Los suspiros son aire y van al aire.
Las lágrimas son agua y van al mar,
dime mujer, cuando el amor se olvida,
¿sabes a donde va?
Becquer
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Muro fácil y extraordinario,
muro sin peso y sin color:
un poco de aire en el aire.
Pasan los pájaros de un sesgo,
pasa el columpio de la luz,
pasa el filo de los inviernos
como el resuello del verano;
pasan las hojas en las ráfagas
y las sombras incorporadas.
Pero no pasan los alientos,
pero el brazo no va a los brazos
y el pecho al pecho nunca alcanza!
Gabriela Mistral
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Si has construido castillos en el aire,
tu trabajo no se pierde; ahora coloca
las bases debajo de ellos.
Thoreau
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País de la ausencia,
extraño país,
más ligero que ángel
y seña sutil,
color de alga muerta,
color de neblí,
con edad de siempre,
sin edad feliz.
No echa granada,
no cría jazmín,
y no tiene cielos
ni mares de añil.
Nombre suyo, nombre,
nunca se lo oí,
y en país sin nombre
me voy a morir.
Ni puente ni barca
me trajo hasta aquí.
No me lo contaron
por isla o país.
Yo no lo buscaba
ni lo descubrí.
Parece una fábula
que yo me aprendí,
sueño de tomar
y de desasir.
Y es mi patria donde
vivir y morir.
Me nació de cosas
que no son país:
de patrias y patrias
que tuve y perdí;
de las criaturas
que yo vi morir;
de lo que era mío
y se fue de mí.
Perdí cordilleras
en donde dormí;
perdí huertos de oro
dulces de vivir,
perdí yo las islas
de caña y añil,
y las sombras de ellos
me las vi ceñir
y juntas y amantes
hacerse país.
Guedejas de nieblas
sin dorso y cerviz,
alientos dormidos
me los vi seguir,
y en años errantes
volverse país.
Y en país sin nombre
me voy a morir.
Gabriela Mistral
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Fuera de ley, mi corazón
a saltos va en su desazón.
Ya muerde acá, sucumbe allí,
cazando allá, cazando aquí.
Donde lo intente yo dejar
mi corazón no se ha de estar.
Donde lo deba yo poner
mi corazón no ha de querer.
Cuando le diga yo que sí,
dirá que no, contrario a mí.
Bravo león, mi corazón
tiene apetitos, no razón.
Alfonsina Storni
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Me levanté temprano y anduve descalza por los corredores: bajé a los jardines y besé las plantas absorbí los vahos limpios de la tierra, tirada en la grama;
me bañé en la fuente que verdes achiras circundan.
Más tarde, mojados de agua peiné mis cabellos. Perfumé las manos con zumo oloroso de diamelas. Garzas quisquillosas, finas, de mi falda hurtaron doradas migajas.
Luego puse traje de clarín más leve que la misma gasa. De un salto ligero llevé hasta el vestíbulo mi sillón de paja.
Fijos en la verja mis ojos quedaron, fijos en la verja. El reloj me dijo: diez de la mañana. Adentro un sonido de loza y cristales: Comedor en sombra; manos que aprestaban manteles.
Afuera, sol como no he visto sobre el mármol blanco de la escalinata. Fijos en la verja siguieron mis ojos, Fijos. Te esperaba.
Alfonsina Storni
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Camino lentamente por la senda de acacias,
me perfuman las manos sus pétalos de nieve,
mis cabellos se inquietan bajo céfiro leve
y el alma es como espuma de las aristocracias.
Genio bueno: este día conmigo te congracias,
apenas un suspiro me torna eterna y breve …
¿Voy a volar acaso, ya que el alma se mueve?
En mis pies cobran alas y danzan las tres Gracias.
Es que anoche tus manos en mis manos de fuego,
dieron tantas dulzuras a mi sangre, que luego
llenóseme la boca de mieles perfumadas,
tan frescas, que en la limpia madrugada
de estío, mucho temo volverme al caserío,
prendidas en los labios mariposas doradas.
Alfonsina Storni
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Polvo de oro en tus manos fue mi melancolía
Sobre tus manos largas desparramé mi vida;
Mis dulzuras quedaron a tus manos prendidas;
Ahora soy un ánfora de perfumes vacía.
Cuánta dulce tortura quietamente sufrida
Cuando, picada el alma de tristeza sombría,
Sabedora de engaños, me pasada los días
¡Besando las dos manos que me ajaban la vida!
Alfonsina Storni
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Callada el alma… el corazón partido,
Suelto tus alas… ve… pero te espero.
¿Cómo traerás el corazón, viajero?
Tendré piedad de un corazón vencido.
Para que tanta sed bebiendo cures
Hay numerosas sendas para tí.
Pero se hace la noche; no te apures.
