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Existe una vieja historia acerca de un joven cazador elegante y hermoso, quien hirió a una gama y luego la persiguió por toda la selva. Estaba cansado y decidió descansar debajo de una decadente pared que encontró en un remoto lugar de la ladera.
En la pared encontró una paloma temblorosa que no podía volar porque estaba herida.
Una lustrosa línea de sangre manchó la blancura de sus plumas. El joven cazador sintió lástima por ella y deseaba curar su herida, pero no sabía que hacer…
La paloma le dijo: Buen señor Caballero, puede curarme si realmente lo desea, concédame una mecha de su cabello y cubra mi herida con ella. El sacó su afilado cuchillo y sin pensarlo dos veces cortó una mecha de sus cabellos e hizo lo que la paloma le había dicho.
Milagrosamente la sangre desapareció y la herida cerró.
Antes de volar hacia lo lejos la paloma dijo al joven cazador:
Señor Caballero, yo soy el venado que usted hirió y la paloma que usted sanó…Nunca sea el primero en herir, si no quiere ser herido.
Sea el primero en amar si quiere ser amado.
La paloma poseía poderes mágicos y como muestra de su gratitud, le dio el poder de sanar heridas con sus cabellos y le llamó “Madreselva”.
(autor desconocido)
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