En general, me contento muy bien con alguna fruta al natural o en un almíbar ligero.
Sin embargo, hago una excepción con una porción de gengibre confitado, trozado en rebanadas finas. Es delicioso para concluir felizmente un almuerzo muy especial.
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Difícil cuestión, pues hay no pocos buenos actores actuales y en el pasado, así como buenísimas actrices. Hay quienes confunden una consideración de orden artístico, de buena actuación en la pantalla, el advertir que alguien actúa admirablemente en una o en varias películas, que representa su papel en ellas con maestría, convincente, con una presunta atracción sexual que correspondería más bien a una fijación psicopática, a un fantasmar con ideas más o menos desquiciadas.
La belleza o fealdad física de alguien no tiene nada que ver en tal apreciación, se puede admirar a un buen actor que le da una tercera dimensión a un papel muy alejado de la adoración maniática como, por ejemplo, el odioso personaje Aníbal Lector.
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Me parecería urgente que lo más pronto posible se proclame a través de todo el mundo la abolición de la pena de muerte y de la prisión de por vida, como contrarias a la dignidad de la especie humana.
Me parece escuchar las protestas airadas de los partidarios de dichas penas. Será bueno, en efecto, de reconocer que estos, esos o aquellos individuos merecen sobradamente la ejecución de dichas sentencias sobre ellos. Pero la justicia humana y la ley, renuncian a esas medidas propias de otras épocas ya fenecidas, por ser indignas de la calidad humana de quienes juzgan a dichos delincuentes.
Esta medida mundial sin ninguna excepción, sin escapatoria posible, nos daría dar un gran paso en adelante en nuestra imperfecta civilización.
Eso no obsta para que tales individuos sean condenados severamente, a trabajar para con sus salarios mejorar la existencia de sus víctimas o de otras personas desvalidas.
Su cumplimiento se terminaría cuando llegaran a una edad muy avanzada (por ejemplo, a los 85 años) si su salud mental y moral lo permite.
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En ninguna.
Mi buena estrella me ha concedido una apariencia normal, corriente, discreta. No tengo la pretención ni la coquetería de querer ir más allá de lo que el destino me deparó.
No asusto a nadie con mi presencia, ni despierto mofa entre las gentes normales que suelo frecuentar, eso es para mí más que suficiente.
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¡Qué pregunta!
1.- Respuesta negativa:
Conquistar, quiere decir no poseer aún, estar tratando de conseguir lo que no está a nuestro alcance.
A mis edad, 77 años y medio, sería yo muy obtuso si no tuviera ya por cierto y seguro que la partida está perdida.
¿Seguir luchando con denuedo?
¿Seguiré en mi empeño cuando esté en silla de ruedas, o clavado en un lecho hasta que exhale mi último suspiro y me pongan en un ataúd?
Dejemos, en consecuencia, el asunto de lado, y a callar la respuesta, para no enlodar la pureza de estas páginas.
2.- Respuesta positiva: Afirmativo.
No continuaré esa brega por la simple razón de que el objetivo anhelado ya fue alcanzado hace ya muchos años, en que me batí contra todo el mundo y después de algunos fracasos (seguramente no se trataba del amor de mi vida, tan sólo de un resultado incierto debido a mi inexperiencia) di de lleno en el blanco propuesto.
Hasta ahora todo va bien.
Cuando uno llega a la cumbre de sus ensueños y espectativas, no intenta ir más lejos y más arriba, pues sería absurdamente inútil y arriesgado.
A veces miré por encima de la tapia de mi predio, y sonreí a alguna vecinita afable, pero sin ir más lejos.
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No hay nada más dulce que los árboles, arbustos y plantas que se despiden muy a su pesar antes de entrar en letargia en el próximo invierno. El otoño nos introduce calmadamente en la estación fría, nos da el tiempo necesario para adaptarnos al clima más riguroso, y se despide de nosotros con una fina dignidad, para infundirnos la certeza de un próximo despertar una vez transpuestos los días de frío intenso, de lluvias, celliscas, de granizos y la mortaja de la nieve.
Sus colores, más sorprendentes que las flores presuntuosas, por los tonos vigorosos y sobrios de la hojarasca en un comienzo verde, luego amarilla dorada y parda, roja, violácea, blanca o negra.
La estabilidad del tiempo otoñal nos permite prever, salir tranquilos, sin prisa excesiva, para saborear la dulzura, el crujido de las hojas, el sabor de algunos frutos, nueces y avellanas. El viento es generalmente una brisa tónica que nos arranca de la ensoñación y a veces nos arranca el sombrero, en una travesura honesta y sin consecuencias. Nos le parecemos en algo de su espíritu de caballero sereno y tranquilo, que gusta de la buena música algo melancólica, A nuestra manera, también nos despedimos, por si el invierno nos impide ir más lejos; y avanzamos sin miedo, El más allá, la muerte, inclusive la enfermedad, son trances propios de nuestra condición mortal y humana, que hay que vivir con entereza.
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A decir verdad, ni una cosa ni la otra. Es bastante pueril esa actitud de querer sorprender a los demás.
