Hay que encender una luz,
por pequeña que sea,
aunque tengas la noche en los ojos
y el alma deshecha.
Uno sabe que siempre la paz
sobreviene a la guerra,
y que sirve decir tu verdad
aunque nadie la crea.
Hay una hoja esperando
que escribas en ella y detrás del teléfono
hay alguien que sufre tu ausencia.
No te quedes ahí mezquinando
tu grano de arena,
porque todos veremos tu luz
por pequeña que sea.
La madrugada puede más que latormenta
y el calor de la mañana,
en el borde de tu cama, se sienta.
Es la vida y la muerte
lo que en este juego apuestas.
Cuando sales a la calle sin miedo
y pateando las piedras.
Hay que intentar el amor
aunque el odio no ceda,
porque el tiempo perdido se paga
en la misma moneda.
Y si quieres que juntos lleguemos
a ser una hoguera
es preciso que enciendas tu luz,
por pequeña que sea.
(Anónimo )
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Te felicito por este poema, amiga Samanta.
Es muy sentimental y demuestras lo que es un madre y lo que han hecho y hacen las nuestras a lo largo de los años.
Eres sensacional !!!!!!!
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Es el elogio (hehco poema) más bonito, hacia una madre, que he leido en mi vida. !Ojala todos los hijos supiéramos hacer lo mismo¡¡ Porque aunque las madres, lo que hacemos, es por puro amor y no porque nos lo agradezcan, siempre nos gusta que nos lo reconozcan. Que Dios bendiga la mente de SAMANTA para que siga escribiendo con tanta clarividencia.
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Mamá, déjame que me siente a tu lado;
déjame que te lea despacio
este canto de amor y alabanza
que anoche te escribí en mi cuarto,
mientras iba pasando en mi mente
los recuerdos de nuestro pasado.
Te veía madre, joven, hermosa, fuerte;
siempre con un hijo cogido en tus brazos;
Pariéndonos a unos, a otro amamantando,
con cara de pena a veces,
riendo también, y cantando.
Ocultando problemas,
para que nunca nos hicieran daño.
A veces con hambre,
y de nuestras sobras siempre rebañando;
sonreía feliz para que no viésemos
en tus ojos el llanto.
Al marcharnos de casa pensaste:
“Mi misión ya se ha terminado”
Sin saber que eso nunca se acaba,
que no sustituye nada
el calor y el amor de tus brazos.
Y que sólo con hablar contigo,
y poderte contar los fracasos,
las penas o los gozos,
eres un refugio donde hallar descanso.
Ahora, al final de la vida,
cuando el pelo se tiñe de blanco
y las arrugas que surcan tu piel
nos recuerdan lo que tú has pasado,
¡Aún te encuentro más hermosa, madre!
Pues en tu rostro llevas archivado
una vida de amor y de entrega,
que da paz a tu semblante cansado.
Yo te quiero tanto, tanto,
que con este poema quiero agradecerte
todo el amor que me has dado.
Que Dios te bendiga por siempre,
y que halles en Él la Luz y el descanso.
¡Querida mamá, todos te adoramos!
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Cantemos y bailemos
Al amor, el ser supremo
Poderoso es el señor
Canta mejor que un cantor.
Su poder es tan inmenso
Puede hacer brotar las flores
Acentuar a sus colores
Y su perfume es incienso.
Mas ésto sabemos todos
Su in fluencia es tan notable
Por su carácter…amable
Llega a la puerta y penetra
Nadie lo puede atajar
Ël entra de cualquier modo.
Oscar Néstor.
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El anciano es un tesoro
que debemos respetar;
necesita amor, cariño,
comprensión y caridad.
En ningún hogar del mundo
falte nunca un buen anciano;
sus ejemplos nos animan,
ellos nos dieron la mano.
Si consejos necesitas,
el abuelo te los da
como las flores del campo,
como rosas el rosal.
Bondad, belleza, atractivo
fueron, como puedes ver,
estos ancianos de hoy,
que fueron niños ayer.
Héroes de vida oculta,
lucharon como guerreros
para dejar a sus hijos
de sus tronos herederos.
Rocío de la mañana
y perlas cuajadas son.
A mis padres ancianitos,
GUÁRDAMELOS BIEN, SEÑOR.
GOYA SAETA, BURGOS
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Érase un loro maldito
que se gloriaba de santo,
porque siempre era su canto
el Santo Dios y el Bendito.
—¡¡¡Calla, necio, y no eches plantas
(dijo un grillo) ni te alabes:
pues si cantas lo que sabes,
nunca sabes lo que cantas!!!-
¡¡¡ Y tuvo razón el bicho !!!
Y aun sus tiros se enderezan
a esos que rezan y rezan
sin saber lo que han dicho.
“Pues la cristiana oración
jamás se remonta al Cielo,
si no le prestan su vuelo
la mente y el corazón.
CAYETANO FERNÁNDEZ
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Creando un nuevo foro, debido a los choques entre damas y caballeros por la pregunta del hoy y a un foro olvidado de buscar parejas que ayer me encontré he puesto en solidaridad: DE TUERCAS Y TORNILLOS…. A vos quien entra aquí estás cordialmente invitado, Anna
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Bueno bueno, pediste nuestras opiniones…
No creo realmente las necesites, sabés que la poesía y el arte de escribir nacieron con vos…Pero antes de seguir, una palabrita porque me ha chocado feo que alguien se tomara el atrevimiento de “calificarte”.
