|
Crujen las hojas secas
al paso del camino
en alfombra tupida
del otoño vencido.
Cae una lluvia helada
que brilla en cristalino
los ocres y dorados
se vuelven anodinos.
Rugen las altas olas
cuando el mar es bravío
y te envuelve la niebla
y por dentro sientes frío.
Graznan las gaviotas
bajo un cielo plomizo
y una tristenza densa
se adueña del camino
de la orilla del puerto
de barcos ya dormidos.
|