( 7 )
Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa. Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la Escritura dijo: + Tengo sed.
Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo: + Está cumplido.
E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.
(Todos se arrodillan, y se hace una pausa)
Y al punto salió sangre y agua. Los judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día solemne, pidieron a Pilatos que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: “No le quebrarán un hueso”; y en otro lugar la Escritura dice: “Mirarán al que atravesaron”.
SIGUE al ( 8 )
|
( 6 )
Entonces se lo entregó para que lo crucificaran. Tomaron a Jesús, y él, cargando con la cruz, salió al sitio llamado “de la Calavera” (que en hebreo se dice Gólgota), donde lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado, y en medio, Jesús. Y Pilatos escribió un letrero y lo puso encima de la cruz; en él estaba escrito: “Jesús, el Nazareno, el rey de los judíos”. Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús, y estaba escrito en hebreo, latín y griego. Entonces los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilatos: – No escribas: “El rey de los judíos”, sino: “Este ha dicho: Soy el rey de los judíos”.
Pilatos les contestó: – Lo escrito, escrito está.
Los soldados, cuando crucificaron a Jesús, cogieron su ropa, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba abajo. Y se dijeron: – No la rasguemos, sino echemos a suerte, a ver a quién le toca.
Así se cumplió la Escritura: “Se repartieron mis ropas y echaron a suerte mi túnica”. Esto hicieron los soldados. Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: + Mujer, ahí tienes a tu hijo.
Luego, dijo al discípulo: + Ahí tienes a tu madre.
SIGUE al ( 7 )
|
( 5 )
Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y los guardias, gritaron:- ¡¡¡ Crucifícalo, crucifícalo !!!
Pilatos les dijo: – Lleváoslo vosotros y crucificadlo, porque yo no encuentro culpa en él.
Los judíos le contestaron: – Nosotros tenemos una ley, y según esa ley tiene que morir, porque se ha declarado Hijo de Dios.
Cuando Pilatos oyó estas palabras, se asustó aún más y, entrando otra vez en el pretorio, dijo a Jesús: – ¿De dónde eres tú?
Pero Jesús no le dio respuesta. Y Pilatos le dijo: – ¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y autoridad para crucificarte?
Jesús le contestó: + No tendrías ninguna autoridad sobre mí, si no te la hubieran dado de lo alto. Por eso el que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor.
Desde este momento Pilatos trataba de soltarlo, pero los judíos gritaban: – Si sueltas a ése, no eres amigo del César. Todo el que se declara rey está contra el César.
Pilatos entonces, al oír estas palabras, sacó afuera a Jesús y lo sentó en el tribunal, en el sitio que llaman «el Enlosado» (en hebreo Gábbata). Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia el mediodía. Y dijo Pilatos a los judíos: – Aquí tenéis a vuestro rey.
Ellos gritaron: – ¡¡¡ Fuera, fuera; crucifícalo !!!
Pilatos les dijo: – ¿A vuestro rey voy a crucificar?
Contestaron los sumos sacerdotes: – No tenemos más rey que al César.
SIGUE al ( 6 )
|
( 4 )
Pilatos replicó: – ¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?
Jesús le contestó: + Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí.
Pilatos le dijo: – Con que, ¿tú eres rey?
Jesús le contestó: + Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.
Pilatos le dijo: – Y, ¿qué es la verdad?
Dicho esto, salió otra vez a dónde estaban los judíos y les dijo: – Yo no encuentro en él ninguna culpa. Es costumbre entre vosotros que por Pascua ponga a uno en libertad. ¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?
Volvieron a gritar: – A ése no, a Barrabás.
El tal Barrabás era un bandido. Entonces Pilatos tomó a Jesús y lo mandó azotar. Y los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le echaron por encima un manto color púrpura; y, acercándose a él, le decían: – ¡¡¡Salve, rey de los judíos !!!
Y le daban bofetadas.
