Busca la perfección sabiendo,
que no la hallarás en una sola vida.
Ello, te proporcionará mas esperanzas
que desesperanzas
y te mantendrá listo cada vez
que el camino de la vuelta.
Encuentra el rumbo enalteciendo la belleza de todo cuanto te rodea,
cada cosa que te envuelve
es un sendero a recorrer.
Procura ser sincero contigo mismo
y juzga con justeza tus actitudes,
sin renunciamientos,
hasta saber el origen de cada una de ellas, eso,
te abrirá el corazón de tus semejantes.
Disfruta con alegría de todo lo que hoy tienes transitoriamente,
ya que nada posees en este mundo
más que la esencia de tu vida.
Se prudente en tus expresiones,
tus palabras pueden confundir y desolar
a quienes tengan una visión distinta
y no tan fortalecida de las cosas.
Educa tu sexto sentido
ejercitando la mente.
Sumérgete en la meditación,
aprenderás a conocer la paz
y cada rincón de tu espíritu.
No olvides que el mañana
se levanta por sobre el hoy
y que no existen más límites a tus sueños que los que tu cristalices
frente a tus ojos.
Domina tu ego,
en todo momento ten presente tu pequeñez
respecto del universo al que perteneces.
Fortalece tu espíritu tratando
de no quebrar la unión mística
que hay entre el leal saber y el obrar.
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Como la rosa: nunca
te empañe un pensamiento.
No es para ti la vida
que te nace de dentro.
Hermosura que tenga
su ayer en su momento.
Que en sólo tu apariencia
se guarde tu secreto.
Pasados no te brinden
su inquietante misterio.
Recuerdos no te nublen
el cristal de tus sueños.
Cómo puede ser bella
flor que tiene recuerdos.
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“No exijas del mundo lo que no exiges de ti mismo. No exijas de ningún hombre aquello que no permitas que él exija de ti”.
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EN LA CALIDA TARDE SE UNDIA.
EL SOL EN SU OCASO
Y SU ARDIENTE CALOR FUEGO PURO
DE POLVO DORADO.
EN LAS AGUAS DEL MAR, UNA BARCA
BOGANDO, BOGANDO
SE APARTABA VELOZ DE LA ORILLA
Y SE IVA ALEJANDO
AL PAIS DE LOS SUEÑOS VOLABA
SE IBA COLUMBIANDO
A LA LUZ DEL PONIENTE EN LAS OLAS
QUEBRADA EN MIL RAYOS
PARECIAN DE ORO BRUÑIDO
LOS REMOS MOJADOS
Y LA BARCA GRACIOSA Y LIGERA
SEGUIA BOGANDO
LA SEGUÍ, CON MI TRISTE MIRADA
LARGO… LARGO RATO
Y PENSÉ, CONVERTIRME EN REMERO
Y CRUZAR LOS MARES
Y ESTAR A TU LADO.
Esaga
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Canta, me dices. Y yo canto.
¿Cómo callar? Mi boca es tuya.
Rompo contento mis amarras,
dejo que el mundo se me funda.
Sueña, me dices. Y yo sueño.
¡Ojalá no soñara nunca!
No recordarte, no mirarte,
no nadar por aguas profundas,
no saltar los puentes del tiempo
hacia un pasado que me abruma,
no desgarrar ya más mi carne
por los zarzales, en tu busca.
Canta, me dices. Yo te canto
a ti, dormida, fresca y única,
con tus ciudades en racimos,
como palomas sucias,
como gaviotas perezosas
que hacen sus nidos en la lluvia,
con nuestros cuerpos que a ti vuelven
como a una madre verde y húmeda.
Eras de vientos y de otoños,
eras de agrio sabor a frutas,
eras de playas y de nieblas,
de mar reposando en la bruma,
de campos y albas ciudades,
con un gran corazón de música.
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La poesía es un bello sentimiento que plasma en un escrito nuestra alegría, nuestra tristeza o dolor, y lo decimos a viva voz para que todos oigan nuestro sentir, nuestro momento, y es que todos nosotros estamos llenos de momentos que dan vida y forma a nuestro ser.
Y nos da vida porque la poesía es si misma encierra vida, desprende amor, la poesía es sentir, es hablar, es tocar, es todo lo que hacemos, y así como la raíz brota de la tierra… así mismo desde muy dentro de nosotros brota la poesía, nuestro mayor sentimiento expresado en un escrito o recitado en palabras que dibujan lo que siente un corazón.
