También tienes razón, las matemáticas fallan, tenía un profesor de economía quue decía que dos más dos era algo parecido a cuatro.
Yo hablaba de las personas que se sienten solas en compañía, no de las que comparten.
Saludos.
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Carles, por regla matemática, así es, pero… te digo…
Si dos soledades se encuentran, y pueden sentir empatía entre sí, parte de esa soledad propia, se diluye en la soledad ajena, con lo que, no se resta, pero si se comparte. Solo queda una soledad en compañía.
Saludos
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Además, si nos paramos a pensar un poquito, estamos ganando y perdiendo cada dia. Si no sabemos elaborar bien los duelos, nos sentiremos bastante sol@s siempre. Pero se puede aprender a hacerlo.
Y no es nada malo intentar “paliar” la soledad, (tod@s lo hacemos) con algo que nos divierta, amig@s, pareja, mascotas, libros, música…. es lo que hace el ser humano desde que tiene “uso de razón”.
Aunque hay una cosa que “he aprendido”: Cuando se es capaz de estar con un@ mism@, en silencio, disfrutando de la sensación sin sentirse sol@, da igual el lugar o el sitio donde se esté…. es cuando, en realidad (para mí) un@ se ha hecho amig@ de la soledad….
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Perdonad lo largo de la historia, pero quería ilustrar mi comentario con ella. Hace tiempo que la escribí, pero sigue vigente igualmente para lo que quiero decir:
Es cierto que nacemos y morimos solos, y todas las decisiones que tenemos que tomar, parten de nosotr@s mismos en soledad. Pero a ésto, más que soledad, yo lo llamaría “autonomía”. Empezamos a ser autónomos en cuanto nos cortan el cordón umbilibal que nos une a nuestra madre. Aunque ésto que en principio podría ser (y de hecho es una ventaja a nivel físico), por algún motivo a nivel emocional crea un estrés (podría utilizar cualquier otra palabra), que hace que contimuamente estemos necesitando de alguna compañía. Y es que, aunque nuestro cuerpo físico necesita desarrollarse en “soledad” sin depender de otro cuerpo para ello, nuestro cuerpo emocional (espiritual, mental) necesita de la comunicación con sus semejantes para poder desarrollarse armónicamente. Y ésto desde el mismo momento de nacer.
Una pérdida en los primeros años de la vida, puede dar origen a una soledad patológica si no se pudo elaborar adecuadamene el duelo, o no se supo hacer por los adultos que rodearon al/la pequeño/a.
De mayores, es responsabilidad personal elaborar este duelo, para que esa soledad que produce cualquier pérdida, no nos sea demasiado traumática.
sigue…..
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Y ella siempre miraba para arriba, por si la veía, para decirle que bajara, que bajara con ella, que se iba a caer y hacerse daño. Pero nunca la vio para decirle que volviese.
Ya, cuando fue más mayor, supo que su madre se había muerto cuando ella tenía cuatro años.
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Entraron en la casa, y la niña pudo ver lo que había dentro de aquella caja tan grande, y no podía creerlo. Su mamá estaba allí, acostada como si estuviera durmiendo. Pero estaba muy blanca y con el vestido de los domingos. ¿Qué hacía dentro de la caja en vez de estar en su cama?
Su papá la acercó a la cara de su mamá y le dijo que le diera un beso en la frente.
Ella lo hizo, pero no se sintió bien. Estaba fría, y nunca recordaba que la piel de su mamá estuviese tan fría. No le gustó la sensación.
Y después, al dejarla en el suelo, volvió a salir a la calle. Arriba, abajo; abajo arriba. ¡Qué sola estaba! Pensaba.
Vino un coche grande y negro, y sacaron la caja de la casa y la metieron en el coche. Y ahora la caja estaba tapada. Y dentro estaba su mamá. Pero ¿a dónde la llevaban? Ella no quería que se llevasen a su mamá a ninguna parte. Ella quería estar con su mamá. Y quiso subir al coche, detrás de la caja, y empezó a llorar, y no quería quedarse sola. Pero no la dejaron subir. Y alguien la cogió en brazos, y empezó a murmurar:
___¡Pobrecita niña, tan pequeña! Y su madre, tan joven y dejando tres niños, ¡qué va a ser de ellos!
Y el coche se marchó. Y desde entonces la niña está sola. Nunca más volvió a ver a su mamá. Y cada vez que preguntaba por ella, siempre le decían que estaba en el cielo. Pero el cielo estaba muy alto, y se podía caer.
sigue….
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Con sus bracitos rodeó el cuello de su papá, y no supo qué decir.
Para ella, el cielo estaba muy lejos, y no entendía por qué su mamá se habría querido ir allí. Estaba demasiado alto, y se podía caer. Siempre se lo decía su mamá:
___No te subas a los sitios altos, que te puedes caer.
Y ahora su mamá se había ido al cielo que parecía tan lejos, y ella no podría subir, porque siempre le decían que no subiese a los sitios altos.
Detuvo su paseo, y volvió otra vez a mirar hacia la puerta.
En el portal, sobre una mesa habían colocado una enorme caja de madera. Preguntó que para qué era esa caja, pero nadie le supo dar una contestación, solamente la miraban con cara triste, moviendo la cabeza y murmurando:
___Pobrecita! ¡Pobrecitos niños, tan pequeños!
Se sentía sola, y echaba de menos a su mamá. Nunca la dejaba irse a la calle, si no la llevaba de la mano, y ahora había salido sola, y nadie le dijo nada.
No podía entender qué es lo que pasaba, y siguió paseando, arriba abajo; abajo arriba.
