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El fenómeno del odio a Cristina es algo que tiene una densidad que en este escrito se desnuda. Este odio no está entroncado en forma directa ni con la economía, ni con el dolar, ni con la inflación, sino con el ser demasiado K, es decir, demasiado desobediente. Mientras una Angela Merkel se viste con trajecito celeste y gana su tercera elección y nadie la tilda de hambrienta de poder, Cristina se pone calzas. ¿Calzas? Eso es insoportable para la soberbia machista, de hombres y mujeres. ¿Quién es esta? Basta, ya no se soporta más. No por nada el kirchnerismo perdería estas elecciones, teniendo enfrente a un ser tan repugnantemente machista como Duhalde y su obediente señora. Pero no es solo Duhalde y sra. sino una gran parte de la sociedad que no soporta tampoco que sea una mujer la que se atreva a mover el tablero de los hombres.
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