¿Quién diablos le otorgó semejante atribución?? ¿Cómo se permite calificar una poesía ? ¿Dönde están sus títulos? Y aunque los tuviera, (que lo dudo porque es un dislate lo que pone) cómo se arroga el derecho?
No tolero a los presuntuosos, no tolero a los arrogantes….
Tu poema madreselva me encantó. Por tantos motivos.
Porque me sentí identificada en muchas partes, porque usás muchos verbos y sustantivos, y no tantos adjetivos,
y sería interminable la lista…para qué seguir…no tiene sentido hacerlo…sos una genia de las letras, como decimos los argentinos, te las hacés de goma…
Felicitaciones, pero quién soy yo ni para felicitarte ?
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Ni el candor de tu rostro, que revela
que tu sensible corazón dormita,
ni tu mórbido seno que palpita,
ni tu inocente gracia que consuela;
ni tus brillantes ojos de gacela,
ni tu boca de grana, urna bendita
donde un beso parece que se agita
cual mariposa que vagar anhela,
inspiran más al alma enamorada,
por tus encantos celestiales loca
ya tu yugo hace tiempo encadenada,
que ese lunar que a adoración provoca…,
¡pequeña, fugitiva pincelada
que el Amor quiso dar junto a tu boca!
NICOLÁS AUGUSTO GONZÁLEZ ( Ecuador )
Para vos Cris.
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Recuerdo
las semillas semiabiertas
que dejan escapar
copiosas lágrimas.
Y me detengo,
arañando el dolor,
en el borde inicial de la esperanza:
¡Hay un pequeño arrullo amanecido
en la armonía solemne de mi mano!
La lluvia sigue
destrozando estrellas
sobre la fragua inerte de mis ojos.
Dejo rodar mis párpados cansados
y el huracán escapa, potro salvaje
hacia el encuentro.
Rompo el cristal antiguo
-labio callado que me niega-
y una pequeña gota me bendice.
La lluvia quiere
alojarse perenne entre mis manos,
deshabitar la mineral hoguera
que la engendra y destruye,
y florecer.
El viento es sólo un inocente nombre
para llamar al miedo
en la raíz primaria de las cosas.
La lluvia,
Entre mis ojos, ¡ Es poema!
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Recuerdo
las semillas semiabiertas
que dejan escapar
copiosas lágrimas.
Y me detengo,
arañando el dolor,
en el borde inicial de la esperanza:
¡Hay un pequeño arrullo amanecido
en la armonía solemne de mi mano!
La lluvia sigue
destrozando estrellas
sobre la fragua inerte de mis ojos.
Dejo rodar mis párpados cansados
y el huracán escapa,
potro salvaje
hacia el encuentro.
Rompo el cristal antiguo
-labio callado que me niega-
y una pequeña gota me bendice.
La lluvia quiere
alojarse perenne entre mis manos,
deshabitar la mineral hoguera
que la engendra y destruye,
y florecer.
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¡Quiero gritar!
Decir tan sólo una palabra oscura
Pero el sonido,
después de recorrer todo el misterio,
vuelve hasta mí, indolente,
y me desata.
Sin haber fecundado un solo tímpano.
Fiel a mi transparencia
de campana impronunciada.
La luz,
en el abismo de los ojos,
anhela, estéril
su viaje hacia el encuentro.
Y yo,
desnuda y transparente,
escondo el prisma tibio
de mis huesos.
Soy
como un dios sin mundo
y esta lágrima ingenua que me envuelve,
desesperada busca
un solo ojo para crear la lluvia…
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Libre, llegó del sol.
Como una ofrenda aceptó mi duelo:
Soy una rosa herida de Silencio,
engendrada en el grito de la tierra.
Abdiqué del color,
y recibí el bautismo de la duda
en la extensión total de su misterio.
¿Cómo sabré,
con tanta luz ausente
si es fértil o rebelde la mañana?
Aún conservo tibio
entre mis dedos
el polen necesario
a cada aurora.
Lanzo los puños
y no atrapo soles.
Quiebro los ojos
y no brotan mares.
Pero sé lo que soy:
Muñón de lágrima que taladra rocas,
cristal de duda
engendrador de estrellas.
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He comenzado a comprender la noche
quebrando entre mis ojos
los espejos.
El filo de la luz
que hirió el espacio
ha regresado a deshilar mis venas.
Despacio, muy despacio
he resbalado
por la espiral ardiente del Silencio.
Mi carne grita y reclama soles,
ruedan los ojos de amasar estrellas.
Atrás quedan las luchas,
los colores,
la aurora palpitante y sin fronteras.
El rojo de mi cuerpo se hace
pardo, índigo, negro,
hasta cristalizar:
¡corazón de diamante entre la roca!
Todo es vertical:
la lluvia, el tiempo, la caricia, el miedo.
Sólo mi frágil pájaro de asombro
puede atraparme impune
entre su vuelo.
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