Oyó que alguien se detenía a su lado, y miró hacia arriba. Allí estaba su papá, también vestido de negro, como ella. La cogió en brazos y le dijo:
___Ven, vamos a darle un beso a mamá.
sigue….
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Arriba abajo, abajo arrriba. Por la corta acera de la casita blanca, una niña pequeña pasea su tristeza. No tiene más de cuatro años, y ya la vida lle ha dado un duro golpe. Lleva un vestidito negro como la noche, calcetines también negros y zapatos de charol, negros. El pelo recogido en dos coletas con lazos negros. ¿Quién la habrá vestido de un luto tan riguroso? Su abuela quizá, o una de sus tías, o alguna vecina que se prestaría voluntaria para cuidar de ella en aquellos momentos.
Se para un instante en su paseo solitario, y mira hacia la puerta de su casa. No entiende porqué han cambiado su bonito vestido rojo, por este color tan feo. A su hermanito también lo han vestido así. En su casa, entra y sale gente, toda de negro; las mujeres, con velo en la cabeza, la miran al pasar y murmuran entre dientes:
__¡Pobrecita! ¡Pobrecitos niños, tan pequeños! Y mueven la cabeza asintiéndose unas a otras.
Ella vuelve a reanudar su paseo, arriba abajo; abajo arriba. No entiende nada, no sabe qué es lo que está pasando.
Esta mañana, cuando se levantó, su padre se le acercó y dándole un abrazo le dijo:
___Ahora tenemos que ser muy fuertes. Nos hemos quedado solos, tus hermanos, tu y yo.
___Y mamá? Preguntó ella.
Y vio que a su papá le salían lágrimas de los ojos, y muy bajito le decía:
___Mamá se ha ido al cielo…. Y la voz se le quebró.
sigue….
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¡¡¡QUÉ PLACER!!! De veras. No fueron buscadas, pero la cosa desembocó en irme sola unos días de vacaciones, y oye, tan ricamente… A mi ritmo, disfrutando de los paseos, de mis propias excursiones, sin prisas, sin tener que ceder o saber que nadie cede a sus deseos por tí… Pura paz. El único inconveniente es que el reportaje fotográfico queda muy limitado, je,je
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Hola sasu,
Soledad en compañía… de hecho siempre estamos solos ante los hechos importantes de nuestra vida, la compañía no resuelve la soledad interior, ni siendo una compañía excelente. Posiblemente le pidamos demasiado a la compañía que a la vez también se siente sola. creo que lo dije alguna vez, dos personas en soledad, juntas, suman soledad, no restan.
Saludos.
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Como todo en la vida necesita aprenderse,pero lo peor es estar sola en compañia.Primero lo pasas mal ,pero te vas haciendo a la soledad,yo procuro tener el día ocupado intentar hacer actividades,leer(mucho) te llena muchas horas
y pensar poco en la soledad
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Hola kuini
De acuerdo contigo, pero no debe olvdarse nunca que es una mascota, los roles bien definidos.
Conocí a una persona que tenía una silla adaptada a su perro y este comía en la mesa, en un plato, y así era siempre, incluso cuando tenía invitados, de tal manera que dejó de tener invitados y su mascota fue el pasaporte a su nueva soledad. Yo mismo me negué a compartir mesa con el perrito y me fui sin comer otros más delicados de comportamiento consintieron, pero ya no volvieron más.
Y no tengo nada en contra de las mascotas, pero han de ser eso mascotas.
Saludos.
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Las personas mayores, que han pasado por la perdida
de su pareja, pasan por diferentes y difíciles etapas
emocionales que muchas veces afecta su salud o la agrava.
Para estos casos es de ayuda el tener una mascota.
Ella le dará desde el primer día la fuerza para seguir adelante a seguir con su vida,
ahora de una manera diferente y haciendo una profunda
relación con su mascota, no se puede comparar o que
será igual que con su pareja, pero, si será de beneficio
emocional y de salud.
Abrazos.
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Díganme ustedes, tan preocupados parecían los numerosísimos caceroleros por la sovietización de la economía nacional, y ahora, que el cepo se convirtió en cepo+grillete+bozal y el dólar parece estar inmovilizado como Lecter en El Silencio de los Inocentes, no sale ninguno a protestar. Menos mal que no se autodenominaron Autoconvocados por el Dólar, porque ¿cómo le explicás a alguien que, estando autoconvocados, todos aparecen unidos y organizados cual larroquistasdewadistasmayromendozistas para desaparecer de igual manera de un día de paro de Moyano para el otro? Hubieran tenido la decencia, por lo menos, de desaparecer paulatinamente, que el último cacerolazo hubiera sido un fiasco con 12 muchachos con pañuelo al cuello y boina y 21 señoras y señoritas ataviadas en animal print esperando por los verdaderos movileros de la CNN. Pero no, el dólar se criminalizó, se casi oficializó el desdoblamiento cambiario, Aníbal Fernández tuvo que salir a vender dólares para no ser expulsado del Olimpo K, y los caceroleros, después de un par de semanas de no conseguir movilizar a nadie más que a la tía que vino del campo a visitar La Ciudad y a los movileros de 678, a quienes movilizaron hasta el hospital más cercano, desaparecieron como si la tierra los hubiera tragado. No puede ser que estén todos haciendo turismo dolarista: Aerolíneas está prohibido para los chetos porque jamás se subirían a un avión manejado por un marianorecaldista.
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Alicia, cariño, tu estás mu mal. No había oido nunca la utilización de “los pajaritos” a modo de cilicio cerebral. Ten cuidado, puedes acabar con una novela de Corin Tellado mortificandote una pierna.
Persona, es que hoy estoy gracioso.
Un saludo.
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