Crees en la evolución ó la creación?
Crees que Jesucristo es real y estuvo en la tierra?
Crees en la biblia como fuente de conocimiento veraz en su contenido?
Debes interrogarte para llegar a tus propias conclusiones.
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No hagas caso, ¿no ves como tienen de arreglado en este agujero el ático?
Deus ex machina. Diría el clásico.
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EL PLACER DE SERVIR
Toda naturaleza es un anhelo de servicio.
Sirve la nube, sirve el viento, sirve el surco.
Donde haya un árbol que plantar, plántalo tú;
Donde haya un error que enmendar, enmiéndalo tú;
Donde haya un esfuerzo que todos esquivan, acéptalo tú.
Sé el que aparta la piedra del camino, el odio entre los
corazones y las dificultades del problema.
Hay una alegría del ser sano y la de ser justo, pero hay,
sobre todo, la hermosa, la inmensa alegría de servir.
Que triste sería el mundo si todo estuviera hecho,
si no hubiera un rosal que plantar, una empresa que emprender.
Que no te llamen solamente los trabajos fáciles
Es tan bello hacer lo que otros esquivan!
Pero no caigas en el error de que sólo se hace mérito
con los grandes trabajos; hay pequeños servicios
que son buenos servicios: ordenar una mesa, ordenar
unos libros, peinar una niña.
Aquel que critica, éste es el que destruye, tu sé el que
sirve. El servir no es faena de seres inferiores.
Dios que da el fruto y la luz, sirve. Pudiera
llamarse así: “El que Sirve”.
Y tiene sus ojos fijos en nuestras manos y nos
pregunta cada día: ¿Serviste hoy? ¿A quien?
¿Al árbol, a tu amigo, a tu madre?
Gabriela Mistral
Premio Nobel
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Oh espíritu angelical
“Oh espíritu angelical, a cuyo generoso cuidado me entregó Dios, te ruego que siempre me guardes, me protejas, me asistas y defiendas de todo asalto del demonio, así esté despierto o dormido. ¡Asísteme de día y de noche, en todas las horas y todos los momentos! Quédate siempre a mi lado sin importar donde yo me encuentre. Aparta de mí todas las tentaciones de satanás.
“Que tu intercesión frente a nuestro misericordioso Juez y Señor, el mismo que te nombró mi guardián y me confió a ti, me obtenga la gracia, desmerecida por mis actos, de permanecer exento de toda culpa en mi vida. Y si por desgracia siguiera el camino del vicio, hazlo todo para devolverme a la senda de la virtud, a mi Divino Redentor. Cuando me veas bajo el peso de la angustia haz que experimente la ayuda de Dios omnipotente.
“Te pido también que me reveles el término de mis días, si esto es posible, y no permitas que los espíritus malignos atemoricen mi alma cuando se desprenda del cuerpo, ni sea su objeto de escarnio o su presa desesperada. No me abondones jamás hasta que me lleves al Cielo, para gozar la visión de mi Creador y ser eternamente feliz en compañia de todos los santos. Que esta felicidad la pueda alcanzar por medio de tu asistencia y por los méritos de Nuestro Señor Jesucristo.”
San Anselmo.
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Donde haya un árbol que plantar…
“Donde haya un árbol que plantar,
plántalo tú;
donde haya un error que enmendar,
enmiéndalo tú;
donde haya un esfuerzo
que todos esquiven,
acéptalo tú.
Sé el que aparta el camino la piedra,
el odio de los corazones y
las dificultades del problema.
Hay la alegría de ser sano y justo;
pero hay,
sobre todo,
la inmensa alegría de servir.
¡Que triste sería el mundo
si en él todo estuviera hecho!
Si no hubiera un rosal que plantar,
una empresa que emprender.
No caigas en el error de pensar
que sólo se hacen méritos
con los grandes trabajos.
Hay pequeños servicios,
preciosos a los ojos de Dios:
barrer la casa,
recoger basura,
poner una mesa,
ordenar unos libros…..
El servir no es una faena de esclavos.
Dios,
que es todo poderoso sirve,
y nos enseña a servir.
Servir al pobre,
al niño, al enfermo,
al débil, al anciano,
a todos los necesitados,
es servir a DIOS”.
Autor: Gabriela Mistral
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Alguien me puede explicar si ve a Dios en las caras de los niños que mueren de hambre, de enfermedades, a tiros. O en la cara de las personas que pierden a sus padres, sus hijos, sus amigos en tragedias naturales como el tsunami o terrremotos que tambien son obra de Dios ¿O no ? Que le decimos a esas personas que ven al representante de Dios en la Tierra tan orondo, cargado de joyas y diciendo que no se preocupen que los niños que mueren sin bautismo ya no van al Limbo sino al cielo. ¿Es con caracter retroactivo? Mi hermana murió hace 37 años con 3 dias de vida ¿dónde está?. Ruego me disculpen si molesto a alguien pero es que yo me siento ofendido cuando me hablan de lo bueno que es Dios ¿Que Dios?
