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Las expropiaciones de los yacimientos petrolíferos de YPF se celebran como verdaderas fiestas populares orquestadas por los gobernadores de las provincias en una secuencia tragicómica con poco pan y mucho circo. Cristina Fernández ha hecho caso omiso a los reclamos de colaboración que le ofreció hace un par de semanas Don Juan Carlos cuando la presidenta argentina tuvo finalmente a bien devolver la llamada al Jefe del Estado español. El ministro de Industria, José Manuel Soria, ha quedado no menos desairado tras su patética entrevista con las autoridades del país y nuestras empresas se sienten atrapadas, con las tarifas congeladas y los dividendos embargados. Argentina es ahora un inmenso corralito para todo hijo de «gallego» que aspire a defender la marca España. O hay un arreglo rápido o mejor salir corriendo.
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