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Murió un caudillo profundamente antidemocrático que, fracasado en su intentona golpista del 4 de febrero de 1992 contra el presidente democrático Carlos Andrés Pérez (intentona que dejó un saldo de más de 20 muertos y decenas de heridos), entendió que la democracia debía ser destruida desde adentro.
En 1999, habiendo obtenido el poder mediante formas democráticas, Hugo Chávez activó entonces su plan para fagocitar la democracia desde su interior,
socavando la independencia de poderes;
destituyendo caprichosamente a incontables jueces y colocando a dedo a otros que le fueran funcionales;
controlando celosamente la Asamblea General;
obstaculizando el actuar de la oposición;
violentando la libertad de expresión a niveles insoportables, y
destruyendo instituciones vitales para el funcionamiento sano de toda democracia
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