1.
Dios no te preguntará qué modelo de auto usabas…
Te preguntará a cuántas personas llevaste.
2.
Dios no te preguntará los metros cuadrados de tu casa…
Te preguntará a cuántos recibiste en ella.
3.
Dios no te preguntará la marca de la ropa que usas…
Te preguntará, a cuántos ayudaste a vestirse.
4.
Dios no te preguntará cuál era tu sueldo…
Te preguntará si vendiste tu conciencia para obtenerlo.
5.
Dios no te preguntará cuál era tu título…
Te preguntará si hiciste tu trabajo, dando lo mejor de tus capacidades.
6.
Dios no te preguntará cuántos amigos tenías…
Te preguntará cuántos te consideraban su amigo.
7.
Dios no te preguntará en qué lugar vivías…
Te preguntará cómo tratabas a tus vecinos.
8.
Dios no te preguntará el color de tu piel…
Te preguntará si te importó el color de la de los demás.
9.
Dios no te preguntará por qué tardaste tanto en
buscarlo
Te dirá lo feliz que está de que lo hayas hecho.
10.
Dios no te preguntará que religión profesabas
Te preguntará, Por qué no le abriste tu corazón
TU ANGEL
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Felices los que saben reírse de sí mismos, porque nunca terminarán de divertirse.
Felices los que saben distinguir una montaña de una piedrita, porque evitarán muchos inconvenientes.
Felices los que saben descansar y dormir sin buscar excusas, porque llegarán a ser sabios.
Felices los que saben escuchar y callar, porque aprenderán cosas nuevas.
Felices los que son suficientemente inteligentes, como para no tomarse en serio, porque serán apreciados por quienes los rodean.
Felices los que están atentos a las necesidades de los demás, sin sentirse indispensables, porque serán distribuidores de alegría.
Felices los que saben mirar con seriedad las pequeñas cosas y tranquilidad las cosas grandes, porque irán lejos en la vida.
Felices los que saben apreciar una sonrisa y olvidar un desprecio, porque su camino será pleno de sol.
Felices los que piensan antes de actuar y rezan antes de pensar, porque no se turbarán por los imprevisible.
Felices ustedes si saben callar y hasta sonreír cuando se les quita la palabra, se los contradice o cuando les pisan los pies, porque el Evangelio comienza a penetrar en su corazón.
Felices ustedes si son capaces de interpretar siempre con benevolencia las actitudes de los demás
aún cuando las apariencias sean contrarias. Pasarán por ingenuos: es el precio de la caridad.
Felices sobretodo, ustedes, si saben reconocer al Señor en todos los que encuentran, entonces habrán hallado la paz y la verdadera sabiduría
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Hazlo ahora, mientras la oportunidad aún es tuya.
NO lo dejes para después por parecerte poca cosa.
En las relaciones no hay cosas pequeñas, únicamente existen las que se hicieron
y las que se quedaron en buenas intenciones…
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Hay quienes se pasan el tiempo esperando una oportunidad para demostrar de forma heroica su amor por alguien.
Lo triste es que mientras esperan esa gran ocasión dejan pasar muchas otras, modestas pero significativas.
Se puede pasar la vida sin que la otra persona necesitara jamás que le donaras un riñón, aunque se quedó esperando que le devolvieras la llamada.
Se piensa a veces que la felicidad es como sacarse la lotería, un suceso majestuoso que de la noche a la mañana cambiará una vida miserable por una llena de dicha.
Esto es falso, en verdad la felicidad se finca en pequeñeces, en detalles que sazonan día a día nuestra existencia.
Nos dejamos engañar con demasiada facilidad por la aparente simpleza.
NO desestimes jamás el poder de las cosas pequeñas: una flor, una carta, una palmada en el hombro, una palabra de aliento o unas cuantas líneas en una tarjeta.
Todas estas pueden parecer poca cosa, pero no pienses que son insignificantes.
En los momentos de mayor dicha o de mayor dolor se convierten en el cemento que une los ladrillos de esa construcción que llamamos relación.
