-No me basta, que olvidar
puedes la palabra en Flandes.
-¡Voto a Dios!, ¿qué más pretendes?
-Que a los pies de aquella imagen
lo jures como cristiano
del santo Cristo delante.
Vaciló un poco Martínez;
mas, porfiando que jurase,
llevóle Inés hacia el templo
que en medio la vega yace.
Enclavado en un madero,
en duro y postrero trance,
ceñida la sien de espinas,
decolorido el semblante,
velase allí un crucifijo
teñido de negra sangre,
a quien Toledo, devota,
acude hoy en sus azares.
Ante sus plantas divinas
llegaron ambos amantes,
y haciendo Inés que Martínez
los sagrados pies tocase,
preguntóle:
-Diego, ¿juras
a tu vuelta desposarme?
Contestó el mozo:
-¡Sí, juro!
Y ambos del templo se salen.
continua…
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Mas en lo leve del paso
y en lo flexible del talle
puede, a través de los velos
una hermosa adivinarse.
Vase derecha al que aguarda
y él al encuentro le sale,
diciendo… cuanto se dicen
en las citas los amantes.
Mas ella, galanterías
dejando severa aparte,
así al mancebo interrumpe,
en voz decisiva y grave:
-Abreviemos de razones,
Diego Martínez; mi padre,
que un hombre ha entrado en su ausencia,
dentro mi aposento sabe;
y así, quien mancha mi honra
con la suya me la lave;
o dadme mano de esposo,
o libre de vos dejadme.
Miróla Diego Martínez
atentamente un instante,
y echando a un lado el embozo,
repuso palabras tales:
-Dentro de un mes, Inés mía,
parto a la guerra de Flandes;
al año estaré de vuelta
y contigo en los altares.
Honra que yo te desluzca,
con honra mía se lave,
que por honra vuelven honra
hidalgos que en honra nacen.
-Júralo -exclamó la niña.
-Más que mi palabra vale
no te valdrá un juramento.
-Diego, la palabra es aire.
-¡Vive Dios que estás tenaz!
Dalo por jurado y baste.
continua…
|
Los labradores se acercan
al fuego de sus hogares,
cargados con sus aperos,
cansados de sus afanes.
Los ricos y sedentarios
se tornan con paso grave,
calado el ancho sombrero,
abrochados los gabanes,
y los clérigos y monjes
y los prelados y abades
sacudiendo el leve polvo
de capelos y sayales.
Quédase sólo un mancebo
de impetuosos ademanes,
que se pasea ocultando
entre la capa el semblante.
Los que pasan le contemplan
con decisión de evitarle,
y él contempla a los que pasan
como si a alguien aguardase.
Los tímidos aceleran
los pasos al divisarle,
cual temiendo de seguro
que les proponga un combate;
y los valientes le miran
cual si sintieran dejarle
sin que libres sus estoques,
en riña sonora dancen.
Una mujer también sola
se viene el llano adelante,
la luz del rostro escondida
en tocas y tafetanes.
continua…
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Allí recibió Galiana
a su receloso amante
en esa cuesta que entonces
era un plantel de azahares.
Allá por aquella torre,
que hicieron puerta los árabes,
subió el Cid sobre Babieca
con su gente y su estandarte.
Más lejos se ve el castillo
de San Servando o Cervantes,
donde nada se hizo nunca
y nada al presente se hace.
A este lado está la almena
por do sacó vigilante
el conde don Peranzules
al rey, que supo una tarde
fingir tan tenaz modorra,
que político y constante,
tuvo siempre el brazo quedo
las palmas al horadarle.
Allí está el circo romano,
gran cifra de un pueblo grande,
y aquí, la antigua basílica
de bizantinos pilares,
que oyó en el primer concilio
las palabras de los padres
que velaron por la Iglesia
perseguida o vacilante.
La sombra en este momento
tiende sus turbios cendales
por todas esas memorias
de las pasadas edades,
y del Cambrón y Visagra
los caminos desiguales,
camino a los toledanos
hacia las murallas abren.
continua..
|
- II -
Clara, apacible y serena
pasa la siguiente tarde,
y el sol tocando su ocaso
apaga su luz gigante:
se ve la imperial Toledo
dorada por los remates,
como una ciudad de grana
coronada de cristales.
El Tajo por entre rocas
sus anchos cimientos lame,
dibujando en las arenas
las ondas con que las bate.
Y la ciudad se retrata
en las ondas desiguales,
como en prenda de que el río
tan afanoso la bañe.
A la lejos en la vega
tiende galán por sus márgenes,
de sus álamos y huertos
el pintoresco ropaje,
y porque su altiva gala
más a los ojos halague,
la salpica con escombros
de castillos y de alcázares.
Un recuerdo es cada piedra
que toda una historia vale,
cada colina un secreto
de príncipes o galanes.
