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Y antes de abrir yo la boca,
Me dijo el perro insolente:
«Pregunta este extraterrestre
Si tú eres mi mascota.»
Allí me quedé anonadado,
Pues Godofredo me habló
En un perfecto español
Y me sentí humillado.
Pues aquel ser repelente,
Que a mi me asustaba mucho,
Se creía que mi chucho
Era el más inteligente.
Y ante mi gran estupor
Me vi sentado en mi cama,
Llena de sudor la sábana,
Sonando el despertador.
Tras la ducha me sentí
Con fuerzas y ya repuesto,
Tomé dos huevos revueltos
Y me dispuse a salir.
Estaba de maravilla
Y me encontraba animado
Habiéndome ya olvidado
De la horrible pesadilla.
Cuando a la puerta llegué
Oí a Godo que decía:
«¡Hola amo; Buenos días!».
Entonces me desmayé.
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