Por lo cual tendríamos una tremenda paradoja:
Antes del anuncio de la “buena nueva”, los indígenas adúlteros, por desconocimiento, iban al cielo; ahora, una vez debidamente evangelizados, van al infierno.
Un sinsentido mayúsculo: Pues, si el indígena adúltero evangelizado va al infierno y el no evangelizado es salvado, dejemos a los indígenas sin evangelizar, no mancillemos su inocencia pues ya tienen ganado el cielo.
Y, continuando con el razonamiento sobre el destino de los no bautizados, lo mismo que se deduce sobre esa tribu amazónica habría que deducir de cualquier otra persona que en todo el mundo, y a lo largo de todos los siglos, haya muerto sin ser bautizada por no conocer la doctrina de la Iglesia Verdadera.
Y, a continuación sobreviene el crac, porque los cimientos se desmoronan y todo el tinglado se desploma.
Si todos eran salvos por desconocimiento de la Ley: ¡Jesucristo no era necesario!. Es por eso que los teólogos del Vaticano jamás admitirán la posibilidad de que un no bautizado sea directamente salvado.
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Ahora bien, razonando sobre lo anterior he llegado a esta conclusión:
La Iglesia Verdadera nunca podrá admitir taxativamente que un niño no bautizado pueda alcanzar su cielo. Porque, asumir esto, le llevaría al siguiente paso: Admitir que el indígena adulto no bautizado también puede entrar en la morada de Yahvé. Lo cual removería los puntales del andamiaje que la sustenta.
Imaginemos que en una tribu amazónica está admitido el adulterio como algo de lo más natural, tal como sucedía entre los judíos primitivos. Por lo tanto, pese a ser adúlteros, por desconocimiento, como Abrahán y Sara, al morir irían al cielo. Pero, he aquí que llegan los misioneros con la “buena nueva” y los evangelizan. Pueden darse dos casos:
- Uno: que ciertos indígenas no aceptaran el evangelio y siguieran adulterando, por lo cual, al morir serían condenados.
- Dos: que aún aceptando el evangelio salvador, cometieran el pecado de adulterio y murieran en él… consecuentemente serían condenados.
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Y en la Biblia tenemos ejemplos nítidos de la postura de Yahvé respecto a quienes desconocían la Ley.
Por ejemplo, ante los repetidos adulterios mutuos y consentidos de Abrahán y Sara, Yahvé no los fulminó con el rayo mortífero, ni, por supuesto, los consideró reos de ningún pecado, ni les hizo arrepentirse, ni siquiera se lo reprochó, ni se lo adviritió.
Igual sucedió con los excesos maritales de Jacob, el gran Israel, y otros santos varones más. ¿Por qué? Muy sencillo, todavía no había una Ley que lo prohibiera.
Por lo tanto, gracias al desconocimiento absoluto del precepto que prohibe el adulterio, Abrahán y Sara pudieron cometer impunemente una falta que, siglos más tarde, Yahvé castigó con la lapidación en vida, en la tierra; mientras que la Iglesia Verdadera –más papista que el Papa- los hubiera castigado con las penas eternas del infierno en el más allá.
Esa es una evdencia de que Yahvé no castigaba si se desconocían sus mandamientos; excepcción hecha, claro está, de cuando envió el diluvio, pues entonces sólo regía la ley natural.
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La legislación moderna dice muy claro que el desconocimiento de la Ley no exime de su cumplimiento. Aunque con ciertos matices, estoy conforme; pero se da por sentado que esa Ley existe y que ha sido debidamente difundida; por lo tanto debería ser conocida por todos los ciudadanos. Ahora bien, tanto la Ley de Yahvé –él nunca demostró interés alguno en su difusión universal- como los Mandamientos de la Iglesia Verdadera fueron promulgados tardíamente y nunca han sido pregonados por las selvas amazónicas (salvo excepciones), por lo tanto, su desconocimiento está plenamente justificado. Es por esto que esos indígenas no pueden ser juzgados en base a una ley que desconocen.
Por lo tanto, un indígena que haya llevado una vida honrada y fiel a sus creencias, cuando muera será acogido entre los mejores. Lo contrario sería una injusticia enorme, al menos desde el punto de vista humano, que es infinitamente más oscuro que el divino.
El pobre indígena se preguntaría: ¿Qué me está pasando? Nadie me había hablado de esto, y si yo hubiera conocido esa verdad tal vez la habría abrazado con gusto.
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Y el Vaticano decide ahora que eso del Limbo no es cierto.Y en verdad que nunca fue dogma de fe, aunque sí admitido como algo necesario; por lo tanto, seguimos sin conocer a ciencia cierta el destino cristiano de los niños que mueren sin ser bautizados.
No obstante, el raciocinio anima a pensar que no se puede condenar eternamente a una criatura recién nacida, ni siquiera mantenerla temporalmente en el Purgatorio. Y, como definitivamente ya no hay Limbo, entonces, no queda más que confiar en que esos bebés estarán con los mejores. Otra solución sería una aberración.
comentaba hace unos días que estoy convencido de –mejor dicho, creo firmemente- que los niños no butizados no pueden ser condenados a nada ni por nadie. Y lo digo con el corazón en la mano y la razón de mi pensamiento pues, aunque todas las Iglesias Verdaderas dijeran otra cosa, no tendría más opción que disentir. Si hay justicia y misericordia, sólo hay un lugar para esas criaturas.
