – poder ser un hermano así.
David miro al niño con asombro, e impulsivamente añadió:
-¿Te gustaría dar una vuelta en mi auto? .
-Oh si, eso me encantaría.
Después de un corto paseo, el niño volteo y con los ojos chispeantes dijo:
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Sí… como todo andinista experimentado, había clavado estacas de seguridad con candados a una larguísima soga que lo amarraba de la cintura.
En esos momentos de quietud, suspendido en el aire, no pudo más que gritar:
- ¡Ayúdame, Dios mío…!
Y de golpe, lo inesperado.
Una voz grave y profunda surgió de los cielos para responderle:
- ¿Qué quieres que haga, hijo mío?
- ¡Sálvame, Dios mío!
- ¿Realmente crees que te pueda salvar?
- Por supuesto, Señor…
- Entonces, corta la cuerda que te sostiene.
Hubo un momento de silencio y quietud.
El hombre se aferró más a la cuerda y se quedo pensando….
Cuentan que el equipo de rescate que fue a buscarlo se sorprendió al encontrarlo colgado, congelado, muerto, agarradas con fuerza las manos a una cuerda… a tan sólo dos metros del suelo.
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Cuentan que un andinista, desesperado por conquistar el Aconcagua (de casi 7000 metros de altura, y cubierto en su mayoría de nieve) inició su travesía después de muchos años de preparación.
Pero quería la gloria para él solo, así que emprendió la aventura sin compañeros.
Empezó a subir, y se le fue haciendo tarde, y más tarde. Lejos de prepararse para acampar, siguió subiendo, decidido a llegar a la cima.
No tardó mucho en oscurecer.
La noche cayó con gran pesadez en la altura de la montaña, ya no se podía ver absolutamente nada.
Todo era negro, nada de visibilidad, no había luna y las estrellas eran cubiertas por las nubes.
Fue entonces que, subiendo por un acantilado (a sólo cien metros de la cima), se resbaló y se desplomó hacia el vacío por los aires.
Caía a una velocidad vertiginosa, lo único que podía ver eran veloces manchas más oscuras que pasaban en la misma oscuridad, y todo lo que podía sentir era la terrible sensación de ser succionado por la gravedad.
Seguía cayendo… y, en esos angustiantes momentos, le pasaron por su mente todos los momentos de su vida, los gratos y los no tan gratos.
Él pensaba que iba a morir… sin embargo, de repente, sintió un tirón muy fuerte que casi lo parte en dos.
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El hombre susurró:
¡ Dios, háblame!,
Y una alondra cantó.
Pero el hombre no la escuchó…
Asi que el hombre exigió:
¡ Dios, háblame!
Y un relámpago cruzó el cielo.
Pero el hombre no lo vio…
El hombre miró alrededor y dijo:
¡ Dios, déjame verte!,
Y una estrella brilló en el cielo.
Pero el hombre no se dio cuenta…
Y el hombre gritó:
¡ Dios, muéstrame un milagro!,
Y una vida nació.
Pero el hombre no sintió el pulsar de la vida…
Asi que el hombre lloró y en desesperación pidió:
¡Tócame Dios, y déjame saber que estás aqui !,
Con lo cual una mariposa bajó y tocó suavemente su hombro.
Pero el hombre retiró a la mariposa y se fue cabizbajo…
Y Siguió su camino triste, solo y con miedo.
(Prece Indígena – Traducción y adaptacción del Libro By San Etioy)
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San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla.
Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio.
Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú Príncipe de la milicia celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas
Amén.
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Cuando la puerta de la felicidad se cierra, otra se abre solo que a veces no la vemos porque nos quedamos paralizados frente a la que se cerro.
No sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos… pero otras veces no sabemos lo que nos hemos estado perdiendo hasta que lo encontramos.
Deja que crezca el amor en el corazón de otra persona, y si no crece, se feliz porque creció en el tuyo.
Ama hasta consentirte en lo amado y mas aun hasta convertirte en el mismísimo amor.
El amor llega a aquel que tiene fe y espera, aunque lo hayan decepcionado…
A aquel que aun cree y sueña, aunque haya sido traicionado…
A aquel que todavía anhela amar, aunque antes haya sido lastimado…
…Y por sobre todo. llega al que tiene el coraje y la fe de seguir amando sin ser recompensado.
