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La historia de la primera hija de Cristina es escalofriante, no sólo por el prohibido y amenazado silencio que expresan quienes rozan este hecho, sino por el inquietante significado que representa el abandono de una hija en la situación en que Carolina se encontraría.
¿Qué podría esperarse de una mandataria que se jacta de ser una madre ejemplar y una luchadora de los derechos humanos cuando no podría reconocer ni a su propia hija? ¿Quedaría algo más allá que discursos vacíos de contenido si esto fuera cierto?
Dicen que es mucho más fácil luchar por un ideal que practicarlo, pues muchos argentinos rogarán que esta historia no sea cierta: la perversidad comandando la Argentina hasta podría rozar lo peligroso.
Hipocresía hasta decir basta.
Eliana Toro
SEPRIN
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