No sé de quien es esta opinión del perdón pero la inserto
El perdón ofrece felicidad, paz mental, la experiencia de relaciones basadas en el amor, sin intención ni hostilidad. El perdón es la clave para resolver todos nuestros problemas, es la llave de nuestro bienestar físico, permitiéndonos sentir el equilibrio entre el cuerpo, la mente y el espíritu. Es la clave de nuestra felicidad, nos permite volar como águilas, derribar cercas de alambres de púas que construimos alrededor de nuestros corazones. Elegir entre el perdón o el rencor es una decisión consciente. Cuando elegimos vivir con nuestros rencores, llenamos nuestras mentes de dolor, conflicto y sufrimiento. Cuando elegimos perdonar, de inmediato nos sentimos más livianos, como si nos hubieran quitado toneladas de peso de nuestras espaldas. En cuanto olvidamos, todo el dolor causado por los rencores, desaparece. Cuando elegimos perdonar, detenemos la proyección de nuestros conflictos interiores al mundo exterior, y nos liberan de la prisión de nuestros propios pensamientos y sentimientos. Por lo tanto, hoy formularé el deseo de perdonar totalmente a cualquier persona contra la que aún siento rencor
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El Vaticano dispone de una Filmoteca que custodia obras maestras y que es un espacio para el diálogo entre la Iglesia y el cine.
El Papa asiste a veces a alguna proyección especial. El material que se conserva en la Filmoteca Vaticana comienza con imágenes de León XIII en 1896. Es una mujer, Claudia di Giovanni, la directora de esta institución, gran archivo histórico en imágenes, aunque su actividad no se limita sólo a la conservación de material (con frecuencia único).
Las películas reflejan también las diversas expresiones de la espiritualidad y la Filmoteca trabaja desde hace años en una investigación sobre el cine relacionado con la religión, analizando filmes producidos en todo el mundo desde 1896 hasta hoy que hayan afrontado las relaciones del hombre con lo trascendente. La Filmoteca Vaticana es visitada por directores de todo el mundo. En colaboración con el Ente del Espectáculo Italiano, desde hace 9 años organiza un congreso de estudios sobre cine y espiritualidad. Y, como es de suponer, entre sus documentales este archivo custodia perlas históricas sobre los pontífices.
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Dios sigue siendo siempre misterio que nos desborda. La presencia de Alguien que, de alguna manera, sigue ausente.
Por eso, aprender a rezar es aprender a vivir ante el misterio que nos trasciende. La verdadera oración introduce siempre algo “nuevo” en la existencia.
La vida adquiere una orientación nueva. Todo puede ser dirigido hacia un sentido último. El orante no se siente solo. Una luz nueva le permite descubrir lo esencial y el mundo de la fe se hace más vivo y real.
Pero puede llegar también la duda y la inseguridad: ¿no será todo una ilusión? Muchos han vivido esta experiencia de la duda y de la oscuridad. ” ¡¡¡ Ay !!!, ¿serás tú para mí un espejismo, aguas no verdaderas? ” (Jeremías 15, 18).
¿Se puede seguir orando a Dios cuando uno no se siente seguro de nada, ni siquiera de si cree o no en Él? Se puede. Más aún, esa oración en medio de la oscuridad y las dudas es probablemente uno de los mejores caminos para crecer en la verdadera fe. Lo importante es seguir anhelando su presencia. Podemos gritarle. ” Soy tuyo, sálvame” (Salmo 119, 94).
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Anteayer fue el Domingo del Buen Pastor, en la 1ª lectura (Hechos 2, 36-41) continúa el discurso que San Pedro dirigió a la multitud el domingo de Pentecostés, en el que, aludiendo a la resurrección y persona de Jesús, exhorta a los oyentes a que se conviertan. Pedro pide a los cristianos paciencia en medio de las persecuciones, a imitación de Cristo paciente, a quien ellos han vuelto como ovejas errantes al Buen Pastor (2ª lectura: Pedro 2, 20-25). El mismo Jesús se presenta como el Buen Pastor y puerta de las ovejas (3ª lectura: Juan 10, 1-10).
