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Para el amor buscado y el perdido,
para el amor huido o el hallado,
ten la ternura fuerte del osado,
ten la dulce fíereza del caído.
Para el amor ínvícto o el vencído,
para aquel evadído o retomado,
ten la ausente presencía del llegado
y el sílencíoso grito del partido.
Así has de estar: tendido y encerrado
— cobarde píel y sangre decídída—
del mismo modo oculto y entregado,
Al mísmo tíempo el dardo que la herída.
Y este juego de amor, tambíen jugado
te llevara las horas, y la vída.
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