Y este razonamiento lo amplío y me voy a esas tribus indígenas que nunca han sido evangelizadas. ¿Qué sucede con esos seres que desconocen a Jesús porque nadie les habló de él? Aquí me hago el mismo planteamiento que antes: Esas personas, cuando mueren, deberían ir de cabeza a la morada de los justos.
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Además, cualquier razonamiento derriba la idea del pecado original.
¿Sería justo, por ejemplo, que a los ciudadanos mejicanos o peruanos se les juzgara con las leyes de los EEUU?
No, pues sería una injusticia mayúscula; porque, además de ser anticonstitucional, sería irracional.
Pues bien, precisamente eso es lo que ha estado haciendo la Iglesia Verdadera durante siglos. Desde que se inventó ese pecado tan original, ha estado juzgando a los pueblos aztecas e incas en base a unas leyes judeo-cristianas absolutamente desconocidas para aquellas poblaciones americanas.
Esa es la injusticia elevada a su máximo exponente. Para la Iglesia Verdadera, todos aquellos indígenas, al no haber recibido el bautismo redentor, merecieron las penas eternas del infierno porque sus almas, ingenuas, estaban manchadas con el Pecado Original.
Pero la sentencia de la Iglesia Verdadera es aún más cruel, pues añade que ese indígena se salvaría si hubiera hecho intentos de encotrar la fe en Cristo…
¿Cómo? ¿Qué es eso de la fe en Cristo para un indígena azteca del siglo V o XV?
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JEREMÍAS 31,29. En aquellos días no dirán más: Los padres comieron uvas agrias, y los dientes de los hijos tienen dentera, sino que cada cual por su propia iniquidad morirá.
2 CRÓNICAS 25,4. A sus hijos no les dio muerte, sino que hizo conforme a lo que está escrito en la ley en el libro de Moisés, tal como Yahvé ordenó, diciendo: No se dará muerte a los padres por los hijos, ni se dará muerte a los hijos por los padres, sino que a cada uno se le dará muerte por su propio pecado.
ROMANOS 2,6 …el cual pagará a cada uno conforme a sus obras.
Sin embargo, silencian otros muchos pasajes bíblicos que contradicen la idea de que todos los humanos nacemos con el estigma por culpa de la primera pareja.
No hay más que repasar la Biblia para comprobar que gana por goleada la evidencia de que aquel pecado de desobediencia jamás pudo heredarse de padres a hijos, lo cual concuerda con el pensamiento racional; sin embargo, la Iglesia Verdadera se empecina en hacernos creer sólo lo que le conviene.
El texto bíblico es muy claro: “”Está escrito en la Ley de Moisés, tal como ordenó Yahvé… a cada uno se le dará muerte por su pecado.””
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1 CORINTIOS 15,22. Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados.
Es frecuente leer afirmaciones infundadas sobre la imputación del pecado original. Así, se dice que cuando Adán pecó, lo hizo como representante de todos los hombres. ¿Dónde está la evidencia de semejante babaridad?
Y suele añadirse que la Biblia nos enseña de forma clara y directa –¡no es verdad!- que cuando Adán desobedeció a Yahvé, el pecado entró a toda la humanidad, pues en el acto del pecado de Adán todos los hombres pecaron, o todos fueron contados como pecadores y, como consecuencia del pecado de Adán, él cosechó la muerte para sí mismo y para toda la raza humana…
Toda una sarta de sentencias interesadas y sin fundamento alguno. Y, después de rebuscar desasosegados, se agarran a un clavo ardiendo citando algún versículo como la gran prueba. Versículos que son, a su vez, interesadamente partidistas, recogidos sólo en el Nuevo Testamento y escritos, como muy pronto, a finales del Siglo I d. C. para defensa y justificación de una doctrina sin otros argumentos que la falacia premeditada.
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Sigamos comentando sobre ese pecado tan original…
ROMANOS 5,12. Tal como el pecado entró en el mundo por un hombre, y la muerte por el pecado, también la muerte se extendió a todos los hombres, porque todos pecaron. Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores…
Y esta otra es la gran incongruencia que debería provocar en los creyentes el rechazo absoluto al concepto de pecado original: Según ellos, en el acto de la concepción de un embrión se crea a la persona, y en ese mismo instante el alma entra a formar parte del nuevo ser; mas, según la Iglesia Verdadera, por decisión de Yahvé esa alma está sucia por el pecado original. Esto es un dogma de fe. No obstante, cabría preguntar:
¿Quién crea las almas? ¿Acaso no es Yahvé? Siendo así, resultará que Yahvé crea todas las almas manchadas adrede con el estigma de un pecado no cometido por los seres a quienes van dirigidas. ¿Y qué culpa tiene el alma espiritual de algo sucedido en el mundo material? ¿Y tan ignominioso pecado, incrustado por el inmisericorde Yahvé en cada nueva alma, se limpia con unas pocas gotas de agua? ¿Tanto resentimiento acumula Yahvé que continúa creando almas infectadas con el pecado? ¿Estas retorcidas ideas podrían venir de Dios o vienen de los hombres?