Aquí se bañó la hermosa
por quien dejó un rey culpable
amor, fama, reino y vida
en manos de musulmanes.
continua..
|
Paró el jinete a una puerta,
y con precaución difusa
salió una niña al balcón
que llama interior alumbra.
-¡Mi padre! -clamó en voz baja.
Y el viejo en la cerradura
metió la llave pidiendo
a sus gentes que le acudan.
Un negro por ambas bridas
tomó la cabalgadura,
cerróse detrás la puerta
y quedó la calle muda.
En esto desde el balcón,
como quien tal acostumbra,
un mancebo por las rejas
de la calle se asegura.
Asió el brazo al que apostado
hizo cara a Ibán de Acuña,
y huyeron, en el embozo
velando la catadura.
continua..
|
Tan en calma y tan sombría
como la noche que enluta
la esquina en que desemboca
una callejuela oculta,
se ve de un hombre que aguarda
la vigilante figura,
y tan a la sombra vela
que entre las sombras se ofusca.
Frente por frente a sus ojos
un balcón a poca altura
deja escapar por los vidrios
la luz que dentro le alumbra;
mas ni en el claro aposento,
ni en la callejuela oscura,
el silencio de la noche
rumor sospechoso turba.
Pasó así tan largo tiempo,
que pudiera haberse duda
de si es hombre, o solamente
mentida ilusión nocturna;
pero es hombre, y bien se ve,
porque con planta segura
ganando el centro a la calle
resuelto y audaz pregunta:
-¿Quién va? -y a corta distancia
el igual compás se escucha
de un caballo que sacude
las sonoras herraduras.
-¿Quién va? -repite, y cercana
otra voz menos robusta
responde: -Un hidalgo, ¡calle!
-y el paso el bulto apresura.
-Téngase el hidalgo -el hombre
replica, y la espada empuña.
-Ved más bien si me haréis calle
(repitieron con mesura)
que hasta hoy a nadie se tuvo
Ibán de Vargas y Acuña.
-Pase el Acuña y perdone
-dijo el mozo en faz de fuga,
pues teniéndose el embozo
sopla un silbato, y se oculta.
continua
|
I
Entre pardos nubarrones
pasando la blanca luna,
con resplandor fugitivo,
la baja tierra no alumbra.
La brisa con frescas alas
juguetona no murmura,
y las veletas no giran
entre la cruz y la cúpula.
Tal vez un pálido rayo
la opaca atmósfera cruza,
y unas en otras las sombras
confundidas se dibujan.
Las almenas de las torres
un momento se columbran,
como lanzas de soldados
apostados en la altura.
Reverberan los cristales
la trémula llama turbia,
y un instante entre las rocas
riela la fuente oculta.
Los álamos de la vega
parecen en la espesura
de fantasmas apiñados
medrosa y gigante turba;
y alguna vez desprendida
gotea pesada lluvia,
que no despierta a quien duerme,
ni a quien medita importuna.
Yace Toledo en el sueño
entre las sombras confusas.
y el Tajo a sus pies pasando
con pardas ondas lo arrulla.
El monótono murmullo
sonar perdido se escucha,
cual si por las hondas calles
hirviera del mar la espuma.
¡Qué dulce es dormir en calma
cuando a lo lejos susurran
los álamos que se mecen,
las aguas que se derrumban!
Se sueñan bellos fantasmas
que el sueño del triste endulzan,
y en tanto que sueña el triste,
no le aqueja su amargura.
continua
|
Muy interesante y duro tu poema,
” No me arrepiento de nada ”
describe la dura realidad de muchas mujeres,
sigue participando es muy consolador que hayan personas como tú, y lo sepan expresar tan explícitamente.
Agora
|
¿Porque cuestionar? este bellisimo RINCÓN que es tan sensible y que solamente esta creado para albergar los mas bellos sentimientos que se guardan en el mas intimos RINCÓN de nuestros sentimientos……EL AMOR así en grandes letras y si pudiera las pondría de ORO……No cuestiones este bello Rincón de los Poetas, amigo…………Ignacio36……..y dejanos soñar………….. en este rinconcito tan ameno y soñador como a todo buen poeta que solamente busca la soledad para seguir soñando con su amada o su amado.
Un abrazo.
|
Como cada mañana cuando abro los ojos
me visto y compongo
me lavo la cara y enseguida me pongo
a hacer mis tareas y limpiar el polvo
el cuarto del niño, el salón un poco,
me pongo los guantes….
