Después de anunciar la Pasión, Jesús inicia el camino de Jerusalén; entre tanto va rechazando como discípulos a quienes no están dispuestos a seguirlo en la pobreza ( “el Hijo del Hombre no tiene dónde reclinar la cabeza” ) y en la renuncia a todo lo que nos quita la libertad o nos invita a mirar atrás. Jesús quiere personas libres que comprometan libremente su libertad por el Reino de Dios.
Las palabras de Jesús (3ª lectura: Lucas 9, 51-62) evocan la generosidad y radicalidad con que Eliseo dejó todas sus cosas para seguir al profeta Elías (1ª lectura: Libro Primero de los Reyes 19, 16-21).
En la 2ª lectura (Gálatas 5, 1 y 15-18) escuchamos precisamente una instrucción dirigida a los nuevos cristianos para que no pierdan esa libertad lograda en Cristo y sepan usar correctamente esa gracia: ” Para vivir en libertad, Cristo nos ha liberado “.
Hoy se habla más que nunca de libertad, pero ¿somos los bautizados realmente libres para vivir las exigencias de la nueva Ley del Espíritu: el servicio mutuo con amor?
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Amigo maño:
No he oido hablar de ese libro. Apenas tengo tiempo de leer libros.
El domingo verás un nuevo escrito, si no me adelanto mañana.
Buenas noches y saludos cordiales.
ROMANO
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Por fin encuentro un foro realmente interesante.
Soy nuevo por estos lugares, es gratificante encontrar gente que hable valientemente de lo mas importante para las personas como es hablar de Dios.
Estoy terminando de leer un libro muy interesante que sin duda muchos de vosotros conoceréis su titulo ENTRE EL CIELO Y LA TIERRA de Maria Vallejo Nájera os lo recomiendo. Saludos
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Creceremos en el amor al Corazón de Cristo y parenderemos a hacer de la Eucaristía la fuente y el culmen de nuestra vida cristiana si no abandonamos nunca la escuela de María. Los nuevos retos que se nos presentan como cristianos en un mundo siempre necesitado de la luz del Evangelio no podrán ser afrontados sin la experiencia de la protección del corazón de nuestra Madre.
Nosotros, los cristianos de hoy, acudimos a los pies de María porque queremos un mundo mejor. Acudimos a la Virgen Madre porque nos cuesta vivir como cristianos auténticos. Acudimos a su Corazón porque sabemos la dificultad de educar a los jóvenes en la fe. Que Ella sea el mejor motivo de esperanza en estos comienzos del tercer milenio para que nuestra vida tenga sabor y sentido, comprometidos siempre con la Iglesia de su Hijo, en un mundo pluralista.
La conjunción misión y esperanza se da justamente en la imagen de la Visitación de María a Isabel. La Madre del Señor lleva en sí el don cumplido, el don realizado. Su Corazón se acerca a todos y en todas partes, compartiendo el don: la misericordia del Señor desde Abraham hasta nosotros.
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Mediado el año la liturgia nos recuerda el valor del sufrimiento. La palabra nos interpela y nos pregunta quién decimos qué es Jesús. A nosotros también. Hay que tener criterios claros, pues el Evangelio es exigente. El cristiano tiene que recordar a qué se compromete. Es mediante el sufrimiento, la debilidad y la humillación como Jesús realiza su tarea mesiánica; esto ya está profetizado desde antiguo (1ª lectura: Zacarías 12, 10 al 11).
San Pedro profesa correctamente su fe en Cristo (3ª lectura: lucas 9, 18-24), pero Jesús añade algo y aprovecha para enseñar con toda claridad las exigencias de su Misión: predice su muerte y al mismo tiempo avisa a sus discípulos de que la única manera de seguirle es cargar con la cruz de cada día, el que quiera seguirle debe olvidarse de sí mismo (eso significa “negarse” ). Olvidarse de uno mismo en favor de los demás es cargar con la cruz cada día. No lo hacemos solos, sino en unión con Jesús: estamos incorporados a Cristo por el bautismo (2ª lectura, Gálatas 3, 26-29).
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1.- Dios no te preguntará qué marca de coche tuviste; sino a cuántos, que no tenían coche, llevaste en él.
2.- Dios no te preguntará cuántos metros cuadrados tenía tu casa, sino a cuántos diste la bienvenida en ella.
3.- Dios no te preguntará cuántos vestidos tenías en el armario, sino a cuántos ayudaste a vestirse.
4.- Dios no te preguntará si tu sueldo era alto o qué puesto tenías, sino si te los merecías por tu trabajo.
