Mujer de sentimientos de angel
esta rosa me recuerda a ti…
me recuerda tu encanto
que estremeció mi mundo
Eres la esperanza
que brilló en mis mañanas
en mi silencio
Eres la rosa del jardin
de mis sueños…
En un beso te diré
lo que mucho que te quiero
en un abrazo te hablaré
de mi silencio…
Cuando llegue ese dia
de nuestro encuentro
Y con el alma y mi corazón
en mi mirada
te buscaré entre
las rosas…
cerca del arcoiris
que auyentó la tormenta
Y te entregaré
la rosa que aunque mas bella
nunca podra llevar la belleza
y la magia de tu presencia
en mi corazón
que me volvió loco
por ti…
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Hace ya más de dos meses
que este silencio me hace sufrir,
al estar tan lejos, nunca había
sentido la distancia tan larga,
como ahora que mis años
ya son muchos, que mi tristeza
y mi soledad desconsuela más,
y más mi aburrida y pesarosa vida.
Todavía recuerdo aquellas tardes
floridas y brillantes,
donde nos acariciábamos mucho,
donde solo nos acompañaban
los balbuceos de la luz que nos
brindaban los cocuyos,
mis ojos provocativos prendidos
de los tuyos,
y las manos impacientes buscando
los nidos cálidos de nuestros cuerpos.
El paso de mi sobra apagada
se iguala con los ocasos
de mi impotencia.
Tú recuerdo tan sólo perfuma mi vida
malignamente, haciendo más
sangrienta y profunda la herida
de mi cuerpo;
tu delirio tan distante en esta noche insegura
igualan a tañidos tristes de campanas
que flamean sobre toda mi corta vida extinta.
Es ahora que sabes que en verdad
este cariño esta muerto,
que la decisiva tristeza hunde
la arrepentida situación de sus quimeras,
porque este amor es un amor olvidado.
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«¿Qué me valen tus riquezas
-respondióle la cristiana-,
si me quitas a mi padre,
mis amigos y mis damas?
Vuélveme, vuélveme, moro
a mi padre y a mi patria,
que mis torres de León
valen más que tu Granada.»
Escuchóla en paz el moro,
y manoseando su barba,
dijo como quien medita,
en la mejilla una lágrima:
«Si tus castillos mejores
que nuestros jardines son,
y son más bellas tus flores,
por ser tuyas, en León,
y tú diste tus amores
a alguno de tus guerreros,
hurí del Edén, no llores;
vete con tus caballeros.»
Y dándole su caballo
y la mitad de su guardia,
el capitán de los moros
volvió en silencio la espalda.
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Allí la altiva palmera
y el encendido granado,
junto a la frondosa higuera,
cubren el valle y collado.
Allí el robusto nogal,
allí el nópalo amarillo,
allí el sombrío moral
crecen al pie del castillo.
Y olmos tengo en mi alameda
que hasta el cielo se levantan
y en redes de plata y seda
tengo pájaros que cantan.
Y tú mi sultana eres,
que desiertos mis salones
están, mi harén sin mujeres,
mis oídos sin canciones.
Yo te daré terciopelos
y perfumes orientales;
de Grecia te traeré velos
y de Cachemira chales.
Y te dará blancas plumas
para que adornes tu frente,
más blanca que las espumas
de nuestros mares de Oriente.
Y perlas para el cabello,
y baños para el calor,
y collares para el cuello;
para los labios… ¡amor!»
Sigue:
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Corriendo van por la vega
a las puertas de Granada
hasta cuarenta gomeles
y el capitán que los manda.
Al entrar en la ciudad,
parando su yegua blanca,
le dijo éste a una mujer
que entre sus brazos lloraba:
«Enjuga el llanto, cristiana
no me atormentes así,
que tengo yo, mi sultana,
un nuevo Edén para ti.
Tengo un palacio en Granada,
tengo jardines y flores,
tengo una fuente dorada
con más de cien surtidores,
y en la vega del Genil
tengo parda fortaleza,
que será reina entre mil
cuando encierre tu belleza.
Y sobre toda una orilla
extiendo mi señorío;
ni en Córdoba ni en Sevilla
hay un parque como el mio.
Sigue:
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Aún quedan viejas tapias en el mundo.
(Sabemos que morir no es estar muertos).
Aún quedan en el alto acantilado
flores de brezo.