Y por donde empiezo…..
el baño, la sala, la cocina un poco,
¡¡¡O dios mío…!!!
con tanto trabajo me estoy haciendo un lío,
Entro en la cocina que es mi paraíso
mondo las patatas y preparo un guiso
patatas a lo pobre…
y detrás un pisto
de postre les pondré lo que mas les gusta
naranjas con miel que son una delicia,
como ya verán es una minuta
no son necesarias las “sales de fruta”
A las cinco de la tarde y como si fuera “Inglesa”
me sirvo un te de esos tan modernos
con sabor a fresa
son una delicia y como refrescan
con tarta de manzana
que tengo recién hecha,
Después de un día bastante divertido
de todos ustedes yo ya me despido
señor don Tomas, señora Pepita,
caminen despacito y no tengan prisa
y hasta mañana se despide…….
Anita.
|
Desde la mujer que soy,
a veces me da por contemplar
aquellas que pude haber sido;
las mujeres primorosas,
hacendosas, buenas esposas,
dechado de virtudes,
que deseara mi madre.
No sé por qué
la vida entera he pasado
rebelándome contra ellas.
Odio sus amenazas en mi cuerpo.
La culpa que sus vidas impecables,
por extraño maleficio,
me inspiran.
Reniego de sus buenos oficios;
de los llantos a escondidas del esposo,
del pudor de su desnudez
bajo la planchada y almidonada ropa interior.
Estas mujeres, sin embargo,
me miran desde el interior de los espejos,
levantan su dedo acusador
y, a veces, cedo a sus miradas de reproche
y quiero ganarme la aceptación universal,
ser la “niña buena”, la “mujer decente”
la Gioconda irreprochable.
Sacarme diez en conducta
con el partido, el estado, las amistades,
mi familia, mis hijos y todos los demás seres
que abundantes pueblan este mundo nuestro.
(sigue…)
|
En esta contradicción inevitable
entre lo que debió haber sido y lo que es,
he librado numerosas batallas mortales,
batallas a mordiscos de ellas contra mí
-ellas habitando en mí queriendo ser yo misma-
transgrediendo maternos mandamientos,
desgarro adolorida y a trompicones
a las mujeres internas
que, desde la infancia, me retuercen los ojos
porque no quepo en el molde perfecto de sus sueños,
porque me atrevo a ser esta loca, falible, tierna y vulnerable,
que se enamora como alma en pena
de causas justas, hombres hermosos,
y palabras juguetonas.
Porque, de adulta, me atreví a vivir la niñez vedada,
e hice el amor sobre escritorios
-en horas de oficina-
y rompí lazos inviolables
y me atreví a gozar
el cuerpo sano y sinuoso
con que los genes de todos mis ancestros
me dotaron.
No culpo a nadie. Más bien les agradezco los dones.
No me arrepiento de nada, como dijo la Edith Piaf.
Pero en los pozos oscuros en que me hundo,
cuando, en las mañanas, no más abrir los ojos,
siento las lágrimas pujando;
veo a esas otras mujeres esperando en el vestíbulo,
blandiendo condenas contra mi felicidad.
Impertérritas niñas buenas me circundan
y danzan sus canciones infantiles contra mí
contra esta mujer
hecha y derecha,
plena.
Esta mujer de pechos en pecho
y caderas anchas
que, por mi madre y contra ella,
me gusta ser.
Gioconda Belli
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Desde la mujer que soy,
a veces me da por contemplar
aquellas que pude haber sido;
las mujeres primorosas,
hacendosas, buenas esposas,
dechado de virtudes,
que deseara mi madre.
No sé por qué
la vida entera he pasado
rebelándome contra ellas.
Odio sus amenazas en mi cuerpo.
La culpa que sus vidas impecables,
por extraño maleficio,
me inspiran.
Reniego de sus buenos oficios;
de los llantos a escondidas del esposo,
del pudor de su desnudez
bajo la planchada y almidonada ropa interior.
Estas mujeres, sin embargo,
me miran desde el interior de los espejos,
levantan su dedo acusador
y, a veces, cedo a sus miradas de reproche
y quiero ganarme la aceptación universal,
ser la “niña buena”, la “mujer decente”
la Gioconda irreprochable.
Sacarme diez en conducta
con el partido, el estado, las amistades,
mi familia, mis hijos y todos los demás seres
que abundantes pueblan este mundo nuestro.
(sigue…)
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¿ Desde cuando, o sólo ahora, se piensa que el lugar que corresponde a los poetas es un rincón ? ¿ Como un trasto inútil, que afea los bellos aposentos, que hay que ocultar por recato ?
Durante la época romántica los poetas de aquél entonces se proclamaban los heraldos y guías del futuro, que habrían de mostrar la senda a los pueblos hacia una existencia radiosa y más preclara que todo cuanto se vivió y se vió en ensueños.
Victor Hugo,Alphonse de Lamartine, Alfred de Vigny y muchos otros lo declararon sin ambajes, asignándose a sí mismos el papel de faros de la generaciones futuras. Antes que ellos, los senáculos de artistas se llamaron Parnasos.
¿ Ególatras, presumidos ? Tal vez… tal vez no. GENARO
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