5.- Dios no te preguntará cuántos amigos tenías, sino para cuántos tú fuiste realmente un buen amigo.
6.- Dios no te preguntará en qué barrio vivías, sino cómo trataste a los vecinos.
7.- Dios no te preguntará el color de tu piel, sino si tuviste un buen carácter y pasaste por el mundo haciendo el bien.
¿Momentos felices? Alaba al Señor.
¿Momentos difíciles? Busca al Señor.
¿Momentos de paz? Ora al Señor.
¿Momentos penosos? Confía en el Señor.
En cada momento da gracias a Dios.
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Ya en el antiguo Testamento se creía que, cuando mediaba el arrepentimiento, Dios estaba dispuesto a perdonar los mayores pecados, como sucedió con David (1ª lectura: Samuel 12, 7 al 10 y 13). Y así es.
Pero, además, Jesús perdona movido por el amor a Él, como vemos en el caso de aquella pobre mujer que se atrevió a entrar en casa de Simón, el fariseo (3″ lectura: Lucas 7, 36 al 8, 3).
El perdón es gracia y el recibirlo está relacionado con el amor: “Sus muchos pecados están perdonados porque tiene mucho amor”.
El corazón fariseo está paralizado por su falta de misericordia y de amor. Le cuesta perdonar y aceptar el perdón. La tragedia del fariseo es creer que se justifica por cumplir la ley. Pero no es así, como explica San Pablo: “El hombre no se justifica por cumplir la ley sino por creer en Cristo” (Gálatas 2, 16 y 19 al 21).
Vemos, pues, que Jesús se pone de parte de los débiles y humillados, los defiende y los perdona. “¿Quién es éste que hasta perdona los pecados?”, decía la gente. Jesús es Dios y puede hacerlo, un Dios que opta por los pobres y marginados.
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Amiga Roser:
Soy cristiano, católico, apostólico y romano.
Desde mi niñez que mi fe en Dios y en la Virgen María se conserva.
En mi adolescencia era monaguillo, iba todos los domingos a la Misa, incluso a bautizos, bodas, comuniones, confirmaciones y funerales.
En la actualidad y desde hace 10 años, no voy a ninguna iglesia, excepto si hay algún funeral.
Mi oración con Dios está en mi hogar y en todas partes, menos en las iglesias.
Es cierto lo que has comunicado sobre el autoritarismo de la Iglesia; ahora ya no tienes ese humor de acudir como antes. Los cambios han afectado bastante a la persona católica que le hacen perder la fe; pero en mi caso sólo la pierdo si estoy en la Iglesia, en otras partes Dios está conmigo, igual que con los demás.
La juventud, como bien dices, pasan de la religión; no creen en Dios (herejes) y sólo tienen en su cabeza otras cosas que les enseñan a hacer el mal a los demás.
A mí me ocurre lo mismo. Cuando voy a una iglesia (muy lejana) y me pongo a orar, me siento lo mismo que tú.
Eres bienvenida en este foro y puedes seguir poniendo tu opinión.
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Buenos dias, Soy nueva desde hace pocos dias i al entrar en este foro he querido dar mi opinión. Yo soy ante todo cristiana y también católica (aunque no muy practicante). Aunque la represión y el autoritarismo de la Iglesia me ha afectado bastante, lo que sí creo es que a la juventud actual y a todos en general nos falta tener unos principios a los que agarrarnos. Hemos pasado de una represión a un “todo se me da igual”, Yo la verdad cuando asisto a un acto religioso me da una paz y me encuentro bien a pesar de mis dudas, etc. y por eso no lo pienso dejar.
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Celebramos hoy la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo. Uno de los modos como Jesucristo quiso quedarse realmente con nosotros hasta el fin de los tiempos es en forma de alimento, bajo las especies de pan y vino. Adoremos hoy con gratitud este designio y este Pan del Cielo. Con la fuerza recibida en este banquete especial los cristianos generosos en el servicio del prójimo.
Las oraciones y los textos bíblicos del día de hoy nos ayudan a conocer mejor la riqueza de este misterio, pues insisten en la idea de la eucaristía como banquete mesiánico y de acción de gracias, memorial de la muerte de Cristo por su propia institución en la Última Cena.
El pan y el vino ya fueron designados como sacrificio incruento por medio de Melquisedec en el Antiguo Testamento (1ª lectura: Génesis 14, 18-20).
Cristo preside hoy también este convite y lo distribuye hoy por medio de los sucesores de los apóstoles, como lo anunció de forma concreta en la multiplicación de los panes (3ª lectura: Lucas 9, 11-17).
Quien coma de este pan que ofrece Jesús, vivirá para siempre.
