 |
Me pregunté por qué mi creador quería quemarme, así que toqué
la puerta del horno y a través de la ventana del horno pude leer los
labios de mi creador que me decía:
Aguanta un poco más, todavía no he terminado.
Finalmente, mi creador me tomó y me puso en una repisa para que
me enfriara.
Así está mucho mejor, me dije a mí misma; pero apenas me había
enfriado un poco, ya me estaba cepillando y pintando.
El olor de la pintura era horrible.
Sentía que me ahogaba.
Por favor detente gritaba yo, pero mi creador sólo movía la
cabeza haciendo un gesto negativo y decía:
Aguanta un poco más, todavía no he terminado.
Por último dejó de pintarme, pero otra vez me metió a otro horno.
No era un horno como el anterior, sino que era mucho más caliente.
Estaba segura que me sofocaría y que acabaría rompiéndome en mil pedazos, le rogué y le imploré que me sacara, grité, lloré, pero mi creador sólo me miraba diciendo:
Aguanta un poco más, todavía no he terminado.
Después de una hora de haber salido del segundo horno, me dio un espejo y me dijo: Mírate, ésta eres tú.
Yo no podía creerlo, esa no podía ser yo.
Lo que veía era realmente hermoso.
|