La flor se marchitará, las palabras quizá se las llevará el viento, pero el recuerdo de ambas permanecerá durante mucho tiempo en la mente y el corazón de quien las recibió.
¿Qué esperas entonces?
Escribe esa carta, haz esa visita, levanta el teléfono.
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El alumno, según él, había terminado el cuadro.
Llamó a su maestro para que lo evaluara.
Se acercó el maestro y observó la obra con detenimiento y concentración durante un rato.
Entonces, le pidió al alumno la paleta y los pinceles.
Con gran destreza dio unos cuantos trazos aquí y allá.
Cuando el maestro le regresó las pinturas al alumno el cuadro había cambiado notablemente.
El alumno quedó asombrado; ante sus propios ojos la obra había pasado de mediocre a sublime.
Casi con reverencia le dijo al maestro:
¿Cómo es posible que con unos cuantos toques, simples detalles, haya cambiado tanto el cuadro?
Es que en esos pequeños detalles está el arte.
Contestó el maestro.
Si lo vemos despacio, nos daremos cuenta que todo en la vida son detalles.
Los grandes acontecimientos nos deslumbran tanto que a veces nos impiden ver esos pequeños milagros que nos rodean cada día.
Un ave que canta, una flor que se abre, el beso de un hijo en nuestra mejilla, son ejemplos de pequeños detalles que al sumarse pueden hacer diferente nuestra existencia.
Todas las relaciones -familia, matrimonio, noviazgo o amistad- se basan en detalles.
Nadie espera que remontes el Océano Atlántico por él, aunque probablemente sí que le hables el día de su cumpleaños.
Nadie te pedirá que escales el Monte Everest para probar tu amistad, pero sí que lo visites durante unos minutos cuando sabes que está enfermo.
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Sé precavido en tus negocios, porque el mundo está lleno de engaños,pero que la precaución no te impida ver donde está la virtud,porque hay personas que luchan por alcanzar grandes ideales y toda vida está llena de heroísmo.
Sé sincero, en especial no finjas el afecto y no seas cínico en el amor,porque a fin de cuenta la aridez y el desencanto son tan perennes como la hierba.
Toma con resignación el consejo de los años,abandonando con donaire las cosas de la juventud,y no te preocupes por temores imaginarios,pues muchos de ellos son producto de la fatiga y la soledad.
Por encima de toda disciplina sé benigno contigo mismo, tú eres una criatura del universo, no inferior a las plantas y a los planetas.
Tienes derecho a existir, y lo entiendas o no, el universo marcha como debiera,por lo tanto procura estar en paz con Dios,cualquiera sea la forma en que lo vieras.
Y cualquiera que sean tus obras y aspiraciones en la ruidosa confusión de la vida,procura estar en paz contigo mismo,porque con todo desequilibrio, con toda maldad,es sin embargo un mundo hermoso.
Ten cuidado, esfuérzate por ser feliz.
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Camina plácidamente entre el ruido y la prisa,y observa la paz que se puede encontrar en el silencio,mientras te sea posible.
Procura estar en paz con todos,expón tu parecer en forma reposada y clara,y escucha a los demás, incluso al torpe e ignorante,que él también tiene algo para contarte.
Evita a las personas ruidosas y agresivas,que son una vejación para el espíritu.
Si te comparas con los demás puedes volverte petulante o amargado,porque hay siempre quien es inferior o superior.
Interésate siempre por lo que haces,por muy humilde que sea tu tarea siempre perdurará aunque las circunstancias cambien.
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Cuando vayan mal las cosas, como a veces suelen ir, cuando ofrezca tu camino, solo cuestas que subir, cuando tengas poco haber pero mucho que pagar, y precises sonreír cuando tengas que llorar.
Cuando vayan mal las cosas como a veces suelen ir, cuando ofrezca tu camino solo cuestas que subir, cuando ya el dolor te agobie y no puedas ya sufrir descansar acaso debes pero nunca desistir.