Sabemos al morir que nuestros pasos
cansados no querían ir tan lejos.
(Aún queda esa colina bronceada
de helechos secos).
La entraña del pinar es sombra pura.
Rayos de un sol de otoño velan, trémulos,
su orilla de vivientes florecillas
y húmedo suelo.
Rayos de un sol de otoño, nuestros pasos
no nos quieren llevar fuera del tiempo.
Morir —o huido barco entre las olas—
no es estar muertos.
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Mientras moría
sus verdugos sortearon entre si
su túnica,
única posesión en esta tierra.
Una vez muerto fue enterrado en una tumba
prestada gracias a la
compasión de un amigo.
Han pasado casi veinte siglos
y todavía él es la figura
central de la raza humana
y el líder del progreso
de la humanidad.
Todos los ejércitos qué han marchado,
todas las armados que han navegado
todos los parlamentos que han sesionado
todos los reyes que han reinado,
puestos juntos no han afectado
la vida del hombre en la tierra
tanto como esta sola vida solitaria.
enviado por Magdalena Pró
|
Nació en una oscura aldea,
hijo de una campesina.
Se crió en otra pequeña aldea
donde trabajó en una carpintería
hasta los treinta años.
Entonces, por tres años
fue un predicador itinerante
Nunca escribió un libro.
Nunca tuvo un cargo público
Nunca formó una familia,
o fue dueño de una casa.
No fue a la Universidad.
Nunca visitó una gran ciudad.
Nunca viajó más de trescientos kilómetros
desde el lugar donde
había nacido.
No hizo ninguna de las
cosas que ordinariamente
asociamos con grandeza.
No tuvo otra carta de
presentación que a si
mismo.
Tenía sólo treinta y tres años
cuando la marea de la
opinión pública se volcó
en contra de él.
Sus amigos se escaparon..
Fue entregado a sus enemigos,
se burlaron de él y le
sometieron a juicio. Fue clavado a una cruz
entre dos ladrones.
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ACTITUD DE AMOR
Todos en mayor o menor grado, creemos
que el éxito de una persona, que el reconoci-
miento humano por todo lo que ha realizado, es
lo que la hará pasar a la eternidad rodeada de
un halo de grandeza que perdurará por largo
tiempo. Y así, cuánto afán, cuánta lucha por
lograr los primeros puestos, por hacer obras
materiales perdurables, por llegar a la conquis-
ta del poder a costa de cualquier sacrificio, ol-
vidándose -la mayoría de las veces- de que la
grandeza de una persona se mide por su actitud
de amor, de entrega, y de servicio al prójimo,
que es donde reside Dios.
Se puede ser pobre, ser desconocido para
la mayoría, tener una vida sin destellos y, sin
embargo, poseer un ascendiente inigualado so-
bre millones de personas.
Así lo prueba esta biografía, de autor des-
conocido, que relata una de esas vidas:
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Tercera vez burlado,
- No es eso, no señor, dijo el Senado;
o el pueblo es muy zoquete, o muy ladino:
se prohibe mezclar vino con vino -
Mas ¡cuánto un pueblo rebelado fragua!
¿Creeis que luégo lo mezcló con agua?
Dejando entonces el Senado el puesto,
de ese modo al cesar dió un manifiesto:
La ley es red, en la que siempre se halla
descompuesta una malla,
por donde el ruín que en su razón no fía,
se evade suspicaz… ¡Qué bien decía!
Y en lo demás colijo
que debiera decir, si no lo dijo:
Jamás la ley enfrena
al que a su infamia su malicia iguala:
si se ha de obedecer, la mala es buena;
mas si se ha de eludir, la buena es mala.
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Tuvo un reino una vez tantos beodos,
que se puede decir que lo eran todos,
en el cual por ley justa se previno:
-Ninguno cate el vino.-
Con júbilo el mas loco
aplaudióse la ley, por costar póco:
acatarla después, ya es otro paso;
pero en fin, es el caso
que la dieron un sesgo muy distinto,
creyendo que vedaba sólo el tinto,
y del modo más franco
se achisparon después con vino blanco.
Extrañado que el pueblo no la entienda.
El Senado a la ley pone una enmienda,
y a aquello de: Ninguno cate el vino,
añadió, blanco, al parecer, con tino.
Respetando la enmienda el populacho,
volvió con vino tinto a estar borracho,
creyendo por instinto ¡mas qué instinto!
que el privado en tal caso no era el tinto.