Jesús propuso la parábola del Buen Pastor inmediatamente después de haber curado al ciego de nacimiento, a quien los fariseos y escribas habían injuriado y expulsado de la sinagoga precisamente por haber defendido a Jesús. Este suceso dio ocasión a un combate verbal entre los fariseos y Jesús. Contraponiéndose a ellos, pastores mercenarios, se presenta Jesús como el Buen Pastor a la vez que la Puerta por la que entran en el aprisco sus ovejas. Como Buen Pastor, Jesús se compadece de sus ovejas, las alimenta, las cuida y hasta da vida por ellas. Así es Nuestro Señor.
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Sólo su inteligencia,su capacidad de sufrimiento y la seguridad que le conferia su destino,le brindaban la voluntad suficiente para marchar por el camino más recto.Pero nadie duda que se equivocó en distintos momentos de su existencia,aunque siempre procuró rectificar,excepto en la selección de sus discípulos y en otros momentos claves.
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Cuando este Hombre se pinchaba acusaba el dolor,se cansaba en las largas caminatas,sentia hambre dos o tres veces al dia,necesitaba beber,con la misma frecuencia que nosotrosy se hallaba a merced de todas las debilidades de los seres humanos.Sigue…
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Además Jesús era un Hombre,nunca un ” supermán ” dotado de grandes poderes.Lo mismo que Jahvé habia permitido que todo el universo,la tierra y lo vivo evolucionase con mayor o menor lentitud,en lugar de crearlo como lo conocemos hoy dia,dejó que su Hijo se formara por sí mismo.Y éste lo hizo de acuerdo con los conocimientos de aquellas duras tierras.sigue…
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El pasaje evangélico de Jesús con los sabios en el templo,cuando sólo tenia doce años,nos deja claro que le preocupaban las cuestiones religiosas y sociales.A pesar que se nos diga que quedó sometido a su familia,no podemos creer que lo hiciera en los dieciocho años siguientes.Dispuso del tiempo suficiente para recorrer todos los paises de la zona,llegar a Egipto y hasta a la India.También llegó al valle del Indo,informándose de sus religiones y prácticas médicas.También entró en contacto con la doctrina de Varadhamana Mahavira (599-527 a.C.)En este lugar permaneció unos seis años,con los jain,porque deseaba visitar varias ciudades santas de los hindues,en especial las situadas a orillas del Ganges.Así,conoció las costumbres y la religión de los Vedas.Más adelante Jesús entró en contacto con los budistas del Nepal,donde fué acogido como un hermano másSe informó a fondo sobre esta religión,por lo que no podemos dudar que se embebió en los Sutras,los Vinayas y el Abhidharma,lo que le permitió adquirir el arte de la predicción,hasta el punto de ser comparado con el mismo Buda.Otra cuestión que merece la pena destacar,es que Jesús era oriental por nacimiento,vivió estos años de “formación” en un entorno muy distinto a Grecia y a Roma,las dos cunas del pensamiento occidental.Por este motivo hemos de verle con una perspectiva muy diferente a nuestras tradiciones.
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El Ecumenismo es el movimiento en favor de la unidad de los cristianos. Es importante resaltar que no es un adorno de la misión de la Iglesia, ni un detalle accesorio, sino que se halla en el centro de la misma.
Cuando Jesús, en la vigilia de su Pasión, oraba al Padre en el huerto de Getsemaní y pedía por los discípulos, decía: “que todos sean uno para que el mundo crea” (Juan 17, 21).
En 1995 el Papa Juan Pablo II escribió la encíclica UT UNUM SINT ( “Que sean uno” ) sobre ello. Desde luego, parece difícil que los cristianos proclamen creíblemente el Evangelio de la reconciliación a todo el mundo cuando no son capaces de reconciliarse entre sí. Los no creyentes pensarán, con razón, que el Evangelio no es la ley fundamental del amor, sino una causa más de división entre los hombres.
Desde esta perspectiva misionera, donde la Iglesia es sacramento de unidad, no se puede considerar el ecumenismo como una mera cuestión interna de las iglesias. Tiene que ver con el amor que Dios Padre ha manifestado en Jesús para toda la humanidad.
Poner obstáculos a su voluntad salvífica de unir a todos en Cristo sería una ofensa a Dios mismo. Es el Espíritu Santo quien nos impulsa.
