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¡Que tú no tienes la culpa!
La culpa la tengo yo
por venirme a mi cabeza
recuerdos de ingrato amor
que, ya en tiempos muy lejanos
me dañó mi corazón…
Pues no sé si habré soñado
esta noche en pesadilla,
cuando yo era muy joven
y ella era una chavalilla
presumía, orgulosa y altanera,
pero un día, ¡¡se acabó su primavera!!
R. Villalba.
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