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La posibilidad de una catástrofe nuclear no es lo único que preocupa a los valencianos. Escal UGS, la empresa que lleva a cabo el proyecto Castor, ha sido denunciada por un peligroso lobby: La Asociación Valenciana de Amigos del Maquetismo. Hartos de los temblores que les impiden «vivir a tope su pasión por el minimalismo», los montadores de maquetas se han organizado. Si la actividad sísmica no cesa, amenazan con emprender acciones de protesta violenta, como pegarse los dedos de las manos por accidente, intoxicarse con pintura acrílica o enviar al Parlament millones de reproducciones en miniatura de tanques de la II GM.
En respuesta a las amenazas, Alberto Fabra ha querido dejar claro que no le temblará la mano a la hora de emplear la fuerza: «Vamos a mantener el orden a toda costa. Si hace falta, utilizaré nuestra arma secreta. Algo todavía más potente que la energía nuclear: La energía “nucelar”. ¡N-U-C-E-L-A-R!».
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