Tras las sombras de la duda, ya plateadas ya sombrías puede bien surgir el triunfo, no el fracaso que temías, y no es darle a tu ignorancia figurarse cuan cercano puede estar el bien que anhelas, y que juzgas tan lejano lucha, lucha pues por mas que tengas en la brega que sufrir cuando todo este peor, mas debemos insistir.
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El hermano del farmacéutico era un hombre elegante.
Se inclinó y le preguntó a la niña:
“¿Qué clase de milagro necesita tu hermanito?”
“No lo se.”
Contestó Tess con los ojos a punto de explotar.
“Solo se que está bien enfermo y mi mami dice que necesita una operación.
Pero mi papá no puede pagarla, así que yo quiero usar mi dinero.”
“¿Cuánto dinero tienes?- le preguntó el hombre de Chicago
.”Un dólar con once centavos”-
contestó Tess en una voz que casi no se entendió.
“Es todo el dinero que tengo pero puedo conseguir más si lo necesita.
“”Pues que coincidencia.”
Dijo el hombre sonriendo.
“Un dólar con once centavos, es justo el precio de un milagro para hermanos menores
.”Tomó el dinero en una mano y con la otra cogió a la niña del brazo y le dijo:
“Llévame a tu casa.
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Quiero ver a tu hermano y conocer a tus padres.
Veamos si yo tengo el milagro que tu necesitas.”
Ese hombre de buena apariencia era el Dr. Carlton Armstrong, un cirujano especialista en neurocirugía.
La operación se efectuó sin cargos y en poco tiempo Andrew estaba de regreso a casa y de buena salud.
Los padres de Tess hablaban felices de las circunstancias que llevaron a este doctor hasta su puerta.
“Esa cirugía,” dijo su madre. “fue un verdadero milagro.
Me pregunto cuanto habría costado.
Tess sonrió.
Ella sabía exactamente cuanto costaba un milagro: un dólar con once centavos más la fe de una pequeña.
La fe es creer que se tiene lo que no se ve.
Perseverar en lo imposible”
Hay una frase muy bella que dice:
” Si le pides a Dios un árbol te lo dará, en forma de semilla”.
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Tess movió su pie haciendo un ruido.
Nada.
Se aclaró la garganta con el peor sonido que pudo producir. Nada.
Finalmente, sacó una moneda del frasco y golpeó el mostrador.
“¿Qué deseas?-
le preguntó el farmacéutico en un tono bastante desagradable.
Y le dijo sin esperar respuesta: ”
¿No ves que estoy hablando con mi hermano que acaba de llegar de Chicago y no lo he visto en años?”.
“Bueno, yo también quiero hablarle acerca de mi hermanito,”
le contestó Tess en el mismo tono que usara el farmacéutico.
“Está muy enfermo y quiero comprar un milagro.”
“¿Qué dices?”
dijo el farmacéutico
“Su nombre es Andrew y tiene algo creciéndole dentro de la cabeza y mi padre dice que solo un milagro lo puede salvar.
Así que, ¿cuánto cuesta un milagro?
“Aquí no vendemos milagros, pequeña.
Lo siento pero no te puedo ayudar” le contestó el farmacéutico ahora en un tono más dulce.
“Mire, yo tengo el dinero para pagarlo.
Si no es suficiente, conseguiré el resto.
Solo dígame cuanto cuesta.
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Tess era una niña precoz de 8 años.
Un día escuchó a su madre y a su Padre hablar acerca de su hermanito Andrew.
Ella solo sabía que su hermano estaba muy enfermo y que su familia no tenía dinero.
Planeaban mudarse para un complejo de apartamentos el siguiente mes porque su padre no tenía el dinero para las facturas médicas y la hipoteca.
Solo una operación costosísima podría salvar a Andrew. Escuchó que su padre estaba gestionando un préstamo pero no lo conseguía.
Escuchó a su padre murmurarle a su madre, quien tenia los ojos llenos de lágrimas,
“Solo un milagro puede salvarlo.”