Todas traen a mí…
Alfonsina Storni
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Anda, date a volar, hazte una abeja:
en el jardín florecen amapolas,
y el néctar fino colma las corolas;
mañana el alma tuya será vieja.
Anda, suelta a volar, hazte paloma,
recorre el bosque y picotea granos,
come migajas en distintas manos,
la pulpa muerde de fragante poma.
Anda, date a volar, sé golondrina,
busca la playa de los soles de oro,
gusta la primavera y su tesoro:
la primavera es única y divina.
Mueres de sed: no he de oprimirte tanto.
Anda, camina por el mundo, sabe:
dispuesta sobre el mar está tu nave.
date a volar hacia el mejor encanto.
Corre, camina más, es poco aquello.
Aún quedan cosas que tu mano anhela,
corre, camina, gira, sube y vuela:
gústalo todo porque todo es bello.
Echa a volar… mi amor no te detiene,
¡Cómo te entiendo, Bien, cómo te entiendo!
Llore mi vida… el corazón se apene…
Date a volar, amor, yo te comprendo
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Alguna vez andando por la vida,
por piedad, por amor,
como se da una fuente sin reservas,
yo di mi corazon.
Y dije al que pasaba, sin malicia
y quiza con fervor.
Obedezco a la ley que nos gobierna:
he dado el corazon.
Y tan pronto lo dije, como un eco
ya se corrio la voz:
Ved la mala mujer, esa que pasa:
ha dado el corazon.
De boca en boca, sobre los tejados
rodaba este clamor:
Echadla, piedras eh, sobre la cara!
Ha dado el corazon.
Ya esta sangrando, si la cara mia,
pero no de rubor,
que me vuelvo a los hombres y repito:
He dado el corazon!
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Me vienen estas cosas del fondo de la vida:
Acumulando estaba, yo me vuelvo reflejo.
Agua continuamente cambiada y removida;
Así como las cosas, es mudable el espejo.
Momentos de la vida aprisionó mi pluma,
Momentos de la vida que se fugaron luego,
Momentos que tuvieron la violencia del fuego
O fueron más livianos que los copos de espuma.
En todos los momentos donde mi ser estuvo,
En todo esto que cambia, en todo esto que muda,
En toda la sustancia que el espejo retuvo,
Sin ropajes, el alma está limpia y desnuda.
Yo no estoy y estoy siempre en mis versos, viajero,
Pero puedes hallarme si por el libro avanzas
Dejando en los umbrales tus fieles y balanzas:
Requieren mis jardines piedad de jardinero.
Alfonsina Storni
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La mujer salió y le preguntó a los tres ancianos:
“¿Quién de ustedes es Amor? Por favor entre y sea nuestro invitado”. Amor se levantó y empezó a caminar hacia la casa. Los otros dos se pararon y lo siguieron.
Sorprendida, la señora le preguntó a Abundancia y a Éxito:
“Sólo invité a Amor, ¿por qué vienen ustedes?” Los ancianos replicaron juntos: “Si tú hubieras invitado a Abundancia o a Éxito, los otros dos nos hubiéramos quedado afuera, pero como invitaste a Amor, a dondequiera que El vaya, vamos nosotros con El”.
Para Pensar:
Donde quiera que haya Amor hay también Abundancia y Éxito.
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Luego agregó:
“ahora entra en tu casa y conversa con tu esposo sobre a cuál de nosotros quieren en su casa”.
La mujer fue y le contó a su esposo lo que le habían dicho. ¡Su esposo estaba encantado!
Ya que este es el caso, invitemos a la Abundancia.
Déjalo entrar y que llene nuestra casa de abundancia”.
Su esposa no estuvo de acuerdo.
Querido, ¿por que no invitamos a Éxito?
Su hija estaba escuchando desde el otro lado de la casa. Saltó con su propia sugerencia:
“¿No sería mejor invitar a Amor? Nuestra casa se llenaría de amor”.
Escuchemos el consejo de nuestra hija”, dijo el hombre a su esposa.
Ve, e invita a Amor para que sea nuestro invitado”.
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Una mujer salió de su casa y vio a tres ancianos con largas barbas blancas sentados al frente de su casa.
No los reconoció y dijo: “Creo que no los conozco, pero deben estar hambrientos. Por favor, entren y tengan algo de comer”.
¿Está el hombre de la casa dentro?” preguntaron.
No”, dijo ella. “El esta fuera”.
Entonces no podemos entrar”, replicaron.
Al anochecer, cuando su esposo llegó a casa, le contó lo que había ocurrido. “Ve a decirles que estoy en casa e invítalos a entrar”. La mujer salió e invitó a los hombres a entrar.
Nosotros no entramos a casa juntos”, replicaron.
Por qué?”, quiso saber ella.
Uno de los ancianos explicó:
“su nombre es Abundancia” dijo señalando a uno de sus amigos y luego dijo señalando al otro: “El es Éxito y yo soy Amor”.
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