Podemos escoger lo que vamos a sembrar. pero estamos obligados a cosechar aquello que sembramos.
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Hebra sola no hace cuerda y árbol solo no hace selva.
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Aquél cuya sonrisa le embellece, es bueno; aquél cuya sonrisa le desfigura, es malo.
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Primero Dios, aunque los ángeles se arrechen.
A base de pereza, nadie se endereza
A bodas y bautizos, nunca vayas de improviso.
A buen hambre, no hay mal pan
A caballo regalado, no se le mira el diente
A cada santo le llega su día.
A canas honradas, no hay puertas cerradas.
A cualquier dolencia, es remedio la paciencia
A Dios se le adora, cuando de amor se llora
A fuerza de chupar, el mosquito acaba por hacerse aplastar.
A la fea, la chequera de su padre la hermosea
A la hora de la muerte, nadie miente
A la muerte, ni temerla ni buscarla; hay que esperarla.
A la mujer casta, su marido le basta.
A la tierra que fueres, has lo que vieres
Al perro no lo capan dos veces
A mal que no tiene cura, hacerle la cara dura.
A más años, más desengaños.
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La arena del desierto es para el viajero fatigado lo mismo que la conversación incesante para el amante del silencio.
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No caen las hojas verdes, sino las amarillas.
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- Quien mucho duerme, poco aprende.
- Gran hidalguía y la despensa vacía.
- Amorosos juramentos se los lleva el viento.
- Amor loco: yo por vos, y vos por otro.
- Amigo reconciliado, chocolate recalentado.
- Papar viento, menguado alimento.
- Quien se adora, se desdora.
- Cada día un gramo pon, y harás un montón.
- Agua cenagosa, cuanto más removida, más apestosa.
- Penas y olas nunca vienen una sola.
- Más vale negar sonriendo que otorgar gruñendo.
- Hombre lisonjero, falso y embustero.
- Buenas palabras las penas quebrantan.
- El amigo leal más que en bien te acompaña en el mal.
-. A cada paje su ropaje.
- La lisonja causa amigos y la verdad enemigos.
- Si entre burros te ves, rebuzna alguna vez.
- Se acepta la acusación, pero se aborrece al soplón.
- Quien dádivas prende, su libertad vende.
- Antes es Dios que los santos.
- No des un dedo al villano, pues se tomará la mano.
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La luna y el amor, cuando no crecen, disminuyen.
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Si del cielo te cae una fruta, tienes que abrir la boca.
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Con una mentira suele irse lejos, pero sin esperanzas de volver.
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El mundo es para los osados, no para tímidos y callados.
Ni camino sin atajo ni campana sin badajo.
Buen viejo, surco derecho.
Enseñando se aprende.
Las miguitas del zurrón por la tarde buenas son.
Mala y engañosa ciencia es juzgar por la apariencia.
Ojos que no miran, corazón que no suspira.
El amor no quiere consejo.
Más puede con el amor el desprecio que el favor.
Un poco te quiero, Inés, y te lo diré después.
El corazón y los ojos siempre son mozos.
Quien bien quiere a la rosa, aunque se pinche, no se enoja.
Contigo pan y cebolla, y con otro ni la olla.
Del amigo usar, pero no abusar.
Largo de lengua, corto de manos.
Quien mucho amenaza, el miedo tiene en casa.
Quiso pegar el salto y cayó en el charco.
Cuanto más paseo, más deseo.
Tanto la lima comió que sin dientes se quedó.
Buenas tajadas y buenos molletes engordan los mofletes.
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Por bueno que sea un caballo, necesita espuelas.
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La paciencia es un árbol de raíz amarga pero de frutos muy dulces.
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- Quien de joven no trabaja, de viejo duerme en la paja.
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Sólo en medio de la actividad desearás vivir cien años.
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