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En realidad es algo sumamente atendible: luego de muerto Néstor Kirchner, la Presidenta intenta dar una imagen más bien “apaciguadora” en su cargo como primera magistrada. Sabe que ello genera la confianza social que nunca logró su marido, hombre venal como pocos.
Infinidad de piquetes y movilizaciones promovidas por el propio oficialismo —muchas veces para torcer la voluntad de empresarios que no querían ceder porcentajes de sus paquetes accionarios a los amigos del poder—, restan credibilidad a cualquier palabra de Cristina.
¿Entenderá la mandataria que no se trata de pedir indistintamente presión y/o calma de acuerdo al humor oficial?
Decir una cosa un día y al siguiente proclamar lo contrario, es síntoma de desorden mental; de un estado al que Cristina odia que la asocien: la bipolaridad.
Christian Sanz
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