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Ecuador comparte con la Argentina la huella que deja un movimiento social multiforme y capaz de destituir un gobierno. Acá y allá el “¡Que se vayan todos!” fue una consigna que tomó fuerza en las calles y que logró hacer crujir el sistema político. En Ecuador le costó el cargo al presidente Lucio Gutiérrez (producto fallido, a su vez, de otra destitución: la del presidente anterior, Jamil Mahuad). Fue el movimiento de “los forajidos” el que dejó sembradas las ciudades de asambleas, precedido por una gran dinámica de movilización de los pueblos indígenas. Y aún hoy, con el flamante y popular Rafael Correa, esa consigna-metáfora late como horizonte posible de cualquier acción directa. En el país andino, sin embargo, la dolarización logró imponerse en 2000 (tal como muchos propusieron en nuestro país en plena crisis unos años después).
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