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Los verdaderos profetas, como Jeremías, crearon a su alrededor fuertes tensiones y contradicciones. Como a tantos que son fieles a Dios antes que a los hombres, se le malinterpretó (“Ese hombre no busca el bien del pueblo”) y, como a Jesús, se le persiguió.
El rey, como haría Poncio Pilato con Jesús siglos después, se desentiende de él: “Ahí lo tenéis en vuestro poder” (1ª lectura: Jeremías 38, 4-6 y 8-10).
No es de extrañar, pues, que Jesús, que reconoce haber traído “fuego” al mundo, anunciara crisis semejantes cuando su mensaje se difundiera y la gente tuviera que definirse o a favor o en contra, incluso en el seno de una misma familia. Cuántos que han optado radicalmente por Jesús y su Evangelio han tenido que padecer la incomprensión de sus familiares (3ª lectura: Lucas 12, 49 al 53).
El ejemplo de los antiguos patriarcas y de quienes precedieron con el testimonio de la fe es propuesto a los cristianos, que saben bien a dónde se encaminan, incansables, y llenos de ánimo por fuerza de Jesús (2ª lectura: Hebreos 12, 1 – 4): “Corramos en la carrera que nos toca, sin retirarnos”.
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He visto una madre junto a la cuna; por eso sé lo que es el amor.
He mirado a los ojos de un niño; por eso sé lo que es la fe.
He observado a un arco iris; por eso sé lo que es la belleza.
He sentido los golpes del mar; por eso sé lo que es el poder.
He sembrado un árbol; por eso sé lo que es la esperanza.
He oído un pájaro silvestre cantar; por eso sé lo que es la libertad.
He visto una oruga abrirse a la vida; por eso sé lo que son los misterios.
He perdido a un amigo; por eso sé lo que es la tristeza.
He peleado y matado en la guerra; por eso sé lo que es el infierno.
He visto el cielo lleno de estrellas; por eso sé lo que es el infinito.
He visto y sentido todas estas cosas; por eso sé lo que es Dios.
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La fiesta de la Asunción (o Dormición, como la llaman los cristianos orientales) nos recuerda el tránsito de la Virgen María de este mundo al Padre.
Dice el Vaticano II: ” La Virgen Inmaculada, preservada inmune de toda mancha de pecado original, acabado el curso de su vida terrestre, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial y ensalzada por el Señor como reina universal, para que se asemejara más plenamente a su hijo, Señor de los que dominan y vencedor del pecado y de la muerte”.
Decimos “asunta” para distinguir este misterio del de la Ascensión gloriosa de Jesucristo, y porque la subida al cielo de María fue por singular privilegio de Dios.
La primera lectura (Apocalipsis 11, 19 a 12, 1 y 6, 10) enseña que la Madre de Jesús es la gran señal luminosa que Dios, para esperanza nuestra, hizo resplandecer en lo alto de los cielos.
La segunda (Primea Carta a los Corintios 15, 20 al 26) nos recuerda que como Jesucristo ha resucitado, así resucitaremos nosotros.
En la tercera, el evangelio (Lucas 1, 39 al 56), la misma María proclama su propia dicha y la de toda la Humanidad, agradecida a Dios.
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Dios se ha hecho visible: en Jesús podemos ver al Padre (Juan 14, 9). De hecho, Dios es visible de muchas maneras. En la historia de amor que nos narra la Biblia, Él sale a nuestro encuentro, trata de atraernos, llegando hasta la Última Cena, hasta el Corazón traspasado en la cruz, hasta las apariciones del Resucitado y las grandes obras mediante las que Él, por la acción de los Apóstoles, ha guiado el caminar de la Iglesia naciente. Siempre viene a nuestro encuentro a través de los hombres en los que Él se refleja; mediante su Palabra, en los Sacramentos, especialmente la Eucaristía. En la liturgia de la Iglesia, en su oración, en la comunidad viva de los creyentes, experimentamos el amor de Dios, percibimos su presencia y, de este modo, aprendemos también a reconocerla en nuestra vida cotidiana. Él nos ha amado primero y sigue amándonos primero; por eso, nosotros podemos corresponder también con el amor. Dios no nos impone un sentimiento que no podamos suscitar en nosotros mismos. Él nos ama y nos hace ver y experimentar su amor, y de este “antes” de Dios puede nacer también en nosotros el amor como respuesta.