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Cuentan que en una ocasión un periodista malintencionado preguntó a la Madre Teresa qué sentía cuando entraba en una estancia llena de gente que la aplaudía entusiasmada. ¿Se sentía envanecida o se sentía igual? Si era esto último, se la podía acusar de insensible e indiferente; si lo primero, de vanidosa y de que quizás no era tan santa como se decía. Maliciosa pregunta.
La Madre Teresa contestó que se quedaba encantada con los aplausos y que, mientras los escuchaba, se acordaba de Jesús entrando sobre su burrito en Jerusalén entre aclamaciones y hosannas de la multitud enfervorizada. Ella se consideraba el burro.
¡¡¡ Un burro feliz porque llevaba a Jesús !!!
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La celebración de la Eucaristía comienza siempre con la confesión de nuestra condición de pecadores. La expresamos con lenguaje corporal: llevándonos la mano en el pecho. Se trata de señalar dónde está la responsabilidad de esos pecados que se reconocen ante Dios y ante los hermanos.
Sería bueno que cada vez que participamos en la Eucaristía fuéramos conscientes de algún fallo concreto del día anterior o de las horas anteriores. Para eso se nos dejan unos breves momentos de silkencio. Algunos no tienen dificultad para reconocerse como pecadores en abstracto. Pero esto puede ser una escapatoria para no reconocer ningún pecado concreto.
Esta confesión es vaga y estéril. Decir que uno ama a todo el mundo suele ser una escapatoria para no amar a nadie en concreto y, de la misma manera, decir que uno es muy pecador suele ser un truco para evitar reconocer algún pecado en concreto.
Hay gente que sí es muy lúcida en sus confesiones. Se nota que hila muy fino. El que percibe los detalles pequeños muestra que está muy cerca de la luz. En cambio, con poca luz sólo se ve la letra gorda.
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Parece ser una de las grandes delicias humanas. Y es el pecado más común.
Tal vez una persona pueda pasar dos días sin comer, pero a veces parece que no podemos pasar un par de horas sin murmurar.
Desarrollar al prójimo es para muchos un deporte o una de las necesidades de la vida.
La venganza, la envidia y el deseo de aparecer chistoso son los tres grandes elementos que desarrollan la murmuración.
Y ésta no solamente existe en la palabra. Puede estar en una sonrisa, en una miraba, en un monosílabo. A veces hay sonrisas asesinas…
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El término procede del latín “providentia” y significa literalmente “mirar por”. Referido a Dios, sugiere el cuidado que Él consagra a la Creación.
En el Catecismo de la Iglesia Católica se define así: “La divina providencia consiste en las disposiciones por las que Dios conduce con sabiduría y amor todas las criaturas hasta su fin último” (CEC321).
Ése no es otro que la gloria de Dios; se trata de una obra exclusiva del Creador, un don consistente en la comunicación de su propia verdad, bondad y belleza a las criaturas.
Desde esta perspectiva, la providencia divina no constituye un factor más en la marcha del mundo; porque ni sustituye a las leyes de la Creación ni interfiere en la libertad humana; al contrario, constituye su origen y garantía.
En una Creación que está en camino, Dios permanece como principio, medio y fin de todas las cosas.
Afirmar la providencia divina significa reconocer a un tiempo la actualidad del Creador (el Dios amoroso y providente, activamente presente en el mundo) y la dependencia absoluta de todo lo creado (el mundo que tiene a Dios por fundamento).
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El pasado domingo apareció Pedro (1ª lectura: Hechos 2, 22-33 y, 2ª lectura: Pedro 1, 17-21), quien, apenas recibido el Espíritu Santo en Pentecostés, da testimonio ante la multitud razonando sobre la persona de Jesús, y sobre todo sobre su resurrección, y nos exhorta a vivir coherentemente, como rescatados por la sangre de Jesucristo, a quien Dios resucitó.
El evangelio (Lucas 24, 13-35) relata la aparición de Jesús resucitado a los discípulos de Emaús. Todas sus esperanzas se habían venido al suelo con la crucifixión y muerte de Jesús. Así se lo cuentan al compañero de viaje.
” ¡¡¡ Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas.. !!! ” Ya cerca de la aldea el peregrino hizo ademán de seguir adelante, pero ellos le apremiaron diciendo: ” Quédate con nosotros… “. Y se sentó a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron.
Todo cristiano va de camino con el Resucitado y recobra las fuerzas con el pan que Jesús ofrece.
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