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El río, perezosa cinta, regato apenas, es un chorrito que parece padecer hipertrofia prostática y sa saltos cortos, increiblemente cortos y espaciados.
Unas ranas croan allá lejos, con el sonido alentador de la soledad.
A pesar de la temperatura florecen las acacias y su intenso
olor embriaga, extendiéndose a distancia. Hay más variedades de árboles, que desconozco.
Lo que no desconozco es su nombra en la que los brochazos del sol, que logran callarla. trenzan inimitables arabescos. Río y malecón están cubiertos con verde manteleta sugestiva.
La Iglesia de San Juan y el parque, sin solución de continuidad, se entroncan.. Oración y flores. Sonidos de campanas y fragantes ecos en todo acordes, como si una batuta invisible llevase el compás logrado del encanto.. Espíritu y espíritu. Alma dos veces, con resonancias que imposibilitan conocer donde una acaba y la otra comienza. Paz y entusiasmo derivando en éxtasis. Sol que se oculta que noche preludia.. Así luz y sombra en íntima conjunción un solo instante. ¿por qué no se hará eternidad cada momento agradable?.
La encalada blancura de las casas (las pocas que van quedando así), que son el rostro limpio y alegre del panorama manchego con resonancias de arrullo, apenas se percibe.
Continúa
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