 |
El alba lo sorprende y le espanta las musas
Soplos y susurros que aletean a su alrededor.
Forman las palabras círculos concéntricos
Para incitar su ingenio,
Van y vienen, cual cardumen huidizo,
O juegan con gracia sobre su séptimo chacra.
Alertas a la red o el arpón
Que puede apresarlas,
Se alejan del día que despunta
Burlándose de la nada
Que se ha mudado a la cabeza
Del poeta insomne.
La espera impaciente
Fertiliza sus neuronas,
Alimenta con sangre y deletreos
Las horas interminables
Que lo separan de la abundancia ilustrada.
La oscuridad se anuncia,
Las agujas se paralizan
Dentro de la bóveda celeste
Punteada de constelaciones maravillosas
Que sugieren historias y nombres
A la mente hambrienta
De la insaciable dulzura.
La medianoche es la obertura
Del concierto literario.
Su batuta, la pluma, marca el compás
De las mareas y corrientes
Que traerán de vuelta a
Las hadas marinas.
Plancton brillante
Bajo la luz de la luna,
Resplandecen los versos
Debajo de la oscura quietud del alma.
Chipas, saltos, volteretas,
Inmersiones, burbujas, rocío.
Agita sus brazos el compositor,
Anémona de tentáculos flácidos.
Abre su plexo
Con la vana intención de atraer
La abundancia lírica que navega
Cercana, frente a sus ojos.
(sigue)
|