Tess fue a su cuarto y sacó un frasco de jalea lleno de monedas que mantenía escondido en el closet. Vació todo su contenido en el suelo y lo contó cuidadosamente.
Lo contó una segunda vez, ¡una tercera! .
La cantidad tenía que ser perfecta.
No había margen para errores.
Luego colocó todas las monedas en el frasco nuevamente, lo tapó y se escabulló por la puerta trasera y caminó 6 cuadras hasta la farmacia del pueblo.
Esperó pacientemente su turno.
El farmacéutico parecía muy ocupado con un cliente y no le prestaba atención.
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6. Sólo por hoy seré agradable, tendré el mejor aspecto que pueda. Me mostraré cortés, seré generoso, no encontraré defectos en nada y no intentaré dirigir ni modificar la vida del prójimo.
7. Sólo por hoy trataré de vivir el día de hoy, sin querer solucionar todos los problemas de la vida.
8. Sólo por hoy tendré un plan. Anotaré por escrito todo lo que pienso hacer. Aunque después no lo pueda complir del todo, igual lo haré. Eliminaré dos vicios, la prisa y la indecisión, pero sólo por hoy.
9. Sólo por hoy me daré media hora de tranquilidad, para poder pensar acerca de mí. A veces pensaré en Dios, para descubrir cuál es el objetivo de mi vida.
10. Sólo por hoy no tendré miedo y especialmente no tendré miedo a ser feliz, a disfrutar de la vida, de amar y de creer que los que amo me aman. Sólo por hoy.
Juan XXIII
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Sólo por hoy…
1. Sólo por hoy seré feliz, por eso haré verdad lo que alguien dijo: “La mayoría de la gente es tan feliz como desea serlo”. La felicidad es algo de adentro de uno, no de afuera.
2. Sólo por hoy trataré de ver la vida por lo que es y no por lo que yo quisiera que fuera. Aceptaré mi familia, lo que hago y mi suerte como son, y procuraré armonizar con ello.
3. Sólo por hoy cuidaré de mí, ejercitaré mi cuerpo, lo atenderé y alimentaré. No abusaré de él, ni lo abandonaré.
4. Sólo por hoy trataré de ser más amplio de espíritu, aprenderé algo útil, no seré un holgazán mental. Haré que se me permita usar mi esfuerzo, concentración, meditación.
5. Sólo por hoy ejercitaré mi alma de tres modos: haré algún bien sin que lo descubran y haré dos cosas que no me agrade hacer.
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Y me enfrento a Él y le pregunto: ¿dónde están tus manos,
Señor?
Para luchar por la justicia, para dar una caricia, un
consuelo al abandonado, rescatar a la juventud de las
drogas, dar amor y ternura a los olvidados.
Después de un largo silencio escuché su voz que me
reclamó:
“No te das cuenta que tú eres mis manos, atrévete a usarlas
para lo que fueron hechas, para dar amor y alcanzar estrellas”.
Y comprendí que las manos de Dios somos “TU y YO”,
los que tenemos la voluntad, el conocimiento y el coraje
de luchar por un mundo más humano y justo, aquellos
cuyos ideales sean tan altos que no puedan dejar de
acudir a la llamada del destino, aquellos que desafiando
el dolor, la crítica y la blasfemia se retienen a sí mismos
para ser las manos de Dios.
Señor, ahora me doy cuenta que mis manos están sin llenar,
que no han dado lo que deberían de dar, te pido ahora perdón
por el amor que me diste y no he sabido compartir, las debo
usar para amar y conquistar la grandeza de la creación.
El mundo necesita de esas, manos llenas de ideales y
estrellas, cuya obra magna sea contribuir día a día, a
forjar una nueva civilización que busque valores superiores,
que compartan generosamente lo que Dios nos ha dado y
puedan llegar al final vacías, porque entregaron todo
con amor, para lo que fueron creadas.
Y Dios seguramente dirá:
¡ESAS SON MIS MANOS!
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