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Señor,
ve junto a Nita,
acompáñala en estos momentos difíciles.
Ayúdala a tener paz en medio del dolor,
de la tristeza, de la soledad sentida,
aunque esté rodeada de sus seres queridos.
Concédele la paz cuando el sueño
la abandone por las noche.
No la dejes sola cuando piense
en lo que pueda ocurrir y tenga miedo,
angustia o desconcierto.
Tú, Señor, experimentaste la angustia en Getsemaní
Enséñale a comprender que ningún mal puede llegar
a destruir la esperanza, la confianza, las ganas de amar.
Enséñale a sentir, incluso en estos momentos tan difíciles
que no puede ser siempre fuente de gozo,
de paz, de vida plena.
Porque tú, Señor, has dicho:
“Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprender de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera”.
(Mt 11, 28,30).
¡¡Un beso y un abrazo querida Nita!!
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