En general, prefiero evitar las sorpresas, pues muy a menudo son mal interpretadas, u obligan a la persona que recibe la “sorpresa” a fingir una sorpresa, o un placer inexistentes.
A mi vez, detesto tener que demostrar con una aplicación didáctica y caras de sorprendido rara vez convincentes, que la “sorpresa” me ha complacido sobremanera, y luego deshacerme en agradecimientos algunas veces insinceros, para no frustrar al que cree obsequiarme.
Y quedar, además, obligado hacia la persona que me impuso su “sorpresa”.
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Cuando salgo de casa, acostumbro verificar que llevo mi DNI, mi tarjeta de crédito, mis llaves.
Además, salgo con mis pensamientos, mi conversación íntima,
La tarjeta de identidad, es una vieja costumbre desde que vine a habitar en otro país que el mío, en 1969. Años después, retomé dicho hábito, con la inquietud de quien espera un encuentro con las autoridades, más vale tener los papeles personales para probar su buena fe. Las llaves, es obvio, para entrar a mi domicilio, si mi familia estuviese ausente, esa precaución me evitaría un plantón innecesario.
Mi tarjeta bancaria me permite comprar algo si se presenta la oportunidad y que recuerdo que ese algo ya se ha agotado en casa.
Un atadito de pañuelos de papel para casos de urgencia, en que me sobreviene una serie de estornudos.
Dos o tres cuadraditos de papel en blanco y una lapicera fuente para tomar notas si tengo algo que anotar, para no olvidarlo.
Mis guantes, mi boina, mi bufanda, por tiempo lluvioso o muy frío.
A veces, el telefonito celular. Casi superfluo, pues nadie me llama, yo no llamo a nadie. Para un caso de problema de salud, para recurrir al servicio de urgencias.
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¿Para qué querer superpoderes?
Personalmente, yo haría mía la respuesta de Salomón : yo preferiría poseer la sabiduría, antes que las riquezas y que el poder. Saber las cosas, los fenómenos, sus causas y sus consecuencias, valdría más que acumular riquezas.
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Suelo comprar libros por Internet. Es cómodo como sistema, y uno se da el gusto de adquirir ejemplares de libros, de diccionarios u otras obras.
Los libros de formato “de bolsillo” son prácticos pues ocupan poco espacio, no hay necesidad de tener bibliotecas suplementarias paa acomodarlos.
También recurro al empréstito por parte de la mediateca del pueblo, que ofrece un surtido de materiales, entre otros los DVD con películas, conciertos. Es un servicio gratuito ofrecido por las autoridades de la ciudad, en un excelente local y personal muy amable.
También me ocurre de pedir componentes electrónicos para ordenadores. Le servicio es impecable, y rápido. Tal vez me aventuraré a comprar artículos distintos, tales como calzado, botas, camisas, etc.
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¿De qué enterarse acerca de los demás usarios de Mayormente?
Por supuesto, de todo lo que dichas personas juzguen necesario u oportuno de revelar acerca de ellos mismos, sin someterlos a interrogatorios inquisitoriales.
No me parecería razonable de aplicar a otros esos mismos tratamientos que detesto cuando intentan aplicarlos conmigo.
De ese modo, me formaré una idea sobre ellos, sus intereses e inquietudes, sus valores, sus aptitdes. O tal vez no, pero no lo lamentaré, pues en esta comedia que es la vida, no se puede reprochar a nadie que resuelva cubrir su faz con una máscara para hacer mejor figura que la que le dio la naturaleza, ni los gestos teatrales que la acompañan, como en el carnaval de Venecia.
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He notado con agrado que las preguntas de estos últimos diez días han tomado un cariz más general y correcto para los participantes. Por lo tanto, me permito felicitar a la persona que está haciendo realidad aquello por lo que muchos de nosotros los lectores de MM han manifestado en numerosas oportunidades su desiderata, y la desaprobación por la porfía de seguir por la mala vía.
Actualmente, sólo faltaría morigerar a nuestros colegas en hispanidad oriundos de Argentina que se complacen en irritar a todos los demás con su “humor” con aroma de estiércol, sus imprecaciones de mal gusto, sus pésimas maneras de tratar a quienes les toleran por simple cortesía.
Veremos cuánto tiempo tomará resolver este último párrafo. Mil gracias de antemano.
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Querida amiga Atreyu,
Primero que nada, mi más cordial saludo de bienvenida para ti por tu grata presencia en este foro que te acoge con los brazos abiertos.
Te agradezco tu amable aporte a estas simples líneas con las que quiero expresar mi modesto y sincero parecer por lo que acontece en estos mundos y por lo que siento en mi fuero íntimo. Cien caracteres son un espacio exiguo para comunicar una opinión completa y justa. Por lo demás, en ocasiones prefiero hablar de otra cosa, tan poco me siento tocado por las preguntas más o menos disparatadas que se formulan en otra página. Pues es razonable esperar que se nos solicite nuestra opinión en tanto que personas de edad avanzada, con nuestras reflexiones, problemas, sentimientos y experiencias, pues no todos estamos en un estado tal que el internamiento en un hospicio sea nuestro único futuro previsible.
Hasta muy pronto, querida amiga, le deseo muchas felicidades ahora y siempre. GENNARO.-
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