Dejemos que los demás sean auténticos, que sean ellos mismos, de lo contrario amaríamos el reflejo de nosotros en ellos.
No debemos fijar nuestra mirada en lo externo, ya que esto se puede perder en el camino de la vida.
No nos inclinemos tampoco por las cosas materiales, ya que nada es eterno.
Siente por alguien que te comprenda, que te haga sonreír, y que transforme tus amarguras en dulzuras.
Alguien que haga que un día oscuro brille solo para ti.
Alguien que cautive tu corazón y lo libere de sus cadenas… y que lo deje ser libre para sentir de verdad…
Hay momentos en los que uno extraña a alguien sin control, y no sabe por que
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Hay momentos en que nos invade un fuerte deseo de abrazar, besar y querer por siempre…
Es en esos momentos en que sentimos el amor de una manera única… el corazón se pierde en un estallido y vibra el alma tratando de llegar a ese ser que tanto deseamos…
Que bello es soñar con la persona amada, atravesar el tiempo y el espacio para unirse mas allá de nuestra imaginación, en ese mundo en el que soñamos estando despiertos, con sueños tan vivénciales que nos hacen sentir que ese ser esta ahí, solo esperando que demos un paso para cobijarnos entre sus brazos…
La felicidad espera a aquellos que sueñan…
Hay otras puertas que conducen nuevamente al amor…
La felicidad espera a aquellos que tratan de abrir esas puertas y que dejan de mirar la que en un momento los paraliza…
Solo hace falta entregarse a esa nueva ilusión, dejarse consumir por el fuego de esa llama y proponerse no poner límites a esas sensaciones.
Porque el verdadero amor no conoce de límites ni de fronteras y podemos encontrar nuevamente a quien amar, más allá del horizonte.
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Deja que estreche tu mano, amigo Sólo por un instante.
¿Por qué te lo pido?
Porque te necesito, porque estoy herido.
Déjame estar cerca, necesito de tu alivio.
No me hables, tu silencio es lo que pido.
Sólo…eso… amigo mío.
Déjame que te cuente, la alegría que he tenido.
Deja que yo escuche, la que a tu puerta ha venido.
Compartamos los instantes de nuestros miedos vencidos.
Y, riamos de los que se asoman atrevidos.
¡Qué sería de mi cielo, sin tu brillo extendido!
¡Qué sería de mi suelo, sin tu espera y tu asilo!
¿Sabes, amigo mío? Cada día te bendigo,
Porque mi vida, es vida por haberte conocido.
Y doy gracias, cada día porque puedo ofrecerte,
de mi destino, todo lo que parte o llega, sin pedirlo.
Y doy gracias porque aceptas
mis defectos, mis delirios, mis alegrías,
mis penas y mis alivios.
Bendito seas, amigo, por haberte conocido.
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Hay amigos que dejamos ir, otros que no pueden venir, amigos que están lejos, amigos del barrio.
Amigos de la palabra, amigos incondicionales.
Hay también amigos invisibles, amigos sin lugar, amigos de la calle.
Amigos míos, amigos tuyos, amigos nuestros.
Hay muchos amigos; amigos en común, amigos del teatro, de la música, amigos de verdad.
Hay amigos que están tristes, otros que están alegres, otros que simplemente no están.
Hay amigos que se la pasan en la luna, otros en el campo, y otros en el cielo.
Todos, absolutamente todos los amigos tienen algo en común:
SON INDISPENSABLES.
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Te amo no sólo por lo que eres,
sino por lo que soy cuando estoy contigo.
Te amo no sólo por lo que has hecho de tí mismo,
sino por lo que estás haciendo de mí.
Te amo porque has hecho más de lo que cualquier
credo logró para hacerme bueno y más
de lo que los afanes de cualquier fe
hicieron para hacerme feliz.
Lo has hecho sin tocarme,
sin una palabra,
sin una señal.
Lo has hecho siendo tú mismo.
Quizá, después de todo,
eso es lo que significa ser Amigo.
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