Pilatos salió otra vez afuera y les dijo: – Mirad, os lo saco afuera, para que sepáis que no encuentro en él ninguna culpa.
Y salió Jesús afuera, llevando la corona de espinas y el manto color púrpura. Pilatos les dijo: – Aquí lo tenéis.
SIGUE al ( 5 )
|
( 3 )
Entonces Anás lo envió atado a Caifás, sumo sacerdote.
Simón Pedro estaba en pie, calentándose, y le dijeron: – ¿No eres tú también de sus discípulos?
Él lo negó, diciendo: – No lo soy.
Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro le cortó la oreja, le dijo: – ¿No te he visto yo con él en el huerto?
Pedro volvió a negar, y enseguida cantó un gallo.
Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era el amanecer, y ellos no entraron en el pretorio para no incurrir en impureza y poder así comer la Pascua. Salió Pilatos afuera, adonde estaban ellos, y dijo: – ¿Qué acusación presentáis contra este hombre?
Le contestaron: – Si éste no fuera un malhechor, no te lo entregaríamos.
Pilatos les dijo: – Lleváoslo vosotros y juzgadlo según vuestra ley.
Los judíos le dijeron: – No estamos autorizados para dar muerte a nadie.
Y así se cumplió lo que había dicho Jesús, indicando de qué muerte iba a morir.
Entró otra vez Pilatos en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo: – ¿Eres tú el rey de los judíos?
Jesús le contestó: + ¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?
SIGUE al ( 4 )
|
( 2 )
La patrulla, el tribuno y los guardias de los judíos prendieron a Jesús, lo ataron y lo llevaron primero a Anás, porque era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año; era Caifás el que había dado a los judíos este consejo: “Conviene que muera un solo hombre por el pueblo”. Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Este discípulo era conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote, mientras Pedro se quedó fuera a la puerta. Salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló a la portera e hizo entrar a Pedro. La criada que hacía de portera dijo entonces a Pedro:
- ¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre?
Él dijo: – No lo soy.
Los criados y los guardias habían encendido un brasero, porque hacía frío, y se calentaban. También Pedro estaba con ellos de pie, calentándose.
El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de la doctrina. Jesús le contestó:
+Yo he hablado abiertamente al mundo; yo he enseñado continuamente en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada a escondidas. ¿Por qué me interrogas a mí? Interroga a los que me han oído, de qué les he hablado. Ellos saben lo que he dicho yo.
Apenas dijo esto, uno de los guardias que estaba allí le dio una bofetada a Jesús, diciendo: – ¿Así contestas al sumo sacerdote?
Jesús respondió: + Si he faltado al hablar, muestra en qué he faltado; pero si le hablado como se debe, ¿por qué me pegas?
SIGUE al ( 3 )
|
PASIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO SEGÚN SAN JUAN 18, 1-19,42
En aquel tiempo, salió Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, y entraron allí él y sus discípulos. Judas, el traidor, conocía también el sitio, porque Jesús se reunía a menudo allí con sus discípulos. Judas entonces, tomando la patrulla y unos guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos, entró allá con faroles, antorchas y armas. Jesús, sabiendo todo lo que venía sobre él, se adelantó y les dijo:
+ ¿A quién buscáis?
A Jesús, el Nazareno, – le contestaron.
Jesús les dijo: + Yo soy.
Estaba también con ellos Judas, el traidor. Al decirles: «Yo soy», retrocedieron y cayeron a tierra. Les preguntó otra vez: + «¿A quién buscáis?»
Ellos dijeron: – A Jesús, el Nazareno.
Jesús contestó: + Os he dicho que soy yo. Si me buscáis a mí, dejad marchar a éstos.
Y así se cumplió lo que había dicho: “No he perdido a ninguno de los que me diste”.
Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al criado del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco. Dijo entonces Jesús a Pedro:
+ Mete la espada en la vaina. El cáliz que me ha dado mi Padre, ¿no lo voy a beber?