Corrido ya el Senado,
en la segunda enmienda, de contado
-Ninguno cate el vino,
sea blanco, sea tinto,- les previno;
y el pueblo, por salir del nuevo atranco,
con vino tinto entonces mezcló el blanco;
hallando otra evasión de esta manera,
pues ni blanco ni tinto entonces era.
Sigue:
|
IV
La niña más bailadora,
«¡Aprisa! -le dice- ¡aprisa!»
Y el gaitero sopla y llora,
poniendo cara de risa.
Y al mirar que de esta suerte
llora a un tiempo y los divierte,
¡silban como Zoilo a Homero,
algunos sin compasión,
al gaitero,
al gaitero de Gijón!
V
Dice el triste en su agonía,
entre soplar y soplar:
«¡Madre mía, madre mía!
¡Cómo alivia el suspirar!»
Y es que en sus entrañas zumba
la voz que apagó la tumba;
¡voz que, pese al mundo entero,
siempre la oirá el corazón
del gaitero,
del gaitero de Gijón!
VI
Decid, lectoras, conmigo:
¡Cuanto gaitero hay así!
¿Preguntáis por quien lo digo?
Por vos lo digo y por mí.
¿No veis que al hacer, lectoras,
doloras y más doloras,
mientras yo de pena muero
vos las recitáis al son
del gaitero,
del gaitero de Gijón?…
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Ya se está el baile arreglando.
Y el gaitero, ¿dónde está?
«Está a su madre enterrando,
pero enseguida vendrá».
«Y ¿vendrá?» «Pues ¿qué ha de hacer?»
cumpliendo con su deber.
vedle con la gaita…, pero
¡cómo traerá el corazón
el gaitero,
el gaitero de Gijón!
II
¡Pobre! Al pensar en su casa
toda dicha se ha perdido,
un llanto oculto le abrasa,
que es cual plomo derretido.
Mas, como ganan sus manos
el pan para sus hermanos,
en gracia del panadero
toca con resignación
el gaitero,
el gaitero de Gijón.
III
No vio una madre más bella
la nación del sol poniente…
pero ya una losa de ella
le separa eternamente.
¡Gime y toca! ¡Horror sublime!
Mas, cuando entre dientes gime,
no bala como un cordero,
pues ruge como un león
el gaitero,
el gaitero de Gijón.
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Hay profesiones muy destacadas en las mujeres haciéndolas celebres en las ciencias, literatura, arte y política, también hay mujeres que se desempeñan en diferentes oficios haciendo de ellas mujeres notables, pero a la vez son mujeres a las que no se les reconoce la abnegada dedicación, muy al contrario se les discrimina con bajos salarios, cumpliendo con más horas de trabajo, llevándolas a un desgaste físico y psicológico. Por lo general estas mujeres suelen llevar todo el peso de ser jefas de hogar:
La mujer en su condición genérica fue diseñada para cumplir el rol de ser madre, este rol sin menoscabar los roles mencionados supera todas las profesiones y oficios siendo compatible con esfuerzos y sacrificios para cumplir con los roles profesionales y técnicos, los ejemplos los tenemos en la política, las vemos ocupando cargos tan importantes como ser jefe de estado, vale decir presidentas de naciones, científica con premio Nóbel, cuantas veces han sido poetisas, cuando acunaban en sus pechos al hijo y hacían salir de lo más intimo de su ser, poemas, cuentos y frases con los sentimientos más delicados que puede tener un ser humano, son las orfebres perfectas en la formación de sus hijos, tallan con paciencia y dedicación para hacer de ellos diamantes de gran valor,
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también son médicos y enfermeras, para ellas no hay turnos ni horarios sólo esmero por aliviarlos y mejorarlos y no descansan hasta verlos nuevamente sanos, seguir describiéndolas en las distintas profesiones u oficios no terminaría nunca, ustedes madres son luz en el caminar de sus hijos, Biblia en sus enseñanzas, no en vano los poetas les han escrito poemas, los escultores han erigidos monumentos en su honor, son ustedes manantial de agua viva.
Si tienes la dicha de tenerla con vida, bésala en su frente y dile cuanto la amas, si la tienes muerta, eleva una plegaria en su memoria ¿por qué? Por qué MADRE HAY UNA SOLA.
Coya, mayo 2008
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