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…Teorías y más teorías, porque no pueden ser otra cosa, ideadas por gente que no tiene más justificación para su vida y se dedica a buscarle tres pies al gato. Como no teníamos suficiente con la actuación de Yahvé, tuvo que venir la Iglesia Verdadera para terminar de enmarañarlo todo.
Sucede al contrario en el Islam, donde con buen criterio no existe la noción de pecado original. Según el Corán la rebeldía de Adán y Eva quedó plenamente cobrada con el castigo que recibieron en aquel momento, que incluía el destierro de Edén. Por lo tanto, los musulmanes no se consideran reos de ningún pecado hereditario, lo que viene avalado por la sura 17,15: Nadie será castigado con la culpa ajena. Justo lo que dice Yahvé en Deuteronomio 24,16. Concuerdan, pues, Mahoma y Yahvé, Nuestro Señor, no así la Iglesia Verdadera que es irracional en su plantemiento sobre ese pecado tan original.
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…Estas son algunas interpretaciones teológicas acerca del Pecado Original:
- Teoría Agustiniana. Adán poseía la totalidad de la naturaleza humana general que, a través de su pecado, se hizo culpable y sucia. Naturalmente cada parte individual, cada persona, comparte esta culpabilidad y suciedad.
- Teoría Federal. Adán estaba en una doble relación con sus descendientes. Por un lado, él era su cabeza natural y, por otro, era su representante como cabeza del pacto. Cuando Adán pecó, por ser su representante, ese pecado también fue imputado a todos los seres humanos.
- Teoría de la Imputación Media. El pecado de Adán no es puesto directamente sobre nosotros. La corrupción de Adán es pasada a sus descendientes y les hace personalmente corruptos. Ellos no son corruptos porque sean culpables en Adán, sino que son culpables porque son corruptos. Es la naturaleza corrompida, la cual heredan de Adán, la que es suficiente causa y terreno legal para que Dios los condene.
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…La noción de una corrupción generalizada de la naturaleza humana por culpa de la rebelión de Adán y Eva se debe a Agustín de Hipona (354-430 d. C.), que trató de combatir el pelagianismo, que negaba la doctrina del pecado original.
Fuera como fuese, el concepto de pecado original era fundamental para la Iglesia Verdadera; de un lado, para dar sentido al simbolismo del bautimo de niños exentos de la capacidad de cometer pecado y, de otro lado, para justificar el sacrificio de Jesús. No obstante, la intención de Yahvé, el Padre, no era esa; él castigó a la primera pareja con unas penas que cumplieron en vida, como siempre hacía; males que el bautismo en nada nos redime, pues, aunque nos bautizáramos veinte veces, siempre seguiríamos padeciendo lo pronosticado por Yahvé: parir con dolor y trabajar para ganarnos el sustento. ¿Por qué, entonces, se asegura que el bautismo nos libera de la maldición del pecado original?
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MATEO 3,6. Y se hacían bautizar por él (Bautista) en el río Jordán, confesando sus pecados.
Los baños sagrados eran practicados por numerosos pueblos antiguos en señal de purificación, ya fuera en aguas del Ganges en India, del Éufrates en Babilonia o del Nilo en Egipto. También la ley judía lo entendía como una limpieza ritual. Para los judíos el bautismo llegó a ser una ley moral; aunque con un doble sentido. De un lado, el ritual era un símbolo de la aceptación de la alianza con su dios, es decir, de conversión para los gentiles; y de otro lado, servía para la limpieza de los pecados, previo arrepentimiento por parte del bautizado. Pero, claro está, esa condonación se refería a los pecados cometidos por cada uno de los bautizados, jamás se bautizó a nadie para redimir los pecados cometidos por terceras personas.
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En el concilio de Trento se estableció la condición de naturaleza caída, que se transmite a toda la humanidad:
“”No sólo se perdieron los dones peternaturales de la inmortalidad y la ausencia de sufrimiento, sino que las capacidades morales e intelectuales perdieron su don natural, lo que hizo al hombre propenso a las pasiones. “”
Esas afirmaciones no son ciertas; pues, por un lado, la inmortalidad primigenia del hombre era imposible; por otro lado, la capacidad moral de la primera pareja es una suposición sin fundamento, puesto que el mismo hecho de la inclinación a la rebeldía contra la divinidad, evidenciaría la escasez de moralidad de la primera pareja; es decir: ni éramos inmortales, ni perfectos (ambos asuntos se verán ele Capítulo VI: Perfecto). En cuanto a la supuesta ausencia de sufrimiento antes de la rebelión, me pregunto:
¿Sufría dolores Adán cuando un león le mordía, o cuando una roca procedente de una erupción volcánica le golpeaba en la cabeza?
¿Realmente Yahvé, Dios Padre y Señor Nuestro, habia creado a Eva inmune al sufrimiento por la pérdida de un hijo?
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Estoy a favor de familia desde siempre.
Aunque no se lo crea.
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