En la 2ª lectura Pablo recuerda la importancia de esta tradición eucarística recibida del Maestro (1ª Corintios 11, 23-26).
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yo amo a Dios,y no necesito ir a la iglesia a buscarlo, esta dentro de mi, y nadie puede ensuciar su nombre, yo al hablar con el, ya le estoy rezando. mi busqueda constante me ha hecho llegar a el.si me pudiera contestar lo unico que le preguntaria seria. porque los inocentes niños sufren y mueren porque lo consientes? esta intriga mequema las entrañas vosotros que creeis tener la respuesta a todo, explicadme el porque? a que no podeis?, es un misterio,como tantas cosas que dais por ciertas y ni vootros sabeis. por favor no quiero herir a nadie pero quiero una explicacion gracias por escucharme
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yo amo a Dios,y no necesito ir a la iglesia a buscarlo, esta dentro de mi, y nadie puede ensuciar su nombre, yo al hablar con el, ya le estoy rezando. mi busqueda constante me ha hecho llegar a el.si me pudiera contestar lo unico que le preguntaria seria. porque los inocentes niños sufren y mueren porque lo consientes? esta intriga mequema las entrañas vosotros que creeis tener la respuesta a todo, explicadme el porque? a que no podeis?, es un misterio,como tantas cosas que dais por ciertas y ni vootros sabeis. por favor no quiero herir a nadie pero quiero una explicacion gracias por escucharme
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Si no empezara alguna vez a balbucear algunas palabras, el niño no llegaría a hablar.
Así sucede también con la oración. A rezar se aprende rezando. Un día hay que comenzar a hablar con Dios. Hay que ponerse a orar. En cualquier momento es posible. Aunque los mejores son los momentos de sosiego.
El deseo de orar se hace realidad cuando la persona reserva unos minutos para recogerse ante Dios e invocarlo desde el fondo del corazón, a solas, en la intimidad de la propia conciencia. Es ahí donde se abre el misterio de Dios.
Esa invocación humilde y sincera, aun en medio de la inexperiencia, es el mejor camino.
y no se trata sólo de reconocer una presencia, sino de dirigirse a Dios confiada y personalmente: “A Ti, Señor, levanto mi alma; Dios mío, en ti confío” (Salmo 25, 1-2).
Cada uno ha de seguir su propio camino. A unos les ayuda recitar oraciones bien conocidas (el Padrenuestro, el Avemaría, la salve…). Habrá quien se dirija a Dios con expresiones tomadas de los evangelios o de los salmos.
Hay que ir muy despacio, sin prisas. Pronto la persona comienza a hablar a Dios con expresiones propias.
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El Concilio Vaticano II fue el más grande acontecimiento religioso del siglo XX.
Durante sus sesiones y en los años inmediatamente sucesivos llamó la atención de periodistas, teólogos, historiadores y sociólogos.
Pero su recepción, que comenzó entonces, es un proceso largo y complejo.
Podríamos decir que todavía estamos en el proceso inicial de su aceptación y comprensión..
Más de 40 años han pasado desde su conclusión y muchas coordenadas históricas, sociopolíticas y culturales han cambiado.
Pero la recepción del Vaticano II es un proceso dinámico todavía en marcha. La herencia del Vaticano II se va a descubrir en el siglo actual. Desde algunas partes del interior de la Iglesia se intentó a veces “archivar ” el Concilio. Pero su fuerza intrínseca, la inspiración del Espíritu Santo, no implica automatismos, y la recepción del Concilio continúa activa para la comunidad de creyentes en camino.
Se mide en generaciones más que en años. El Vaticano II fue un concilio de actualización más que de reforma y debe recibir nuestra atención particular. Si releemos sus documentos nos llevaremos maravillosas sorpresas.
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A ti, sumo y eterno Sacerdote
de la nueva alianza,
se ofrecen nuestros votos y se elevan
los corazones en acción de gracias.
Del seno del Padre descendiste
al de la Virgen Madre;
te haces pobre, y así nos enriqueces;
tu obediencia, de esclavos libres hace.
Tú eres el Ungido, Jesucristo,
el sacerdote único;
tiene su fin en ti la ley antigua,
por ti la ley de gracia viene al mundo.
Para alcanzar la salvación eterna,
día a día de ofrece
tu sacrificio, mientras,
junto al Padre,
sin cesar por nosotros intercedes.
A ti, Cristo pontífice , la gloria
por los siglos de los siglos,
tú que vives y reinas y te ofreces
al Padre en el amor del Santo Espíritu. Amén.
Himno del Breviario
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