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Se levanta la Aurora
despacio en la mañana.
Con sus dedos de pétalo
descubre el blanco lecho, se alza
sobre el inmenso vano añil
del universo.
Ellos elevan la mirada
a su desnudo de planeta
sin distinguir el pliegue
ni el lunar diminuto,
si acaso alguna estrella
temblando entre las nubes:
El ojo de la llave
no muestra el horizonte.
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