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Si cierras esa herida tu vida queda muerta.
Por eso, sonriendo, haz que siempre esté abierta;
y si un día ella sola se cierra de repente,
tú, con tus propias manos, ábrela nuevamente.
Desdichada alegría que nace del dolor.
De un dolor de la rama también nace la flor.
Pero de esa flor efímera, como todas, se mustia,
y la rama se queda contraída de angustia.
Cada hoja que cae deja el sitio a otra hoja,
y así el amor -resumen de toda paradoja-
renace en cada muerte con vida duradera;
porque decir amor, es decir primavera.
Primavera del alma, primavera florecida
que deja un misterioso perfume en nuestra vida.
Primavera del alma, de perpetuo esplendor,
que convierte en sonrisa la mueca del dolor.
Primavera de ensueño que nos traza un camino
en la intrincada selva donde acecha el destino.
Primavera que canta si el huracán la azota
y que da nuevo aliento tras de cada derrota.
Primavera magnánima, cuyo verdor feliz
rejuvenece el árbol seco hasta la raíz…
Amor es la ley divina de plenitud humana;
dolor que hoy nos agobia y añoramos mañana…
Eso es amor, y amando, también la vida es eso:
¡Dos almas que se duermen a la sombra de beso
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