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Al despertar esta mañana, el conocido cuadro que obsevo a diario ofrecía un aspecto distinto y encantador. La lluvia, la bendita lluvia por fin se decidía a aliviar el calor insoportable de las últimas jornadas, proporcionando una tregua como un pequeño regalo anticipo del cercano otoño.
El mismo paisaje de siempre había adquirido tintes especiales contemplado a través de la cortina de lluvia que caía mansa pero incesantemente ante mis ojos.
Las montañas, los árboles, las casas, todo se veía distinto bajo la pátina húmeda de la fresca lluvia que hacía brillar el pavimento y los tejadfos, mientras por los canalones de los tejados caían los chorros de agua que adornaban al pueblo como cientos de fuentes recien estrenadas.Todo ofrecía un aspecto especial y distinto.
La tierra reseca agradecía el agua exalando ese perfume a tierra mojada que a mi tanto me gusta.
Las nubes grisáceas y oscuras anunciaban un refrescante día de lluvia en agosto.
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