- No hay atajo sin trabajo.
- Al hombre osado la fortuna le da la mano.
- Más vale poco y bien arado que mucho y arañado.
- Lo bien aprendido para siempre es sabido.
- Quien no merienda, a la cena lo enmienda.
- De lo que digan ná; y de lo que veas la mitad.
- Riñen los amantes y quiérense más que antes.
- De enamorado a loco va muy poco.
- A amor mal correspondido, ausencia y olvido.
- Al amigo y al caballo, no cansallo.
- Taza llena saca al ánima de pena.
- Alábate, pavo, que mañana te pelan.
- Dios te guarde de alcalde nuevo y de alguacil viejo.
- Alegrías y pesares te vendrán sin que los buscares.
- Ni tengo padre ni madre ni perro que me ladre.
- El ganar es ventura y el ahorrar cordura.
- No bebas agua que no veas, ni firmes carta que no leas.
- Del hombre amargado no esperes agrado.
- A donde el corazón se inclina el pie camina.
- Grande o pequeño, cada uno carga su leño.
- Más moscas se cazan con miel que con hiel.
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Aunque una flor sea pequeña, puede ser presentada a Buda.
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Mil veleros pasan junto al barco hundido;
diez mil plantas florecen junto al árbol carcomido.
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Lo pasado ha huido, lo que esperas está ausente; pero el presente es tuyo.
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Es bien cierto lo que has puesto, amiga Tulipan.
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“LO QUE ERES GRITA TANTO QUE NO ESCUCHO LO QUE HABLAS”
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Sólo se tiran piedras contra el árbol que da fruto.
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¿Quién va a decir que sus melones no son dulces?
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Pica el jenjibre que es añejo, acierta el hombre que es viejo.
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- El mundo es para los osados, no para tímidos y callados.
- Ni camino sin atajo, ni campana sin badajo.
- Buen viejo, surco derecho.
- Enseñando se aprende.
- Las miguitas del zurrón por la tarde buenas son.
- Mala y engañosa ciencia es juzgar por la apariencia.
- Ojos que no miran, corazón que no suspira.
- El amor no quiere consejo.
- Más puede con el amor el desprecio que el favor.
- Un poco te quiero, Inés, y te lo diré después.
- El corazón y los ojos siempre son mozos.
- Quien bien quiere a la rosa, aunque se pinche, no se enoja.
- Contigo pan y cebolla y con otro ni olla.
- Del amigo usar, pero no abusar.
- Largo de lengua, corto de manos.
- Quien mucho amenaza, el miedo tiene en casa.
- Quiso pegar el salto y cayó en el charco.
- Cuanto más paseo, más deseo.
- Tanto la lima comió que sin dientes se quedó.
- Buenas tajadas y buenos molletes engordan los mofletes.
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Quien no comprende una mirada, tampoco comprenderá una larga explicación.
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No hay cosa tan repartida como el talento; cada cual del suyo está contento.
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“Estar bajo la espada de Damocles”.
Significa esta expresión lo mismo que tener la vida (o algún aspecto de ella) pendiente de un hilo.
Indica que estamos bajo la amenaza de un peligro difícil de evitar.
Recordemos un poco de historia.
Dionisio el Viejo, tirano de Siracusa, vivió en el siglo IV a.C. Fue un gran guerrero y participó en todas las batallas de aquel entonces.
Fue, además, un hombre sagaz y desconfiado, que sometió a su pueblo a la arbietrariedad y la tiranía.
Como buen tirano fue respetado por temor, pero no querido.
Un día, un cortesano llamado Damocles quiso hacerle un halago y le dijo que nadie en el mundo podía ser tan feliz como él.
— ¿Quieres disfrutar de un día de mi felicidad? —le preguntó Dionisio.
Y Damocles respondió que sí.
Dionisio le invitó a comer y le sirvió un magnífico banquete. Sólo que Damocles se dio cuenta de que sobre su cabeza pendía una afilada espada, apenas sostenida por una crin de caballo. Toda la comida estuvo nerviosísimo.
— Ahora ya ves todo lo feliz que es mi vida. Mis guardias saben que también sus vidas penden de un hilo.
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La memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos, y gracias a este artificio, logramos sobrellevar el pasado
Gabriel Garcia Márquez
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El secreto de una buena vejez no es otra cosa que un pacto honrado con la soledad
GABRIEL GARCIA MARQUEZ
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