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Efectivamente, la huelga, en este caso la huelga general del día 29 no favorece a nadie, ni la desea nadie, comenzando por los Sindicatos. Sin embargo, la única fuerza que tienen los trabajadores es su capacidad de trabajo. El único patrimonio de los obreros, lo único que pueden ofrecer al mercado global, lo único que venden es su capacidad de trabajo; y cuando esta corre peligro de ser devaluado y tirado por los suelos como pretende la injusta reforma laboral del PP, la reacción más lógica es la huelga general. Lamentable, pero necesaria.
El lamento farisaico de los empresarios no deja de ser una burla obscena cuando el partido en el gobierno, a la hora de diseñar la vergonzosa reforma laboral se ha limitado a seguir el dictado de la patronal.
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