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Tu Angel hace 8 años, 7 meses.
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CholysaidDios de los padres Oh Yahvé, Señor nuestro, Al ver el cielo Apenas inferior a un dios Tú nos has elegido |
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CholysaidLe bendeciré en todo tiempo Engrandezcamos al Señor, Sus ojos están sobre los justos Gustad y ved qué bueno es el Señor |
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CholysaidPienso en ti al ver el cielo azul Mas no podrán gozar como yo |
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CholysaidSeñor, permite que te hable hoy Dime cómo pudo suceder, ¿Fue cuando una rosa deshojé No fue en las horas de ilusión, (Hablado): Señor, yo nunca me cansaré Hoy te siento tan cerca de mí Fuerza de tu amor que recibí |
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PEQUEÑA 3saidLos equipos de rescate que trabajaban a contrarreloj en las ruinas de la devastada ciudad iraní de Bam no daban crédito a lo que veían sus ojos cuando, bajo los escombros de una vivienda, encontraron con vida a un bebé de seis meses entre los brazos de su madre, la cual había fallecido en el terremoto. |
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PEQUEÑA 3said-¿Que les trae por aquí? Los alumnos respondieron: -Queremos saber cuán sabio eres. Hilel les dijo: -¿Y cómo lo comprobarán? -Le haremos una pregunta. -Adelante. -Esta mariposa que tengo en mis manos, ¿está viva o muerta? Hilel les miró despacio y respondió: -La decisión está en tus manos. |
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PEQUEÑA 3saidCuando la conocí tenía 16 años. |
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PEQUEÑA 3saidAproximadamente al principio del siglo I de nuestra era, existían dos escuelas de enseñanza, dirigidas por dos sabios de renombre: Hilel y Shamai. Cada escuela se dedicaba al estudio de la Torá y los alumnos eran el gran potencial de la misma. El gran problema que había entre ambas escuelas era que los alumnos no se llevaban bien entre sí, y a cada oportunidad que se presentaba hacían todo lo posible por desprestigiar a la otra escuela. Un día los alumnos de Shamal entendieron que la mejor manera de desacreditar a los de la otra escuela era humillar a Hilel el sabio e idearon una estratagema. Pensaron en cazar una mariposa y llevarla viva en la mano de uno de ellos y al llegar a la casa del sabio preguntarle: -Maestro Hilel, esta mariposa que tengo en mis manos, ¿está viva o muerta? Si Hilel respondía que estaba viva, entonces apretarían el puño y le demostrarían que estaba muerta. Si la respuesta era que la mariposa estaba muerta abrirían el puño y la dejarían escapar, demostrando así que estaba viva. El plan era infalible, y decidieron llevarlo a cabo. Cazaron la mariposa y uno de los alumnos de Shamal la tomó en sus manos, se acercaron a la casa de Hilel golpearon a su puerta y el sabio les preguntó: |
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PEQUEÑA 3saidNo falta nada. Luego usted no existe. ¿Qué les parece a ustedes?” El rostro del sacerdote y el de su contrincante estaban pálidos. El incrédulo le dijo: “¿Cómo voy a matar yo a usted que tanto bien me ha hecho? El sacerdote le contestó: “Dios le ha hecho a usted muchos más favores que yo y es mucho más misericordioso con los hombres que usted ha sido conmigo. Usted me ha respetado la vida cuando yo le pedía que me matara, como Dios se la ha respetado a usted cuando le retaba a que se la quitara”. La escena fue de gran emoción. Dios recompensó el heroísmo del sacerdote que expuso su vida por El, haciendo que se convirtiera a la fe católica aquel incrédulo que unos momentos antes negaba a Dios. |
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PEQUEÑA 3saidSucedió hace bastantes años en un campo de concentración en Francia. Había en él muchos refugiados españoles. Un sacerdote solía subir al estrado y explicaba a su auditorio temas de religión.Un día les habló de Dios y de su existencia. Cuando terminó el sacerdote de explicar sus ideas, preguntó al auditorio si alguno quería exponer algo. Se oyó la voz de un refugiado gritando su disconformidad. El ateo subió al estrado y dijo al auditorio: “No estoy conforme con lo que ha dicho el sacerdote. Yo digo que Dios no existe. Y lo voy a probar. Aquí está mí reloj. Si Dios existe, le doy un plazo de cinco minutos para que me mate. Faltan cuatro minutos. Faltan tres minutos. Faltan dos minutos. Falta un minuto. No falta nada. El Dios de este sacerdote no existe”. Al acabar de hablar el incrédulo, sus partidarios le vitorearon. Le pasearon en hombros por el campo de concentración. El sacerdote quedó sin saber qué hacer. De repente tuvo una idea luminosa. Y dirigiéndose a la multitud de incrédulos y de creyentes les dijo. “Señores, no he terminado aún. Invitó al incrédulo a subir al estrado. El sacerdote pidió una pistola cargada. Un hombre le entregó el arma. Se hizo un silencio profundo. Todos estaban intrigados. Él sacerdote le dijo al incrédulo: “Ahí tiene esta pistola. No le hace falta más que darle al gatillo. Le concedo cinco minutos para que me mate. Faltan cuatro minutos. Faltan tres minutos. Faltan dos minutos. Falta un minuto |
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CholysaidSi pudieras, amor, que atrapan con sus hilos |
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CholysaidSus ojos eran mi luz, |
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Cholysaid Las dos frases más oídas en Estados Unidos son: |
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Cholysaid La laicidad está para asegurar a libertad religiosa, |
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CholysaidEl mundo no está amenazado por las malas personas, |
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