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He venido al jardín,
me he sentado en un banco
–una nave en la sombra
que, aun anclada, navega–
y he cerrado los ojos.
Y en el banco no hay nadie.
Palomas, hombres, ramas,
¿qué miráis en la noche?
¿Qué sueños os despiertan?
Traspasado por nieblas que la luz no atraviesa
el jardín es un sueño donde vuelan los ojos.
Luz detrás de los muros,
luz dentro de los muros.
Hay muros en la luz donde la sombra es libre.
Hay sombras que, trepando, se escapan de la luz.
Cuando una luz se apaga, algo despierta
bruscamente en el pecho.
La luz no nos pregunta.
Lo que queremos ver, nada le importa.
Enciende nuestros ojos, proyecta nuestras sombras
y da cuerpo al silencio.
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