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Hay una persona a la cual no te queda otra alternativa que creerle. Tú mismo. Para que tu mundo tenga sentido, debes creer en lo que te dices. Hacer lo contrario te llevaría a la locura. El problema es que no todo lo que te dices es para tu propio beneficio. ¿Alguna vez te has encontrado diciéndote “Nunca podré terminarlo” o “Simplemente no sirvo para esto”? ¿Qué sentido tiene decirte algo así? ¡Ninguno! No logra nada, más que convencerte de tu propia debilidad. Cuando te descubras haciéndolo, detente. Y en cambio, dite algo como “Estoy haciendo progresos” o “Estoy haciéndolo mejor cada vez”. Sea lo que fuere que te digas a ti mismo, lo creerás. Y sea lo que sea que creas, serás. Esa es la fuerza de las afirmaciones positivas. No son tan sólo rituales escapistas para “sentirse bien”, sino que realmente programan tu mente para el éxito. Después de todo, tú eres tu consejero más confiable. Asegúrate de estar dándote a ti mismo el mayor apoyo, el mejor consejo y el mayor aliento posible, cada día.
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Ahora ya es tarde. Sabemos. Pensamos. (Buscábamos almas.)
Ahora sabemos que el alma no es piedra ni flor que se toca.
Como astros gemelos y ajenos pasamos, sabiendo
que el alma se niega si el cuerpo se niega.
Que nunca se logra si el cuerpo se logra.
Dejamos encima del mar marchitarse la luna.
Cómo errar, por los años, sin gloria.
Cómo aceptar que las almas son vagos ensueños
que en sueños tan sólo se dan, y despiertos se borran.
Qué consuelo ha de haber, si lograr una gota de un alma
es pretender apresar el latir de la tierra, desnuda y redonda.
Estamos despiertos. Sabemos. Como astros soberbios, caídos,
sentimos la boca glacial de la muerte tocar nuestra boca.
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Apagamos las manos. Dejamos encima del mar marchitarse la luna
y nos pusimos a andar por la tierra cumplida de sombra.
Ahora ya es tarde. Las albas vendrán a ofrecernos sus húmedas flores.
Ciegos iremos. Callados iremos, mirando algo nuestro que escapa
hacia su patria remota.
(Nuestro espíritu debe de ser, que cabalga
sobre las olas.)
Ahora ya es tarde. Apagamos las manos felices
y nos ponemos a andar por la tierra cumplida de sombra.
Hemos caído en un pozo que ahoga los sueños.
Hemos sentido la boca glacial de la muerte tocar nuestra boca.
Antes, entonces, con qué gozo ardiente,
con qué prodigioso encenderse de aurora
modelamos en nieblas efímeras, en pasto de brisas ligeras,
nuestra cálida hora.
Y cómo apretamos las ubres calientes. Y cómo era hermoso
pensar que no había ni ayer, ni mañana, ni historia.
Ahora ya es tarde; apagamos las manos felices
y nos ponemos a andar por la tierra cumplida de sombra.
Cómo errar por los años, como astros gemelos, sin fuego,
como astros sin luz que se ignoran.
Cómo andar, sin nostalgia, el camino, soñando dos sueños distintos
mientras en torno el amor se desploma.
Sigue:
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Hay una persona a la cual no te queda otra alternativa que creerle. Tú mismo. Para que tu mundo tenga sentido, debes creer en lo que te dices. Hacer lo contrario te llevaría a la locura. El problema es que no todo lo que te dices es para tu propio beneficio. ¿Alguna vez te has encontrado diciéndote “Nunca podré terminarlo” o “Simplemente no sirvo para esto”? ¿Qué sentido tiene decirte algo así? ¡Ninguno! No logra nada, más que convencerte de tu propia debilidad. Cuando te descubras haciéndolo, detente. Y en cambio, dite algo como “Estoy haciendo progresos” o “Estoy haciéndolo mejor cada vez”. Sea lo que fuere que te digas a ti mismo, lo creerás. Y sea lo que sea que creas, serás. Esa es la fuerza de las afirmaciones positivas. No son tan sólo rituales escapistas para “sentirse bien”, sino que realmente programan tu mente para el éxito. Después de todo, tú eres tu consejero más confiable. Asegúrate de estar dándote a ti mismo el mayor apoyo, el mejor consejo y el mayor aliento posible, cada día.
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La estrella aún flotaba en las aguas.
Río abajo, a la noche del mar, la llevó la corriente.
Y de pronto la mágica música errante en la sombra
se apagó, sin dolor, en el fresco silencio silvestre.
Imagínate tú, piensa sólo un instante,
piensa sólo un instante que el alma comienza a caerse.
(Las hojas, el canto del agua que sólo tú escuchas:
maravilloso silencio que pone en las tuyas su mano evidente.)
