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El ser humano tiene un proceso de vida similar a la de la rosas.
Se nos va la juventud con el mismo sentimiento que una rosa pierde su encanto.
Tenemos brillo propio cuando somos capullos y queremos llegar arriba, a lo más alto, a lo sublime. Buscado tocar con las manos las puertas doradas del cielo.
Nos sentimos fuertes y bellos cuando estamos en la plenitud, es entonces cuando nos volvemos arrogantes y bastante estúpidos.
Igual le ocurre a las rosas en le jardín, no le gustan pasar desapercibidas, quieren resaltar sobre todos sus compañeros, que las vean bonitas y hermosas, siempre despertando admiración.
Perdemos nuestra entereza cuando nuestros pétalos empiezan a marchitase y vemos aparecer las arrugas en nuestro cuerpo. En ese momento nos volvemos más volubles.
Resignados, agachamos las cabezas, (semejante a nuestras amigas las rosas) cuando se nos va nuestra luz y se evaporan todas nuestras fragancias, entonces vemos aparecen las sombras grises de las soledad, las de aquellas soledades que son menos queridas y odiadas.
Pero el caso de las rosas, tienen un final mucho más triste.
Sí, con toda seguridad.
¡La de la tijera del jardinero!
Feliz Lunes para todos.
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