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Roubakhine, quien ofrece sus servicios como experto en espionaje industrial —una actividad de dudosa cualidad ética—, fue subdirector de Desarrollo en Fabricaciones Militares durante el gobierno de Carlos Menem.
¿Cómo es posible que con esos antecedentes González Anún pueda ostentar un contrato en el Ministerio de Justicia? Imposible saberlo.
Si a la presente revelación se suman los incipientes vínculos de Aníbal Ibarra con James, la nunca explicada participación del espía Hugo Álvarez, perteneciente a la Secretaría de Inteligencia, en la trama —fue quien hizo la denuncia anónima sobre las escuchas ilegales— y las profusas visitas de Sergio Burstein a Aníbal Fernández, los hechos dejan de ser meras “casualidades permanentes” y comienzan a trocar en piezas de un rompecabezas que, cuando termine de armarse, terminará implosionando en el seno del propio Gobierno.
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