SIGUE al ( 2 )
|
Como el camino terreno está sembrado de espinas, Dios ha dado al hombre tres dones: la sonrisa, el sueño y la esperanza.
|
CONCLUSIÓN…
La Didajé es una obra corta. Por su contenido se trata de una regla destinada a orientar la vida de una o varias comunidades cristianas, estableciendo su ideario moral, sus ritos, su organización y su esperanza en los “ últimos tiempos “.
Se cree que nació en Siria, en un ambiente rural, o quizá en la propia Antioquía, en el seno de una comunidad judeocristiana que trataba de permanecer fiel a la Ley en medio del mundo pagano. En cuanto a la fecha de su composición, tiene una datación imprecisa. Actualmente se tiende a considerarla contemporánea de las epístolas paulinas y un poco anterior a los evangelios ( entre el 50 y el 70 ).
Del autor no sólo se desconoce su identidad, sino también su número, es decir, si fue uno o fueron varios. Esto se debe a que la Didajé fue compuesta de manera progresiva a partir de materiales literarios preexistentes ( como algunos escritos del Nuevo Testamento ).
Con el paso de los siglos la Didajé cayó en desuso, pero la concreción e influencia de sus normas hace que sea considerada un “ primer esbozo de ordenación eclesiástica y modelo para escritos posteriores “.
|
En 1875 Occidente tuvo noticia de la publicación del texto completo de las epístolas de San Clemente a los corintios, realizada por Filoteos Bryennios en 1873, y extraídas de un manuscrito encontrado en la biblioteca del monasterio del Santísimo Sepulcro, en Constantinopla. Hasta ese momento, tales epístolas sólo se conocían a través del Codex Alexandrinus, al que, desgraciadamente, le faltaban unas hojas.
La importancia de esta publicación hizo que nadie reparase en que el manuscrito también se encontraba uno de los documentos más antiguos del cristianismo: “La enseñanza de los doce apóstoles “ ( folios del 76 al 80 ), que más tarde sería conocida como “ la Didajé “.
En 1878, acabada la guerra entre rusos y turcos, Bryennios examinó el manuscrito con más detenimiento y entonces se dio cuenta de “La enseñanza de los doce apóstoles “. Era la única copia existente de una obra antiquísima, perdida hacía siglos y conocida tan sólo por breves alusiones en las obras de los Padres de la Iglesia. En 1883, Bryennios sorprendió nuevamente a Occidente con la publicación de “La enseñanza de los doce apóstoles “ o “ la Didajé “.
SIGUE…
|
Gracias, amiga Laureña.
Hasta puedes recibirlos por correo personal con imágenes y música.
Que pases unos felices días de Semana Santa.
Saludos cordiales.
ROMANO
|
Sólo quería felicitaros por las aportaciones que estáis haciendo en este foro, sobre todo en relación con la Semana Santa, personalmente me están sirviendo mucho para prepararme interiormente para lo que celebramos estos días.
Un saludo.
|
Hola amigo Romano.
Me parecio bonito y por eso lo puse, aparte de interesante para los creyentes.
Besos.
|
Si la espiritualidad trata de nuestra relación con Dios, entonces todo el mundo tiene algo que decir sobre el tema.
Nuestro lenguaje, imágenes y metáforas cambian según nuestra identidad y las experiencias e intuiciones que tengamos. Todos hemos oído a niños pequeños describir su idea de Dios y su relación con el misterio divino. Lo mismo ocurre con poetas y escritores espirituales. Pero eso hace la gente de a pie que percibe a Dios trabajando en sus vidas, que lo ve todo como una continuación de la creación y de la encarnación…
Probablemente el mejor don que podemos ofrecer a los demás en espiritualidad es compartir, en nuestro propio lenguaje e imágenes, nuestra experiencia de Dios y nuestras luchas por permanecer fieles a Él.
|
Invocado o no invocado, Dios está presente.
|