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Buenos días y feliz miércoles amigos.
Como vosotros comparto el placer de despertar con el trino de los pájaros cuando me despierto por la mañana y lo aprecio y disfruto con intensidad porque en la ciudad como sabéis las cosas son bien distintas, por eso cuando estoy aquí en el pueblo me reconcilio con la naturaleza y admiro cada detalle que regala a diario.
Hoy os dejo una descripción de un atardecer en el lago, puede que sea pesada pero es que lo disfruto plenamente casi todas las tardes cuando está solitario y el silencio permite esa relajación que tanto bien nos hace.
ATARDECER.
Amo esos atardeceres color de rosa, cuando el sol se va despidiendo sin prisas tiñendo el azul celeste de dorados, rosas y malvas tan delicados, tan sutilmente bellos que estremecen los ojos sensibles que los observan extasiados a la par que una sensación de paz se instala en el alma agradecida.
Las ánades acallan su alboroto y se van deslizando lánguidamente hacia la isla central del lago que es su seguro cobijo nocturno.
El agua transparentemente limpia e impoluta se deja arrancar brillos de oro que los últimos rayos del día que se acaba le regala con su sencilla pero siempre majestuosa despedida, y yo no puedo por menos que sentirme afortunada de ser una sencilla espectadora ante tanta belleza.
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