Piensa sólo un instante que has roto los diques y flotas sin tiempo en la noche,
que eres carne de sombra, recuerdo de sombra; que sombra tan sólo te envuelve.
Piensa conmigo «¡tan bello era todo, tan nuestro era todo, tan vivo era todo,
antes que todo se desvaneciese!»
Imagínate tú que hace siglos que has muerto.
No te preguntan las cosas, si pasas, quién eres.
Procura un instante pensar que tus brazos no pesan.
Son nada más que dos cañas, dos gotas de lluvia, dos humos calientes.
(¡Tan bello era todo, tan nuestro era todo, tan vivo era todo!)
Y cuando creas que todo ante ti perfecciona su muerte,
abre los ojos:
El trágico hachero saltaba los montes,
llevaba una antorcha en la mano, incendiaba los bosques nacientes.
El río volvía a mojar las orillas que dan a tu vida.
El prodigio era tuyo y te hacías así vencedor de la muerte.
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Creo en el desinterés del sentimiento de la Amistad.
Creo que éste caracteriza mi forma de vida.
Creo que es un deber el tener amigos.
Creo que para tener amigos, debo ser yo, primero, amigo.
Creo que no es posible ser amigo de todos.
Creo que puedo tener hacia todos actitudes amistosas.
Creo que la amistad tiene grados.
Creo que mis amigos se aproximan cuando yo me acerco a ellos.
Creo que la Amistad puede pacificar la naciones.
Creo que entre amigos no se admite la complicidad ni el pandillismo.
Creo que “amigo” no es necesariamente el que da dinero.
Creo que mis amigos necesitan mi presencia, y yo la de ellos.
Creo que se puede vivir teniendo un amigo por toda riqueza.
Creo que yo solo no puedo cambiar el mundo.
Creo que con mis amigos puedo alegrar y embellecer la vida.
Creo en la virtud, en la alegría, en la pureza, en la paz y
Creo en vos, Amigo o Amiga mía…
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Un par de lágrimas, para que se alberguen entre tu alma y corazón; así, si en algún segundo la soberbia daña tu andar, sea una muestra de sensibilidad ajena la que te ayude a no cometer injusticias.
Hoy quiero desearte… que compartas tus alegrías con los seres que amas, para que cuando creas que caminas en la soledad, mil angelitos resguarden tu mirada.
Hoy quiero obsequiarte… lo más bello que puedas recibir mientras transformas estas líneas en un espejo; donde la ternura que aquí encuentres y donde la belleza que aquí nazca, te de la certeza de que no estás solo(a). la alegría y la satisfacción de servir.
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Quiero regalarte…… Amistad, para que cuando tu alma añore un(a) amigo(a), sin pensarlo busques, y ese alguien corra a tu lado.
Sonrisas, para que cuando tus lágrimas escurran tras la cascada de tu mejilla en un día gris, sean las risas las que iluminen tus tristezas. Grandes sueños, para que cuando en tu mente exista un vacío, sean aquellos bosques cubiertos de invierno los que atrapen la atención de tu pensamiento.
La fuerza de unas manos, para que cuando tus tobillos se cansen, los hombros de alguien te sirvan de fuerza al andar.
Un ramo de abrazos, para que cuando los tropiezos te dificulten el andar, sean los ánimos una esperanza que te ayuden a continuar. Una estrella joven, para que cada vez que el sol descanse, sea esa fiel luz la que te acompañe.
Un pedacito de humildad, para que cuando los éxitos engrandezcan tu persona, sea la sabiduría el aire mágico que te haga valorar lo que otros desprecian al llegar a una nueva orilla.
Mi cariño sincero, para que cuando sientas que nadie te acompaña, recuerdes que en paisajes verdes o valles áridos mi pensamiento siempre te lleva de la mano.
Un abrazo inmenso, para que cuando necesites sentir tus fuerzas sean éstos, el puerto de tus emociones.
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Me tendí sobre la hierba entre los troncos
que hoja a hoja desnudaban su belleza.
Dejé el alma que soñase:
volvería a despertar en primavera.
Nuevamente nace el mundo, nuevamente
naces, alma (estabas muerta).
Yo no sé lo que ha pasado en este tiempo:
tú dormías, esperando ser eterna.
Y por mucho que te cante la alta música
de las nubes, y por mucho que te quieran
explicar las criaturas por qué evocan
aquel tiempo negro y frío, aunque pretendas
hacer tuya tanta vida derramada
(era vida, y tú dormías), ya no llegas
a alcanzar la plenitud de su alegría:
tú dormías cuando todo estaba en vela.
Tierra nuestra, vida nuestra, tiempo nuestro…
(Alma mía, ¡quién te dijo que durmieras!)
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