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| ..Isabel.. | # Posted on 31 diciembre, 2011 at 14:48 |
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No sabía si encender la luz o tomarse un café. Como cada 31 de diciembre decidió hacer balance de su vida en ese año: cincuenta discursos. En el Parlamento, en Nueva York, en un foro internacional, en Chile, en Macao, incluso en un estadio y hasta en una comunidad de vecinos. Pero siempre para otros. Pensaba en eso. Y en el número de langostinos ingeridos en el año, en las tres analíticas para el colesterol, en el número de cigarrillos (anotados en su diario meticulosamente) en los kilos de corbatas adquiridas en mercadillo clandestino y en el total de jornadas en las que granizó: dieciséis. No era mal balance, de hecho el año anterior granizó solamente catorce veces y perdió tres paragüas y dos diéresis. El escritor de discursos encendió un habano falso que resultó ser de Venezuela, eligió un traje negro de entre los diez trajes negros que tenía en el armario y se sentó a repasar el borrador que tenía preparado. Pero no había luz y tampoco café y aún faltaban tres horas para su cita. No importaba, sabía el discurso de memoria. Abundó en el balance vital: tenía más pelo, se le había curado la miopía, rompió con Marta, se lió con una compañera de trabajo tres veces y salió de copas veinte noches en el año. Había echado gasolina cuarenta y seis veces y necesitó entrar a orar en una iglesia en dos ocasiones. Bueno, una. La otra entró porque estaba lloviendo. Aprendió qué significa zurupeto e incluso conoció a uno en un taller de chapa y pintura. |
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