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Pero no sólo eso. Los estereotipos afectan a forma como damos créditos a las personas por el trabajo realizado, ya que probablemente, aunque el trabajo haya sido efectuado mayoritariamente por mujeres, se le dará crédito más a los hombres.
Madeleine Heilman también apuntó al hecho de que la ambigüedad con la que se evalúa el trabajo y las condiciones de las profesionales, a veces son subjetivos –es carismático- y atentan contra las mujeres.
“Si se pretende poner en duda (las expectativas) la competencia de la mujer debe ser rotunda, clara y sin ambigüedades”, dijo la especialista, quien añadió que, desgraciadamente, cuando la mujer alcanza el éxito se considera que ha trasgredido las normas prescritas para su género.
Finalmente, las gerentes terminan siendo amargadas, irascibles, egoístas, engañosas, descarriadas y manipuladoras. O sea, se les sanciona por su éxito porque no se compartan como deberían.
Un cuento de nunca acabar.
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