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GÉNESIS 2,16. Mandó Yahvé al hombre, diciendo: De cualquier árbol del jardín puedes comer. Mas del árbol del conocimiento del bien y del mal, no comerás; porque el día en que comieres de él, morirás sin remedio. Entonces dijo Yahvé: No es bueno que el hombre esté solo; le haré una ayuda semejante a él.
Obsérvese que Eva nada sabía de la prohibición, pues Yahvé hizo la advertencia a Adán antes de la creación de la mujer; no obstante, castigó a la mujer con los dolores del parto, y al hombre lo castigó con algo tan normal y lógico como que tendría que trabajar para conseguir alimento hasta el día de su muerte. No hay más que imaginarse a una humanidad de miles de millones de seres alimentándose sin dar golpe; quizá esa fuera la máxima aspiración del autor judío -sacerdote para más señas-, poco predispuesto al duro trabajo agrícola.
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