 |
Tess movió su pie haciendo un ruido.
Nada.
Se aclaró la garganta con el peor sonido que pudo producir. Nada.
Finalmente, sacó una moneda del frasco y golpeó el mostrador.
“¿Qué deseas?-
le preguntó el farmacéutico en un tono bastante desagradable.
Y le dijo sin esperar respuesta: ”
¿No ves que estoy hablando con mi hermano que acaba de llegar de Chicago y no lo he visto en años?”.
“Bueno, yo también quiero hablarle acerca de mi hermanito,”
le contestó Tess en el mismo tono que usara el farmacéutico.
“Está muy enfermo y quiero comprar un milagro.”
“¿Qué dices?”
dijo el farmacéutico
“Su nombre es Andrew y tiene algo creciéndole dentro de la cabeza y mi padre dice que solo un milagro lo puede salvar.
Así que, ¿cuánto cuesta un milagro?
“Aquí no vendemos milagros, pequeña.
Lo siento pero no te puedo ayudar” le contestó el farmacéutico ahora en un tono más dulce.
“Mire, yo tengo el dinero para pagarlo.
Si no es suficiente, conseguiré el resto.
Solo dígame cuanto cuesta.
|