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Llega la primavera a esta Europa rica y asustada. La tierra de los grandes monumentos, de las lujosas capitales, de la periferia miserable, se cubre de flores y la vida explota en color, en sonido, en su pasión por vivir y gozar.
Claro, nuestras conciencias no pueden desprenderse del dolor de los países en guerra como Siria; de la miseria y el hambre como Somalía. Pero la conciencia se apacigua con un poco de olvido. Somos tan frágiles!
Y nadie tiene las respuestas. Al menos depositemos la palabra como si fuera un conjuro más no sea para tener la ilusión de que el mundo puede ser mejor.
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