BENEDICTO XVI, Dios es amor, nº 17.
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La extensa enseñanza de Jesús, que va recorriendo el evangelio de San Lucas, llega a la recomendación de la vigilancia. El Señor volverá inesperadamente al final de los tiempos, como llegan un ladrón nocturno o un amo que estuvo muchos años lejos de su hacienda (3ª lectura: Lucas 12, 32 – 48).
Espera y vigilancia son dos características fundamentales de la vida cristiana, abierta a la eternidad. También los israelitas aguardaron la venida de Dios en la noche de Pascua para ser liberados de la opresión (1ª lectura: Sabiduría 18, 6-9) y esta vigilia nocturna sigue siendo para los cristianos un recordatorio de la venida de Cristo.
Estamos leyendo la última parte de la Carta a los Hebreos. Su tema principal es la superioridad del sacerdocio de Cristo sobre el de la Antigua Alianza, en que vivieron los patriarcas, ilustres por su fe en las promesas de Dios, que, en la plenitud de los tiempos, se han realizado en Cristo (2ª lectura: Hebreos 11, 1-2 y 8-19).
En espera y vigilancia continuemos nuestro testimonio cristiano fiados siempre de la protección de Dios: “No temáis, pequeño rebaño “.
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Esta palabra italiana significa “actualización” o “puesta al día”.
La intención del beato Juan XXIII al convocar el Vaticano II era tener un concilio que pusiera a la Iglesia en condiciones de hablar al hombre moderno, sin renunciar a lo esencial de su mensaje y de su tradición, pero archivando las formas más anticuadas que pudieran ser impedimento para el anuncio del Evangelio.
La misión del Vaticano II no fue anunciar condenas sino atender a inquietudes pastorales.
Algunos aspectos de sus decisiones tocaron directamente a la reforma de la relación entre liturgia y comunidad eclesial.
Poner al día el misal de Pío V era algo pedido insistentemente por un amplísimo espectro de padres conciliares, provenientes de todas las áreas geográficas.
Otro salto adelante fue el acercamiento de los teólogos y fieles a la Palabra de Dios, a la Escritura, al manejo de la Biblia.
Las invitaciones dirigidas por el Concilio al pueblo cristiano para alimentarse en la Escritura han encontrado terreno fértil en muchas partes, aunque no en todas. Frutos postconciliares son los cursos de profundización bíblica para laicos.
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Dos Estrellas
Un ermitaño recogía diariamente un hato de ramas, lo cargaba en su borriquillo y lo intercambiaba en el pueblo por lo que le ofrecieran: queso, verduras…
A mitad de camino de regreso, cuando el cansancio y el calor arreciaban, pasaba delante de una fuente de agua fresca, y el ermitaño pasaba de largo ofreciéndoselo a Dios. Por la noche Dios le obsequiaba ese sacrificio con una luminosa estrella en el firmamento.
Un día un muchacho se unió al ermitaño en su camino. Ese día el sol apretaba especialmente y la cuesta se hacía pesada. Cuando se acercaban a la fuente, el viejo ermitaño leyó en los ojos del joven que el chico no bebería si él no lo hacía. Decidió beber aun a costa de quedarse sin estrella.
Esa noche brillaron dos estrellas.
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CANCIÓN DEL NIÑO POBRE….
Mamá, cuando sea grande
voy a hacer una escalera
tan alta que llegue al cielo,
para ir a coger estrellas.
Me llenaré los bolsillos
de estrellas y de cometas,
y bajaré a repartirlas
a los chicos de la escuela.
Pero a ti voy a traerte,
mamita, la luna llena,
para que alumbres la casa
sin gastar en luz elèctrica.
ALVARO YUNQUE
(ARGENTINO)
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El Ave María De Oro
El Ave María De Oro
Ave María, blanco lirio de la gloriosa y siempre serena Trinidad.
Salve brillante Rosa del jardín de los deleites celestiales: ¡Oh Vos, de quien Dios quiso nacer en este mundo, y de cuya leche el Rey del Cielo quiso ser nutrido! ¡Alimentad nuestras almas con las efusiones de la Gracia Divina. Amén!
“A las almas que en vida me hayan saludado con esta oración, me apareceré con gran resplandor en la hora de la muerte. Además, cuando el alma se separe del cuerpo, me manifestaré con hermosura tan espléndida, que el alma sentirá un gran consuelo. En ese instante, experimentará algo semejante a las delicias del Paraíso.”
Palabras de la Santísima Virgen María a Santa Gertrudis la Mayor. (De las Revelaciones, Tomo III, Capítulo XVIII)
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